Un Puerto Seguro
- Автор: Стил Даниэла
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Un Puerto Seguro». Краткое содержание книги:
Matt será la primera persona que llevará luz y color a la vida de la niña después de la muerte de su padre, pero él también aprenderá a vivir de nuevo y a superar la amargura causada por su divorcio.
– Lo siento, Jeremy, pero tengo que dejarte. Mi hija está muerta de hambre, y espero a un amigo de un momento a otro.
Siguió cerrando la puerta, pero Jeremy la detuvo con una mano, y Ophélie advirtió de inmediato que era más rápido y fuerte de lo que había esperado. No sabía si propinarle un puntapié o gritar, pero en la casa no había nadie salvo Pip para ayudarla. Por supuesto, había improvisado la visita del supuesto amigo para disuadirlo. Era una escena incómoda en todos los sentidos, una violación del respeto que el grupo siempre había fomentado.
– ¿A qué viene tanta prisa? -siseó él con expresión lujuriosa.
A todas luces, tenía ganas de empujarla a un lado para pasar, pero no acababa de atreverse. Por fortuna, el alcohol que había consumido ralentizaba sus reflejos, pero oler los vapores procedentes de su boca a escasos centímetros de ella no resultaba tranquilizador.
– ¿Tienes una cita?
– Pues sí.
Y mide metro noventa y cinco y es cinturón negro de kárate, sintió deseos de añadir, pero no se le ocurrió nadie lo bastante formidable ni veloz para detener a Jeremy. Al comprender la situación en que se encontraba, el corazón se le encogió de temor.
– No creo -replicó él-. En la terapia no parabas de decir que no querías salir con nadie nunca más. He pensado que podríamos cenar juntos, a ver si cambias de idea.
Era una presunción ridícula, por supuesto, y grosera en extremo. Además, la estaba asustando de verdad, y Ophélie no sabía cómo manejarlo. No se hallaba en una situación semejante desde la universidad; en cierta ocasión, un par de borrachos se habían colado en su residencia, y había pasado un miedo horroroso hasta que la encargada de planta los vio y llamó a seguridad para que los echara. Pero ahora no había encargada de planta que pudiera acudir en su ayuda, tan solo estaba Pip.
– Has sido muy amable al pasar por aquí -dijo en tono cortés mientras se preguntaba si tendría suficiente fuerza para cerrarle la puerta en las narices, aunque era consciente de que podía romperle el brazo en el intento-. Pero tendrás que marcharte.
– De eso nada, y además tú no quieres que me vaya, ¿verdad, cariño? ¿De qué tienes miedo? La terapia ha terminado, podemos salir con quien queramos. ¿O es que te asustan los hombres? ¿Eres bollera?
Estaba más borracho de lo que Ophélie había creído, y de repente comprendió que corría auténtico peligro. Si Jeremy entraba en la casa, podía hacerles daño a ella o a Pip. Esa idea le infundió la fuerza que necesitaba, y sin previo aviso lo empujó con una mano mientras con la otra cerraba la puerta de golpe. En aquel momento, Mousse apareció en lo alto de la escalera y empezó a bajar sin dejar de ladrar. No sabía qué sucedía, pero sí que no era nada bueno, y estaba en lo cierto. Ophélie puso la cadena de seguridad con dedos temblorosos. Al otro lado de la puerta, Jeremy la maldecía y gritaba obscenidades.
– ¡Maldita zorra! ¿Te crees demasiado buena para mí?
Ophélie permaneció junto a la puerta sin dejar de temblar, sintiéndose más atemorizada y vulnerable de lo que se había sentido en muchos años. De repente recordó que Jeremy iba a terapia por la muerte de su hermano gemelo y que por lo visto no lograba sobreponerse a la rabia. Su hermano había muerto atropellado por un conductor que se había dado a la fuga. Cuando le prestaba atención en las sesiones, algo poco habitual, Ophélie tenía la sensación de que la muerte de su gemelo lo había quebrado, y, desde luego, añadir el alcohol a la tragedia no le había ayudado. Tenía la impresión de que si hubiera logrado entrar en la casa, podría haberles hecho algo terrible a ella o a Pip.
Sin saber qué otra cosa hacer, tomó la misma decisión que Pip horas antes y llamó a Matt. Le contó lo sucedido y le preguntó si creía que debía llamar a la policía.
– ¿Sigue allí ese tipo? -preguntó Matt, muy alterado por el episodio.
