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Recuerdos del futuro [Flashforward - es]

Электронная книга - «Recuerdos del futuro [Flashforward - es]». Краткое содержание книги:

Recuerdos del futuro es la historia de un asombroso descubrimiento en las instalaciones del CERN en Suiza. El equipo de investigación de Lloyd Simcoe y Theo Procopides está empleando el acelerador de partículas del laboratorio para buscar el esquivo bosón de Higgs, una partícula subatómica teórica. Pero su experimento sale terriblemente mal y, durante unos instantes, la conciencia de toda la raza humana es arrojada veinte años hacia el futuro.
Mientras la humanidad debe restañar los catastróficos efectos inmediatos del experimento (miles resultan muertos o heridos cuando el cuerpo de todos los hombres y mujeres queda inconsciente en el presente), las implicaciones más serias tardan algo en aparecer. Aquellos que no recibieron visión del porvenir tratan de descubrir cómo morirán, mientras que otros buscan a sus futuros amantes. Lloyd deberá superar la culpabilidad de haber provocado accidentalmente la muerte de la hija de su prometida, mientras Theo se ve atrapado en la investigación de su propio asesinato.
A medida que las verdaderas consecuencias de lo sucedido comienzan a hacerse claras, la presión para repetir el experimento aumenta sin cesar. Todos quieren un destello del futuro, una oportunidad para saltar y ser testigo de su éxito... o para aprender a evitar sus errores.
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—Le ahorraré la pregunta —dijo Cheung—. Carezco del gen del Alzheimer. Me sorprendí tanto como usted al pensar que estaría vivo dentro de veintiún años, y estoy tan atónito como usted al saber que yo, que he llevado una vida plena, sobreviviré a alguien tan joven como usted.

—¿De verdad nació el veintinueve de febrero?

—Sí, pero no es un atributo precisamente único; somos unos cinco millones los que compartimos esa fecha.

Theo consideró aquel dato.

—Entonces ese hombre le dijo “Se nos ha adelantado”. ¿Qué dijo usted después de eso?

—Le respondí, y de nuevo le ruego disculpe mis palabras, “No pasa nada”.

Theo frunció el ceño.

—Y entonces —siguió Cheung— añadí: “¿Quién es el siguiente?”, a lo que mi socio respondió “Korolov”. Korolov, que supongo que será K-O-R-O-L-O-V. Un nombre ruso, ¿no? ¿Significa algo para usted?

Theo negó con la cabeza.

—No. Entonces, usted iba… ¿va a eliminar también a Korolov?

—Es una interpretación evidente, sí. Pero no tengo ni idea de quién podría ser, ni si es un hombre o una mujer.

—Hombre.

—Creí haber oído que no conocía a esa persona.

—Y así es, pero Korolov es un apellido masculino. Los apellidos de mujeres en Rusia terminan en -ova, y los de hombre en -ov.

—Ah. En cualquier caso, cuando el hombre al que hablaba dijo “Korolov”, yo respondí: “Bueno, no puede haber nadie más tras él”, y mi socio respondió, “No hay por qué ser aprensivo, Ubu”. Ubu es un mote que sólo permito a los amigos íntimos, aunque, como dije, aún no he conocido a ese hombre. “No hay por qué ser aprensivo, Ubu”, dijo. “El tipo que se cargó a Procopides no puede estar interesado en Korolov”. Y entonces yo dije: “Muy bien. Encárgate de ello, Darryl”, lo que supongo que es el nombre de mi interlocutor. Abrió la boca para hablar de nuevo, pero de repente me vi aquí, de vuelta en 2009.

—¿Eso es todo cuanto sabe? ¿Que usted y un hombre llamado Darryl se dedicarán a matar gente, incluyéndome a mí y a alguien llamado Korolov, pero que alguien más, un hombre sin planes contra Korolov, me matará primero?

Cheung se encogió de hombros a modo de disculpa, pero Theo no sabía si por los frustrantes agujeros en la información o por el hecho de que un día, al parecer, querría verlo muerto.

—Así es.

—Ese Darryl… ¿tenía pinta de boxeador? Ya sabe, un luchador.

—No, yo diría que era demasiado grueso como para ser un atleta.

Theo se recostó en el sofá, confundido.

—Gracias por informarme —dijo al fin.

—Era lo menos que podía hacer —respondió Cheung. Se detuvo un instante, como si valorara la prudencia de decir algo más—. El alma nos habla de vida inmortal, Dr. Procopides, pero la religión sólo de recompensas. Sospecho que le aguardan grandes cosas, y que usted recibirá la recompensa adecuada; pero sólo, por supuesto, si logra mantenerse con vida el tiempo suficiente. Hágase un favor, háganos un favor a los dos, y no renuncie a su búsqueda.

