El Dragón renacido
- Автор: Джордан Роберт
- Серия: La Rueda del Tiempo #3
- Год: 2005
- Язык: испанский
- Переводчик: Mila Lopez Diaz-Guerra
- Жанр: Эпическое фэнтези
Электронная книга - «El Dragón renacido». Краткое содержание книги:
Аннотация
El Dragón Renacido, el profético adalid que ha de salvar al mundo, el libertador que enloquecerá y matará a todos sus seres queridos, ha iniciado una carrera para huir de su destino.Rand al Thor es capaz de entrar en contacto con el Poder Unico, pero no puede controlarlo, ni tiene a nadie que le enseñe a hacerlo, pues ningún hombre lo ha conseguido desde hace tres mil años. Tiene la certidumbre que ha de enfrentarse al Oscuro, pero ¿cómo?
Perrin Aybara va en busca de Rand, acompañado por Moraine Sedai, su Guardián, Lan, y Olial el Ogier. Acosado por extraños sueños, Perrin afronta otro problema insoluble: ¿cómo eludir la pérdida de su propia condición humana? Por su parte, Egwene, Elayne y Nynaeve se aproximan a Tar Valon, el lugar donde Mat será curado... si aún sigue vivo al llegar allí. Sin embargo, ¿quién comunicará a la Amyrlin la noticia de que el Ajah Negro existe realmente?
Y en el Corazón de la Ciudadela aguarda la próxima gran prueba a la que debe someterse el Dragón Renacido...
Nynaeve permaneció quieta, tirándose de la trenza y sin decir palabra. Finalmente, superó aquel estado de rigidez.
—No lo eres, ¿verdad? Yo misma he dicho que eras una mujer, pero supongo que, en el fondo, no acababa de creerlo. Muchacha… No, mujer. Mujer, espero que te des cuenta de que acabas de saltar dentro de un caldero conmigo y que de un momento a otro pueden encender el fuego.
—Lo sé. —Egwene se sintió orgullosa de que apenas le temblara la voz.
La Amyrlin sonrió, complacida, pero en sus azules ojos había algo que hizo sospechar a Egwene que ella ya sabía antes qué decisión tomarían. Por un instante, volvió a notar en los brazos y en las piernas los hilos de marioneta.
—Verin… —La Amyrlin titubeó y luego murmuró medio para sí—: Si he de confiar en alguien, tanto da que sea ella. A estas alturas sabe tanto como yo, si no más. —Su voz cobró vigor—. Verin os dirá todo cuanto se conoce acerca de Liandrin y las otras, y también os dará una lista de los ter’angreal que se llevaron y de sus aplicaciones. De los que tenemos identificados. En cuanto a la posibilidad de que todavía haya alguien del Ajah Negro en la Torre… Escuchad, observad y sed muy cuidadosas en vuestras preguntas. Sed como los ratones. Si tenéis la más mínima sospecha, informadme de ella. Yo misma vendré a veros de vez en cuando. Nadie lo considerará extraño, teniendo en cuenta los motivos por los que recibís castigo. Podréis ponerme al corriente en tales ocasiones. Recordad que no se han arredrado ante la idea de asesinar a alguien. Podrían volver a hacerlo.
—Eso está muy bien —objetó Nynaeve—, pero nosotras todavía seremos Aceptadas, y las mujeres a las que vamos a seguir la pista son Aes Sedai. Cualquier hermana puede mandarnos a ocuparnos de nuestros asuntos o hacer su propia colada, y nosotras no tendremos más remedio que obedecer. Hay sitios donde se supone que no debe ir una Aceptada y cosas que no se espera que haga. Luz, si tuviéramos la certeza de que una hermana es del Ajah Negro, podría ordenar a los guardias que nos encerraran en nuestras habitaciones, y ellos así lo harían. En ningún caso prevalecería nuestra palabra sobre la de una Aes Sedai.
—Globalmente —reconoció la Amyrlin—, debéis trabajar dentro de las limitaciones propias de las Aceptadas, con objeto de que nadie sospeche de vosotras, pero… —Abrió la caja negra que había en la mesa, vaciló y miró a las otras dos mujeres como si no acabara de decidirse y luego sacó varios rígidos papeles doblados. Los observó, volvió a dudar y al fin eligió dos. Devolvió los demás a la caja y tendió aquellos dos a Egwene y Nynaeve—. Mantenedlos bien ocultos. Son sólo para casos de emergencia.
Egwene desplegó el grueso papel. Había algo escrito con nítida letra redondeada y estaba sellado con la Llama Blanca de Tar Valon:
«Lo que hace el portador de este documento lo hace bajo mis órdenes y mi autoridad. Obedeced y guardad silencio, siguiendo mi mandato».