– No, lo he oído marcharse en coche mientras marcaba tu número.
– Pues lo más probable es que no pase nada, pero yo que tú llamaría al conductor del grupo. A lo mejor puede llamar a ese hombre y decirle algo. Probablemente solo estaba borracho, pero lo que ha hecho está fatal. Parece un chiflado.
O peor aún, un violador, añadió mentalmente, aunque sin expresarlo.
– Solo es un borracho, pero me ha dado un susto de muerte. Pensaba que si entraba le haría daño a Pip.
– O a ti. Por el amor de Dios, no abras la puerta a ningún desconocido.
De repente, Ophélie le parecía extremadamente vulnerable y desamparada. Sin lugar a dudas, era una mujer capaz, como había demostrado durante el rescate del surfista, pero también era hermosa y vivía sola con una niña, lo cual ponía de relieve para ambos los peligros que entrañaba su situación.
– Que el director del grupo le cante las cuarenta y le diga que la próxima vez llamarás a la policía para que lo detengan por acoso. Y si vuelve esta noche, llama a la policía enseguida y luego a mí. Si estás muy preocupada puedo dormir en el sofá. No me importa venir.
– No -replicó ella, ya más serena-. Estoy bien. Es que ha sido muy raro y por un momento me he asustado. Ese tipo debe de haberse montado historias raras sobre mí durante toda la terapia. Es una sensación desagradable, por expresarlo con delicadeza.
Estar sola ya era duro, pero que personas como Jeremy intentaran irrumpir en su casa era más que inquietante. Su vulnerabilidad era uno de los males de su nueva situación, pero lo único que podía hacer al respecto era andarse con cuidado y estar alerta. Sabía que no podía esperar que Matt se convirtiera en su guardaespaldas, ni él ni nadie. Tenía que aprender a manejar sola aquellas situaciones. Lamentaba más que nunca que la terapia hubiera terminado. Le habría gustado comentar con sus compañeros el modo de afrontar aquellas cosas. Dio las gracias a Matt por su apoyo y sus buenos consejos, y en cuanto colgó llamó a Blake Thompson, que se alteró mucho. Prometió llamar a Jeremy al día siguiente, en cuanto se hubiera serenado, y echarle una bronca no solo por violar la confianza sagrada del grupo, sino también por abusar de ella. Ophélie parecía más calmada cuando Matt la llamó después de cenar para saber cómo estaba. No le había dicho nada a Pip que pudiera asustarla. Le había asegurado que el hombre era inofensivo y que aquel incidente no significaba nada, lo cual a buen seguro era cierto. Ophélie estaba convencida de que era un episodio aislado, aunque aun así la había trastornado. Pero incluso Pip experimentó alivio al comprobar que su madre estaba menos ausente durante la cena y que a la mañana siguiente, al salir de casa para llevarla a la escuela y luego ir al centro Wexler, parecía encontrarse bien.
Al cabo de un rato, Blake la llamó para contarle que había hablado con Jeremy para amenazarlo con una orden de alejamiento si volvía a acercarse a ella. Le dijo que Jeremy se había echado a llorar y reconocido que después de la última sesión había ido derecho a un bar, donde estuvo bebiendo hasta que apareció en su puerta. Haría unas cuantas sesiones de terapia individual con Blake y había pedido a este que se disculpara ante Ophélie en su nombre. El director señaló que no creía que el incidente se repitiera, pero en cualquier caso había sido una lección para ella; debía aprender a ser más cuidadosa y cauta con los desconocidos e incluso con personas a las que conocía tangencialmente. Había un mundo entero ahí fuera, un nuevo mundo poblado de males a los que jamás se había enfrentado como mujer casada. No era una perspectiva halagüeña.
Dio las gracias a Blake por encargarse de todo, volvió a concentrarse en el trabajo y al poco olvidó el asunto. Por la tarde, al volver a casa, encontró una carta de disculpa de Jeremy sobre el felpudo. En ella le aseguraba que no volvería a molestarla. Por lo visto, cada uno tenía un modo distinto de afrontar la desestabilización que suponía perder el apoyo del grupo, solo que el suyo daba un poco más de miedo que otros. En cualquier caso, todo el asunto le hizo ver que no era la única persona asustada y deprimida por el fin de la terapia. Dejar de contar con el grupo significaba un cambio importante, una pérdida. Ahora tenía que enfrentarse al mundo, como todos los demás, e intentar aplicar lo que había aprendido.