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Электронная книга - «Siete Días Para Una Eternidad». Краткое содержание книги:

Por primera vez, Dios y el diablo están de acuerdo. Cansados de sus eternas disputas y deseosos de determinar de una vez por todas quién de los dos debe reinar en el mundo, deciden entablar una última batalla. Las reglas son las siguientes: cada uno de ellos enviará a la Tierra un emisario que contará con siete días para decantar el destino de la humanidad hacia el Bien o el Mal. Dios y Lucifer establecen que el enfrentamiento se producirá en la ciudad de San Francisco y eligen a sus mediadores. Dios escoge a Zofia, una joven competente, con el encanto de un ángel. Lucifer se decide por Lucas, un hombre atractivo sin ningún tipo de escrúpulos. La tarde de su primer día en la Tierra, los destinos de Zofia y Lucas se cruzan, pero para consternación de Dios y el diablo, el encuentro, lejos de provocar un altercado, toma unos derroteros insospechados.
Marc Levy nos ofrece una irresistible comedia romántica protagonizada por dos seres procedentes de mundos dispares que nunca deberían haberse encontrado, pero irremediablemente predestinados a hacerlo.
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– ¡No puedo creer que te hayas atrevido!

– ¿Atrevido a qué? -susurró Satán.

– ¡A hacer trampas!

– Ah, o sea que he sido yo el que ha hecho trampas primero -replicó el Presidente con arrogancia.

– ¿Cómo has podido atentar contra el destino de nuestros enviados? ¿Es que ya no tienes límites?

– ¡Esto es el mundo al revés! ¡Era lo último que me faltaba por oír! -dijo Satán en tono burlón-. Has sido tú quien ha empezado a hacer trampas, amigo.

– ¿Que yo he hecho trampas?

– ¡Ya lo creo!

– ¿Qué trampas he hecho yo?

– ¡No adoptes ese aire inocente conmigo!

– Pero ¿qué es lo que he hecho? -preguntó Dios.

– Has vuelto a las andadas -dijo Lucifer.

– ¿Con qué?

– ¡CON LOS HUMANOS!

Dios tosió y se acarició la punta de la barbilla mirando a su adversario.

– Vas a dejar inmediatamente de perseguirlos.

– Y si no lo hago, ¿qué?

– Si no lo haces, seré yo quien te persiga a ti.

– Ah, ¿sí? Inténtalo, a ver qué pasa. Va a ser muy divertido. ¿Tú que crees, que los abogados residen en tu casa o en la mía? -replicó el Presidente, pulsando el botón de su cajón.

El tabique empezó a cerrarse con lentitud. Dios esperó a que estuviera semicerrado y respiró hondo. Entonces, desde el otro extremo de la mesa, Satán oyó su voz gritándole:

– ¡VAMOS A SER ABUELOS!

El tabique se detuvo en el acto. Dios vio el semblante aterrorizado de Satán, que se había inclinado para mirarlo de nuevo.

– ¿Qué has dicho?

– ¡Me has oído perfectamente!

– ¿Chico o chica? -preguntó Satán con inquietud, en voz baja.

– ¡Aún no lo he decidido!

Satán se levantó de un salto.

– ¡Espera, voy! ¡Esta vez tenemos que hablar de verdad!

El Presidente se acercó rodeando la mesa, cruzó la división y se sentó al lado del Señor en el otro extremo de la mesa. Siguió una larga conversación que se prolongó…, se prolongó…, se prolongó hasta la noche…

Y después amaneció y hubo…

… Una eternidad

En Central Park soplaba una tenue brisa…

Un montón de hojas se arremolinó alrededor de un banco, en uno de los lados de la avenida peatonal. Dios y Satán se habían sentado en el respaldo. Los vieron llegar desde lejos. Lucas y Zofia iban de la mano. Con la otra, los dos empujaban el cochecito doble. Pasaron por delante de ellos sin verlos.

Lucifer suspiró, emocionado.

– ¡Tú dirás lo que quieras, pero la niña es más guapa! -dijo.

Dios se volvió para mirarlo de hito en hito con expresión burlona.

– Creía que habíamos quedado en que no hablaríamos de los niños.

Se levantaron y caminaron juntos por la avenida.

– De acuerdo -dijo Lucifer-, en un mundo totalmente perfecto o imperfecto, nos habríamos enfadado. ¡Olvidémoslo! Pero ahora que estamos solos cara a cara, puedes decírmelo. ¿Empezaste a hacer trampas el cuarto o el quinto día?

– Pero ¿por qué te empeñas en creer que hice trampas? -Dios le puso una mano sobre el hombro a Lucifer y sonrió-. ¿Qué me dices del azar?

Hubo un atardecer… y muchos otros amaneceres.

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