Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » La historia del loco [The Madman's Tale - es]
La historia del loco [The Madman's Tale - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La historia del loco [The Madman's Tale - es]

Электронная книга - «La historia del loco [The Madman's Tale - es]». Краткое содержание книги:

Han pasado veinte años desde que el Western State Hospital cerró sus puertas y sus últimos pacientes se reintegraron a la sociedad.
Francis Petrel tenía poco más de veinte años cuando su familia lo recluyó en el psiquiátrico tras una conducta imprevisible que culminó en una crisis.
Ahora, alcanzada la mediana edad, lleva una vida sin rumbo y solitaria, alojado en un piso barato y permanentemente medicado para acallar el coro de voces en su cabeza.
Pero un reencuentro en los terrenos de la clausurada institución remueve algo profundo en la mente agitada de Francis: unos recuerdos sombríos, que él creía haber enterrado, sobre los truculentos hechos que condujeron al cierre del Western State Hospital, y el asesinato sin resolver de una joven enfermera, cuyo cadáver mutilado fue encontrado una noche después del cierre de las luces.
Aunque la policía sospechó de un paciente, los internos siempre hablaron de un ángel y el crimen quedó sin resolver. Sólo ahora, con la reaparición del asesino, se conocerá la respuesta.
Introduciéndose en la impredecible mente de Francis, John Katzenbach demuestra su gran conocimiento del lado oscuro de la psique humana y su destreza para provocar la tensión en el lector, tal y como hiciera en El psicoanalista.
1 ... 43 44 45 46 47 48 49 50 51 ... 125
Перейти на страницу:

Peter le sostuvo la mirada.

– ¿Qué estás mirando? -preguntó.

El hombre se limitó a emitir otro sonido gutural.

– ¿Qué quieres? -dijo Peter.

El retrasado soltó un gruñido largo, como un animal plantando cara a un rival. Encorvó los hombros y se le desencajó el rostro. Francis tuvo la impresión de que a ojos de aquel hombre él resultaba un ser aterrador, porque la única vara de medir que ese retrasado poseía era la rabia. Una rabia que estalló en ese momento. Apretó los puños y los agitó delante de Francis y Peter, como si golpeara a una visión.

– No lo hagas -le dijo Peter.

El hombre pareció disponerse a atacarlo.

– No vale la pena -repitió Peter, pero se puso en guardia.

El retrasado dio un paso hacia ellos y se detuvo. Sin dejar de gruñir con una furia que parecía inmensa, de repente se dio un puñetazo en un lado de su propia cabeza. El golpe resonó en el pasillo. Lo siguió un segundo puñetazo, y un tercero, que se oyeron con fuerza. Empezó a sangrarle la oreja.

Ni Peter ni Francis se movieron.

El hombre soltó un grito, mezcla de triunfo y de angustia. Francis no supo si era un desafío o una rendición.

Luego se detuvo, resopló y se enderezó. Miró a Francis y Peter, y sacudió la cabeza como para aclararse la visión. Arrugó la frente de un modo socarrón, como si se le hubiese ocurrido una pregunta importante y en el mismo instante hubiera visto la respuesta. Entonces, con otro gruñido y una media sonrisa se marchó por el pasillo, farfullando para sí.

Francis y Peter lo observaron alejarse vacilante.

– ¿Qué ha sido eso? -preguntó Francis.

– Esa es la cuestión -respondió Peter a la vez que meneaba la cabeza-. Aquí nunca se sabe. Es imposible saber qué provoca que alguien estalle así. O no. Dios mío, Pajarillo. Espero que sea el sitio más extraño en el que tengamos la desgracia de estar.

Volvieron a apoyarse contra la pared. Peter parecía preocupado por el reciente conato de pelea, como si le hubiera indicado algo.

– ¿Sabes qué, Pajarillo? En Vietnam sabíamos que era probable que pasaran cosas extrañas en cualquier momento. Cosas extrañas y mortíferas. Pero, por lo menos, tenían algún sentido y alguna razón. Al fin y al cabo, estábamos ahí para matarlos, y ellos para matarnos a nosotros. Tenía cierta lógica perversa. Y, cuando volví a casa y me incorporé al departamento de bomberos, a veces en un incendio las cosas podían ponerse bastante peligrosas. Paredes que se desmoronan, suelos que ceden, calor y humo por todas partes. Pero, aun así, existía cierta lógica. El fuego arde siguiendo patrones definidos, y tú puedes tomar las precauciones adecuadas. Sin embargo, este sitio es otra cosa. Es como si todo estuviera en llamas todo el rato, como si todo estuviera oculto y hubiera bombas trampa.

– ¿Habrías peleado con él?

– ¿Habría tenido elección?

