Электронная книга - «Reunion in Death Traducido». Краткое содержание книги:
Empujando con las piernas, eludió a los peatones, abriéndose paso a través de aquellos que no tenían el tino de apartarse del camino de una mujer llevando un arma letal. Un hombre en un prístino traje de negocios, con el enlace de bolsillo en su oído, gritó asustado cuando ella encaró hacia él. Aterrorizado, cayó hacia atrás dentro de un carro deslizante, diseminando tubos de Pepsi y perros de soja, incitando la furia vocal del vendedor.
Eve saltó sobre él y giró hacia el norte. Había ganado un cuarto de manzana.
– El refuerzo, maldita sea, donde está mi refuerzo? -Sacó su comunicador a la carrera. El costado le dolía como un diente podrido. -Oficial necesita asistencia. En persecución a pie de la sospechosa identificada como Julianna Dunne, se dirige al norte desde la Séptima y Bleeker. Todas las unidades, todas las unidades en la vecindad, respondan.
Corrió a través del paso peatonal, contra las luces, brincando sobre el capó de un sedan, catapultándose por encima. -en persecución, maldita sea, de sospechosa femenina, rubia, treinta y cuatro años, vistiendo mono rojo.
Ella cortó el comunicador. Maldijo a la multitud de personas que hacía imposible arriesgarse a usar el arma. La enfundó, y buscó más velocidad.
Tenía sangre en la boca, sangre cayendo de su ojo derecho. Pero se acercó otros cinco pies a Julianna.
Rápido, pensó Eve cuando la adrenalina zumbó en su cabeza. Si te pones en forma, sabes como correr.
Podía escuchar las sirenas aullando en la distancia, y aguantó. Estba sólo a dos largos de cuerpo detrás cuando Julianna miró hacia atrás. Y sonrió malignamente.
Le pegó desde atrás, un golpe bajo que la envió volando como una piedra salida de una catapulta. Hasta tuvo tiempo de pensar, Que carajo? antes de que cayera con un crujido de huesos. El dorso de su cabeza azotó elegantemente el pavimento, y llenó su mundo de estrellas giratorias. Las voces iban y venían como la marea en el mar.
Logró rodar sobre si misma, sintiendo náuseas, y consiguió ponerse sobre manos y rodillas.
– Lo hice bien? Lo hice? -La voz brillante y excitada taladró dentro de su revuelto cerebro. Parpadeó y miró fijamente las caras pecosas de dos jovencitos. Otro parpadeo y las caras se fundieron y se convirtieron en una.
– Se vió bien, parecía real, cierto. Hombre, usted voló. -Aferrando un aero patín verde fluorescente, él bailaba en el lugar, -Yo la golpeé, justo como se suponía que tenía que hacerlo.
Ella hizo algún sonido, escupió sangre, y logró quedar de rodillas.
– Teniente! Dallas! Dios todopoderoso. -Completamente sin aire, Peabody se abrió paso a través de la multitud. -Ella te golpeó?
– Este pequeño… -No pudo pensar en una palabra adecuada. -Estoy bien. Vé! Sigue! Se fue hacia el norte.
Con una espantada mirada a su teniente, Peabody siguió.
– Tú. -Eve llamó con el dedo al niño. -Ven aquí.
– Chico, esa sangr parece real. Es grandioso.
El rostro de él ondulaba y se dividía otra vez, por lo que ella le gruño a ambos. -Pequeño cretino, asaltaste a un oficial de policía en persecución de un sospechoso.
El se agachó y bajó la voz. -Estamos en cámara todavía?
– Escuchaste lo que dije?
– Donde aprendiste a hacer trucos como este? Como haces para no lastimarte cuando caes?
– Estoy herida, pequeño estúpido… -Se tragó el resto, luchando por mantener su visión que iba desde un ondulante gris a un sólido negro. El no debía tener más de diez años, y su alegre rostro estaba empezando a mostrar algo de miedo y confusión.
– Como una herida real, o como una herida de video?
– Esto no es un video.
– Pero ella dijo que era un video. Y cuando tú llegaras corriendo detrás de ella, yo debía golpearte con mi patín. Me dio cincuenta dólares. Y me iba a dar cincuenta más si hacía unn buenn trabajo.
Dos uniformados pasaron a través de la multitud, ordenando a la gente retroceder. -Necesita atención médica, teniente?
– Pudieron alcanzarla?
Se miraron el uno al otro, y luego a Eve. -Lo siento, señor. La perdimos. Tenemos gente a pie y vehículos patrulla haciendo una barrida. Tal vez podamos atraparla todavía.
– No. -Eve dejó caer la cabeza entre las rodillas cuando la violenta oleada de náusea giró en su estómago. -No podrán.
