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Caminos Cruzados

Электронная книга - «Caminos Cruzados». Краткое содержание книги:

Un matrimonio de un pueblecito mexicano aparece brutalmente asesinado en su propia casa. Nadie puede hacerse a la idea de que estas cosas que suceden normalmente en la capital hayan acabado pasando en la tranquila población y menos que nadie el encargado de la investigación policial, Carvajal. Es entonces cuando aparece la agente de la policial federal, Marcia de Valcarcel, que informa a Carvajal de que el crimen se corresponde con el modus operandi de un asesino en serie al que hace bastante que persigue y al que ha apodado Calígula.
Por otro lado, en un pueblo cercano aparece una anciana con el cuello roto y con la caja fuerte donde guardaba sus joyas desvalijada. En esta ocasión es el teniente Arturo Palacios quien irá detrás del asesino «mataviejitas».
Las historias de las dos investigaciones se van entretejiendo con agilidad en la novela que resultó ganadora del Premio Internacional de Novela Negra L'H Confidencial 2010. En palabras del jurado «destaca el buen ritmo narrativo y la buena dosificación de ingredientes de la historia, que convierten Caminos cruzados en una novela ágil y con unos hilos argumentales bien trabados, que aseguran el interés de la historia hasta la última página».
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El 2 de noviembre, se acercó a Dorothy Benke, de 78 años, residente en Lane Cove, cuando ella caminaba hacia su casa, por una tranquila calle interior, Longueville Road, a unos diez kilómetros de Mosman. Glover se puso a conversar con ella y le ofreció llevarle los paquetes de la compra. A pesar de que los medios de comunicación avisaban sobre un asesino serial que mataba ancianas, ella le invitó a tomar té en su casa. Glover no aceptó y se alejó sin intentar nada.

Al meterse al callejón que comunicaba la calle interior con la principal, se encontró a otra mujer, que también llevaba paquetes de la compra: Margaret Pahud, de 85 años. Le golpeó en la nuca con un objeto plano; luego le volvió a pegar en una sien. Glover le quitó el bolso y se marchó. Nadie fue testigo de la agresión; pasaron varios minutos hasta que una estudiante pasó por allí. Le pareció que se trataba de un montón de ropa hasta que se acercó. Como la Policía y una ambulancia se acercaban, Glover arrojó el contenido del bolso en un club de golf. Luego fue al bar de costumbre a gastar los trescientos dólares de la mujer.

Al día siguiente, Olive Cleveland, de 81 años, fue la cuarta víctima mortal del ya conocido como «Mataabuelas» (Granny Killer). Entabló una conversación con la mujer, que estaba sentada en un banco fuera del asilo Wesley Gardens, en el barrio de Belrose, cerca de Mosman, donde ella residía. La mujer debió de sospechar algo, porque abandonó el lugar y se dirigió hacia el edificio principal del retiro. Él la agarró por detrás y la llevó hacia una apartada vereda del jardín. Allí, golpeó repetidas veces su cabeza contra el suelo, le quitó las medias y las enrolló en su cuello. Luego le sacó el dinero del bolso, unos sesenta dólares, pero no se lo llevó.

El Gobierno ya había ofrecido una recompensa por la captura del Mataabuelas, que subió de 100.000 dólares australianos a 200.000. En Navidad, ya eran 250.000.

El 23 de noviembre, Glover estaba sentado en el hotel Buena Vista, en Middle Head Road, Mosman, cuando vio a Muriel Falconer, viuda de 93 años, que paseaba por la acera de enfrente. Él fue a su auto, sacó un martillo y los guantes, y siguió a la mujer hasta su casa en Muston Street. Cuando la anciana, medio ciega y sorda, abrió la puerta, él le puso la mano alrededor de su boca, a la vez que le pegaba repetidamente con el martillo en la cabeza y en el cuello. Cuando Muriel cayó al suelo, el asesino le quitó las medias. Milagrosamente, aunque le golpeó mucho, la mujer comenzó a gritar pidiendo ayuda. Por ello, Glover le aporreó nuevamente con el martillo, hasta que comprobó que estaba muerta. El homicida revisó el bolso y la casa, en busca de algo valioso. Tan solo consiguió encontrar cien dólares australianos. Después se marchó.

El homicidio fue descubierto la tarde del día siguiente, cuando un vecino entró en la casa, usando una llave de repuesto. Afortunadamente para los investigadores, la escena del crimen estaba intacta, ya que en todos los casos acontecidos en la calle, los vecinos retiraban los cuerpos de las ancianas y limpiaban el suelo, lo que hacía que las posibles pruebas se esfumaran. Pero en la casa había unas huellas de zapatos en la sangre.

