Proteo desencadenado [Proteus Unbound - es]
- Автор: Шеффилд Чарльз
- Год: 1996
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 978-84-406-6480-8
- Переводчик: Rafael Marin
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Proteo desencadenado [Proteus Unbound - es]». Краткое содержание книги:
Mientras investiga proyectos de apariencia siniestra, Wolf encuentra pistas que lo conducen al mensaje legado hace millones de años por una especie extraterrestre. Más tarde, la recurrente imagen mental de un misterioso Bailarín le llevará a enfrentarse con los rebeldes que, desde el espacio exterior, se oponen al poder de la Tierra. Razones más que suficientes para replantear lo que significa ser humano precisamente en una época en la cual los humanos adquieren cualquier forma física si lo desean y cuando el nuevo Test de Humanidad resulta esencial para identificar a los miembros de la propia especie.
—Sí, por supuesto. Pero si por casualidad cambia de opinión… —dijo Manx mientras Bey se dirigía hacia el ascensor—. ¡Estaré aquí, en la Tierra, dos días más! Llámeme, a cualquier hora.
Pero Bey ya no podía oírle. La pregunta final sobre Mary le había afectado más de lo debido. ¿Lo había superado, o no? ¿Rechazaría un problema potencialmente fascinante sólo porque podría verse obligado a ver a Mary con el hombre que había elegido en vez de a él?
Ignoró el acelerado trayecto hasta la superficie, ignoró las aglomeraciones vespertinas que le empujaban desde las aceras. La invitación a cenar de Manx no se había cumplido, pero en cualquier caso Bey había perdido el apetito. Saltó peligrosamente de un carril veloz a otro lento, dejó la acera móvil y corrió a su apartamento. Cogió al azar un cubo de proyección del archivo (todos eran de Mary, había poca diferencia), y se sentó a verlo.
Como era de prever, se trataba del que más odiaba, pero también del que más veces había visto. Mary en un musical de aficionados, vestida con una larga túnica, gorra y parasol, y cantando con la dulce vocecita artificial de una niña pequeña: «Déjalo ir, deja que tarde, déjalo hundirse o déjalo nadar. No le importo, y no me importa. Puede irse y encontrar a otra, y espero que se lo pase bien, porque yo voy a casarme con un chico más guapo.»
Bey sintió que su corazón se marchitaba por dentro mientras observaba. En ella no se había ajado nada: dolía tanto como siempre. Extendía la mano para cortar el cubo cuando la recatada figura de Mary Walton ondeó y se oscureció. Una nueva escena se superpuso a la antigua y familiar.
El Bailarín. Retorciéndose y cruzando la imagen, abiertas las piernas forradas de rojo. Se detuvo en el centro, saludó a Bey y entonó una cancioncilla que casi pudo comprender. Entonces se marchó, patinando hacia atrás hasta perderse en la distancia, la cabeza bamboleándose y las manos agitándose alegremente.
¡El Bailarín… incluso aquí! En mitad de una secuencia que Bey había grabado personalmente cuatro años atrás. ¿Cómo podía haber cambiado nadie esa grabación? Bey volvió la proyección al principio, y se obligó a verla de nuevo. Esta vez no apareció ningún Bailarín. Fue Mary todo el tiempo, hasta aquella intolerable línea final en que se colocaba el parasol al hombro y decía adiós con la mano.
Bey siguió mirando hasta el amargo final. Entonces se dirigió a la unidad de comunicaciones y llamó a Leo Manx.
4
Todos los sistemas aislados se vuelven menos ordenados cuando se los deja solos.