24

Theo regresó a Nueva York y le relató a Lloyd su encuentro con Cheung. El canadiense se quedó tan perplejo como Theo ante la información recibida. Los dos permanecieron en la ciudad ocho días más, mientras las Naciones Unidas seguían debatiendo de forma acalorada su propuesta.

China estaba a favor de la moción que autorizaba la repetición de los experimentos. Aunque ya estaba claro que el futuro no era fijo, el hecho de que durante las primeras visiones el gobierno totalitario chino siguiera allí con su mano de hierro había hecho mucho por acallar a los disidentes internos. Para China, aquel era un asunto capital. Sólo había dos versiones posibles del futuro: la continuación o no de la dictadura comunista. Las primeras visiones apuntaban a la primera opción. Si las segundas lo corroboraban, si a pesar de la maleabilidad del futuro el Comunismo no sería derribado, el espíritu disidente quedaría hecho trizas: un ejemplo perfecto de lo que el New York Times había llamado, en un chiste de gusto cuestionable, “taking a Dim view of the future”[1], en honor de Dimitrios Procopides, quien, roto su espíritu por lo que había visto en su porvenir, dio todo cuanto tenía para cambiarlo.

¿Y si las segundas visiones mostraban que el Comunismo había caído? Entonces China no estaría peor que antes del primer salto al futuro, con su destino en cuestión. Era una jugada que, desde el punto de vista de Pekín, merecía la pena.

Los embajadores de la Unión Europea también iban a votar claramente a favor de la repetición, por dos motivos. Si la réplica fracasaba, la interminable riada de demandas contra el CERN y sus países miembros remitiría con toda probabilidad. Si tenía éxito, el segundo vistazo del futuro sería gratis, pero los posteriores podrían venderse al resto de la humanidad por miles de millones de euros. Sí, otras naciones podrían tratar de construir aceleradores capaces de producir las mismas energías liberadas en el LHC, pero la primera visión había mostrado un mundo lleno de colisionadores de taquiones-tardiones, y parecía que, a pesar de todo, no era tan fácil producir visiones. Si el CERN era responsable, era al parecer el responsable de algún modo único: alguna combinación específica de parámetros, imposible de lograr en otro acelerador, había hecho posible el fenómeno.

Las objeciones a la reproducción eran más vehementes en el hemisferio occidental, en los países cuyas gentes habían estado en su mayoría despiertas cuando la conciencia viajó al 2030 d.C, y en los que por tanto se había producido el mayor número de muertos y heridos. Las protestas tenían como base principal los daños del primer suceso, y el miedo a que una segunda visión viniera acompañada por una carnicería y una destrucción similares.

En el hemisferio oriental el daño había sido relativamente pequeño; en muchas naciones, más del noventa por ciento de la población había estado dormido, o al menos a salvo dentro de la cama, cuando se produjo el salto al futuro; había habido muy pocas bajas, y muy pocos daños a la propiedad. Argumentaban que, evidentemente, el anuncio por adelantado de una réplica no pondría en peligro a mucha gente. Denunciaban como emocionales las protestas contra el experimento. De hecho, las encuestas en todo el mundo mostraban que aquellos que habían tenido visiones estaban enormemente satisfechos por ellas, aunque al final no hubiesen reflejado un futuro inmutable. De hecho, ahora que el mundo estaba seguro de que el destino podía cambiarse, aquellos que habían visto algo que consideraban negativo estaban, en la media, más satisfechos por la visión que aquellos que habían descrito su futuro como positivo.

Aunque no tenía voz formal en la deliberación de la ONU, el Papa Benedicto XVI entró en el debate asegurando que las visiones eran totalmente consistentes con la doctrina católica. El espectacular aumento de la asistencia a misa desde el fenómeno había sido, sin duda alguna, un factor en la postura del pontífice.

El primer ministro de Canadá apoyaba igualmente las visiones, ya que mostraban que el Quebec seguía formando parte del país. El presidente de los Estados Unidos estaba menos entusiasmado; aunque su país seguía siendo la principal potencia mundial dentro de dos décadas, sus consejeros mostraban una gran preocupación por que el primer destello ya hubiera provocado graves daños en la seguridad nacional, pues personas (incluso niños) que no estaban atadas por juramentos de secreto tuvieron acceso a toda clase de información comprometedora. Y, por supuesto, a los demócratas les escocía que el republicano Franklin Hapgood, en esos momentos profesor de ciencia política en Purdue, pareciera estar destinado a ser presidente en 2030.

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“echar un oscuro vistazo al futuro” (N. del T)

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