El 11 de enero de 1990, Glover visitó el hospital Greenwich, en River Road, Greenwich, en su recorrido para vender tartas. Llevaba su uniforme de la empresa y una carpeta para anotar los pedidos. Entró en la Unidad de Cuidados Intensivos, donde había cuatro pacientes, mujeres de edad avanzada. Una de ellas era Daisy Roberts, de 82 años. Glover le preguntó si había perdido el calentador de cuerpo. Le levantó el camisón, y la tocó de forma indecente. La mujer se asustó y pidió ayuda. Una monja acudió en su auxilio y se encontró con Glover. El vendedor salió apresuradamente de allí, pero la monja vio el número de matrícula y se lo reportó a la policía.

No hacía mucha falta, puesto que los empleados del hospital conocían a Glover, porque iba frecuentemente a vender «pies». Una semana después, unos agentes regresaron con una fotografía del hombre, que la enferma y la monja identificaron. Pero este incidente no fue relacionado con los asesinatos, por lo que no lo comunicaron al grupo que buscaba al Mataabuelas hasta tres semanas más tarde.

Los detectives contactaron con Glover y le pidieron que acudiera a la comisaría al día siguiente. Pero él no se presentó y la policía fue a su casa. La esposa les dijo que él había intentado suicidarse con una sobredosis y que estaba internado en el hospital Royal North Shore. Los agentes fueron al hospital, pero no pudieron entrevistarlo; solamente le tomaron una fotografía, que le mostraron a la monja.

Pasaron dos semanas hasta que los detectives que buscaban al asesino supieron que Glover era su hombre, aunque no tenían prueba alguna. Por tanto, ya que lo que había hecho en el hospital Greenwich no era tan grave, le pusieron vigilancia las 24 horas. La Policía estaba segura de que él era el Mataabuelas, porque correspondía a la descripción.

El 19 de marzo de 1990, John Glover mató a su sexta y última víctima, una divorciada de sesenta años, llamada Joan Sinclair, con quien tuvo una relación de meses, algún tiempo atrás, en Beauty Point. La policía los siguió a casa de ella, adonde fueron a las diez de la mañana. Tres horas más tarde, Glover aún no había salido ni había movimiento alguno en el interior. Pasaron cuatro horas más. Entonces los policías pidieron permiso para entrar; una hora más tarde se les concedió. Un agente llamó a la puerta principal, pero no recibió respuesta. Miró por la ventana y vio un martillo en un charco de sangre sobre una alfombra. Los detectives entraron en la casa y hallaron a Joan Sinclair con la cabeza envuelta en toallas empapadas de sangre. Estaba desnuda y tenía una media alrededor del cuello.

La Policía corrió a casa de Glover, al que encontraron en una bañera llena de agua, desvanecido. Había tomado un puñado de pastillas de Valium y una botella de Vat 69, se cortó las muñecas y se metió en la bañera para morir.

Su juicio comenzó el 28 de marzo de 1990 y se declaró inocente de los crímenes porque no estaba consciente de lo que hacía. Un psiquiatra declaró que su agresión provenía de la hostilidad contra su madre, y después contra su suegra. Pero el fiscal refutó tal argumento, ya que él tenía a Glover por un hombre mentalmente sano y dueño de sus emociones, además de inteligente, pues asfixiarlas con las medias y desnudarlas era un truco para hacer creer a la Policía que el homicidio tenía tintes sexuales. Glover era impotente, y su único móvil era el dinero, que empleaba para ir a un bar a beber y jugar con máquinas de póker.

Le condenaron a cadena perpetua, sin posibilidad de revisión y posible reducción o cambio de pena.

Además de las personas citadas, hubo otras nueve que posiblemente fueron atacadas por él, ya que el modus operandi de las agresiones coincide. De dos de ellas no se conoce la identidad. Las otras siete son:

Elsie Boyes, 63 años, en Prahran (el 3 de junio de 1967).

Emmie May Anderson, 78 años, en East Melbourne (el 19 de octubre de 1961).

Irene Kiddle, 61 años, en Saint Kilda (el 22 de marzo de 1963).

Christina Yankos, 63 años, en Albert Park (el 9 de abril de 1968).

Florence Broadhurst, 78 años, en Paddington (el 16 de octubre de 1977).

Josephine McDonald, 72 años, en Ettalong (el 29 de agosto de 1984).

Wanda Amundsen, 83 años, en Umina (el 21 de noviembre de 1986)

Gary Leon Ridgway

El Asesino de Green River (Estados Unidos)

Gary Leon Ridgway conocido como el Asesino de Green River (Río Verde), mató, en un periodo de veintiún años, a cuarenta y ocho mujeres, y se sospecha que posiblemente a otras siete, cuyos cuerpos no han sido encontrados. Es el más prolífico asesino serial en la historia de Estados Unidos, al menos comprobado, ya que en otros casos, como en el de la pareja Lucas-Toole, no se demostraron tantos asesinatos como confesaron.

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