– Realmente eres policía? -El chico tironeó cuidadosamente a Eve de la manga. -Estoy en problemas? Hombre, mi madre me va a matar.
– Consígame una declaración de este chico, y luego llévelo a su casa. -El mar subía y bajaba otra vez, pero logró ponerse temblorosamente de pie.
– Señor. -Con el rostro enrojecido, sudorosa y jadeando como un perro, Peabody regresó. -Lo lamento. Nunca pude ver ni rastro de ella. Pusimos un red afuera, pero…
– Sí, se esfumó.
– Mejor que te sientes. -Peabody aferró el brazo de Eve cuando se tambaleó. -Voy a llamar a los TM.
– No quiero a los jodidos TM.
– Estás realmente golpeada.
– Te dije que no los quiero. Déjame. -Trató de liberarse, viendo que el rostro preocupado de Peabody se triplicaba. -Ah, mierda. -logró decir, y realmente sintió que sus ojos rodaban hacia atrás en su cabeza antes de desmayarse.
CAPITULO 15
La siguiente cosa que supo fue que estaba acostada en la acera y un par de técnicos médicos estaban inclinados sobre ella.
– Dije que no.
Uno la pasó un sensor sobre la cara. -No se rompió la mandíbula o los pómulos. Suerte. Parece como si la hubieran golpeado en la cara con una bolsa de ladrillos.
– Salgan de aquí.
Ambos la ignoraron, lo que la inquietó mucho. Cuando trató de sentarse, fue enviada de nuevo hacia atrás con indiferencia.
– El hombro esta esguinzado, costillas magulladas. No hay fracturas. Una maldita suerte. Perdió un poco de piel también. Un buen golpe en la cabeza aquí. Cual es tu nombre?
– Dallas, teniente Eve, y si me tocas, te mato.
– Sip, sabe quien es. Como está la visión, teniente?
– Te veo bastante bien, idiota.
– Y mantiene su juvenil y femenino encanto. Sigue la luz. Sólo con los ojos, no muevas la cabeza.
– Dallas. -Peabody se agachó junto a ella. -Estás realmente lastimada. Deja que se ocupen de ti.
– Los llamaste después de que te dije que no lo hicieras. Te voy a levantar en peso por esto.
– Pienso que no dirías eso si pudieras ver lo que pareces.
– Piensa de nuevo.
– La luz, teniente. -El TM la tomó de la mandíbula para mantener su cabeza quieta. -Sigue la luz.
Ella lo maldijo primero, y luego siguió la luz. -Ahora déjame levantarme.
– Si de te dejo levantar, te vas a caer de nuevo. Tienes una conmoción, un hombro fuera de lugar, costillas golpeadas, un corte en la cadera, un surtido de contusiones y laceraciones, agregados a una cara que parece que te hubieras estampado con la parte trasera de un maxibus. Vamos a transportarte al hospital.
– No, no lo harás.
Peabody levantó la vista y soltó un suspiro de alivio. -Yo no apostaría por eso. -comentó y se hizo a un lado cuando Roarke se arrodilló junto a ella.
– Que es ésto? -La irritación se convirtió en pánico. -Peabody, estás cocinada.
– Tranquila. -ordenó Roarke con tan casual confianza que ambos TM lo miraron como si fuese un dios. -Que tan mal está? -demandó.
La descripción de las heridas fue mucho más coherente y profesional, terminando con la recomendación de que la víctima fuera transportada hacia el hospital más próximo para tratamiento y evaluación.
– No voy a ir.
– Irás. -El acarició con sus dedos el maltratado rostro, y un enojo enfermante se instaló en sus estómago. -Necesita algo para el dolor.
– Roarke…
– Crees que no me doy cuenta? -chasqueó, pero se obligó a refrenarse y cambió de táctica. -Sé un soldadito valiente, querida, y deja que estos buenos TM hagan lo que deben. Si eres muy buena, te voy a comprar un helado.
– Te voy a patear el culo por esto.
– Veré que puedas hacerlo.
Ella forcejeó, al ver el destello de una jeringa. -No quiero esa mierda. Me vuelve estúpida. Tomaré una píldora, es todo. Donde está ese chico? Le voy a pisotear toda esa naricita pecosa.
Roarke se inclinó sobre ella hasta que su rostro llenó la visión de ella. -Dejaste que un chico te derribara? -Vió inmediatamente que la pregunta y el tono divertido habían hecho el trabajo. Ella paró de forcejear para mirarlo.
– Escucha, as, maldita sea, maldita sea! -Ella corcoveó cuando sintió el pinchazo de la jeringa.
– Relájate y disfrútalo. -sugirió. Sintió que la tensión se aflojaba en la mano que sujetaba. -Esa es la forma.