Echó un vistazo a los pacientes que se movían por el pasillo.

– ¿Cómo puede sobrevivir alguien aquí? -preguntó.

Francis no tenía la respuesta.

– No estoy seguro de que se suponga que debamos hacerlo -susurró.

Peter asintió y esbozó su sonrisa irónica.

– Puede que eso, mi joven y loco amigo, sea la cosa más atinada que hayas dicho en tu vida.

13

Cuando Lucy salió del despacho de Evans, llevaba un bloc en la mano derecha y una expresión de desagrado en la cara. Una larga lista de nombres garabateados aprisa llenaba un lado de la primera página del bloc. Se movía con rapidez, como si una sensación de consternación la llevara a apretar el paso. Alzó los ojos y vio que Francis y Peter la esperaban, y sacudió atribulada la cabeza mientras se acercaba.

– Había pensado, de modo bastante tonto, que sería una mera cuestión de comprobar las fechas en los expedientes hospitalarios. Pero no es tan sencillo, sobre todo porque los expedientes hospitalarios son bastante caóticos y no están centralizados. Será muy trabajoso. Mierda.

– ¿El señor del Mal no ha sido tan servicial como había prometido? -comentó Peter maliciosamente.

– No -respondió Lucy.

– Vaya -dijo Peter impostando un ligero acento británico en imitación de Tomapastillas-. Estoy anonadado. Totalmente anonadado…

Lucy siguió avanzando por el pasillo a un paso tan rápido como sus pensamientos.

– ¿Qué pudo averiguar? -preguntó Peter.

– Que tendré que comprobar los demás edificios. Y, encima, encontrar los datos de todos los pacientes que hayan podido tener un permiso de fin de semana que coincida con los asesinatos. Y, para complicar más las cosas, no estoy segura de que exista ninguna lista concreta que facilite el trabajo. Lo que tengo es una lista de nombres de este edificio que, más o menos, encajan en el perfil buscado. Cuarenta y tres nombres.

– ¿Ha eliminado a alguien por la edad? -preguntó Peter, y la jocosidad había desaparecido de su voz.

– Sí. Es lo primero que hice. A los abuelos no es necesario interrogarlos.

– Creo que podríamos considerar otro elemento importante -sugirió Peter, y se frotó la mejilla con la mano como si eso le permitiera liberar algunas ideas encalladas en su interior.

Lucy lo miró.

– La fuerza física -aclaró Peter.

– ¿Qué quieres decir? -quiso saber Francis.

– Que se necesita fuerza para cometer el crimen que estamos investigando. Tuvo que dominar a Rubita, arrastrarla hasta el trastero. Había signos de lucha en el puesto de enfermería, de modo que sabemos que no se le acercó con sigilo por detrás y la dejó inconsciente de un puñetazo. De hecho, sospecho que le apetecía pelear.

– Cierto -suspiró Lucy-. Cuanto más la golpeaba, más se excitaba. Eso encajaría con lo que sabemos sobre esta clase de personalidad.

Francis se estremeció, y esperó que los demás no se diesen cuenta. Le costaba comentar con tanta frialdad y tranquilidad esos hechos horrorosos.

– De modo que buscamos a alguien con cierta musculatura -prosiguió Peter-. Eso descarta a muchos, porque aunque es probable que Gulptilil lo niegue, este sitio no atrae a gente lo que se dice en forma. No hay demasiados corredores de maratón ni culturistas. Y también deberíamos reducir la lista de posibles sospechosos a un límite de edad. Y hay otra área que nos permitiría afinar más la lista: el diagnóstico. Quienes tengan antecedentes de comportamiento violento. Quienes sufran trastornos mentales que podrían incluir el asesinato. Ésos son los verdaderos sospechosos.

– Exacto -corroboró Lucy-. Si obtenemos un perfil del hombre que estamos buscando, veremos las cosas con claridad. -Se volvió hacia Francis-: Pajarillo, necesitaré tu ayuda.

– ¿Qué necesita? -preguntó Francis, ansioso.

– Creo que no conozco la locura.

Francis pareció confundido y Lucy sonrió.

– No me malinterpretes -aclaró-. Conozco el lenguaje psiquiátrico, los criterios de diagnóstico, los tratamientos y el material bibliográfico. Pero no sé cómo se ve desde dentro, al mirar hacia fuera. Tú podrías ayudarme en eso. Necesito saber quién podría haber cometido estos crímenes y será difícil encontrar pruebas consistentes.

– De acuerdo… -dijo Francis, a pesar de no estar seguro.

Peter asentía con la cabeza, como si viese algo que fuera evidente para él y tuviera que serlo para Lucy, pero que Francis no captaba.

1 ... 43 44 45 46 47 48 49 50 51 ... 125
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)