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Электронная книга - «El Tesoro». Краткое содержание книги:

Una ex esclava de un harem… Un sicario arrepentido…
Una carrera por encontrar el artefacto religioso más poderoso de todos los tiempos…
Lady Selene Ware tan solo había sido una esclava de un harem cuando Kadar Ben Arnaud, un hombre entrenado en las artes oscuras de la muerte y la seducción, la ayudó a escapar y ponerse a salvo en su Escocia natal. Pero incluso con un mundo de por medio, continúa sin estar a salvo del jeque que la reclamó como su propiedad robada, y que ahora les obliga a ella y a Kadar a regresar con una oportunidad de recuperar su libertad. Lo cual, naturalmente, es una trampa. Primero deben encontrar la legendaria reliquia que los hombres de poder llevan buscando desde los tiempos del rey Arturo.
Para Selene y el ex asesino, es una peligrosa odisea que comienza en una erótica cautividad y que les lleva a encontrarse con el misterioso y solitario Tarik, que ahora posee el tesoro. Pero la verdad es mucho más explosiva, el riesgo mucho más letal, y cuanto más cerca están de descubrir el secreto, mayor es la posibilidad de perderse el uno al otro… así como las vidas de ambos. Pues aunque Selene tiene la llave de este antiguo enigma, Kadar puede traspasar la fina línea que separa el camino del mal del de la luz para salvarla.
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– Por ejemplo, apostaría a que os enseñó el cofre de oro pero se negó a mostraros el interior. Yo nunca sería tan descortés.

Selene abrió los ojos de par en par.1

– ¿Sabes lo del cofre?

Tabia desvió la mirada.

– ¿Todavía lo guarda con esa horrible estatua de madera?

– Sí.

– Es un tonto sentimental. -Tabia se dio la vuelta en dirección hacia la puerta-. Pediré algo de comer.

– No ceo haber dicho que haya cambiado de idea.

– Sabes que ya lo has hecho.

– Evidentemente puedo decirte poco que ya no sepas. -Selene hizo una pausa-. Solo espero que mantengas tu promesa.

– Sí, de acuerdo. -Tabia hizo un gesto de impaciencia con la mano. -Lo sé todo. ¿Te imaginas que soy tonta?

No, la mujer era inteligente, manipuladora, con un desprecio absoluto por todo menos por ella misma.

– Quería dejarlo bien claro.

– ¿Y qué harías si decidiera no cumplir con nuestro trato?

– Encontraría la manera de hacerte daño.

Tabia parpadeó.

– ¿En serio? Qué interesante. -Abrió la puerta y gritó -: Comida, Mario. Y el mejor vino que tengas en la casa.

CAPÍTULO 12

– ¿Y eso es todo? -preguntó Tabia apoyándose en el respaldo de la silla-. ¿Me has contado todo?

– Sí. Te dije que seguramente estarías al corriente de lo que yo sabía.

– No de todo -dijo Tabia limpiándose los dedos con la servilleta antes de retirarla a un lado y coger la copa-. ¿Y las heridas de tu Kadar se han curado lo suficiente como para viajar?

– No es mi Kadar -replicó Selene bebiendo un sorbo de su vino-. Casi pierde la vida. No debería viajar.

– ¿Pero podría?

Selene asintió.

– Entonces apostaría a que Tarik ya le tiene a mitad de camino de Roma en este momento.

– Yo no he mencionado Roma.

– Ya he notado esa omisión. Pero Tarik tiene una casa allí, y es un lugar razonable para esconder a Kadar mientras lo instruye.

– ¿Instruirlo?

– Sí. -La mirada perdida de Tabia estaba fija en el rostro de Selene-. Ésta es la primera vez que Tarik me ha enviado a alguien. Debe tenerte mucho aprecio. ¿Se ha acostado contigo?

A Selene casi se le salen los ojos de las cuencas

– No.

– No creía que lo hubiera hecho. Eres demasiado atrevida para sus gustos actuales. Le gustan las mujeres sumisas y dulces. Tú no tienes nada de dulce -afirmó haciendo una mueca-. Eso es bueno. El sabor a miel me pone enferma. Disfruto más con unos dientes afilados que con la suavidad. ¿Más vino?

– No, gracias.

– Una copa más. Te ayudará a dormir. -Se levantó y se dirigió hacia la mesa que había junto a la puerta, donde Mario había dispuesto una jarra llena. Llevó la jarra a la mesa y sirvió vino en la copa de Selene-. Lo necesitarás.

– ¿Estás segura ahora de que Tarik me envió a ti a propósito?

– No me cabe la menor duda. Aunque probablemente lo negaría.

– ¿Por qué lo haría?

– Quiere que yo haga lo que él no puede.

Selene se puso tensa.

– ¿Y qué es ello, si puede saberse?

Tabia sofocó una risa.

– Por todos los dioses, ¿pensabas que me refería a matarte?

– Se me ha pasado por la cabeza.

La sonrisa de Tabia se desvaneció.

– Yo no mato. Ni siquiera mataría a ese monstruo de Nasim. La muerte me horroriza.

Selene le creía. Había pronunciado cada palabra con pasión.

– Pretendía mantenerme alejada de Kadar. Quizá no sepa lo que sientes.

– Oh, sí que lo sabe. -Se dejó caer en la silla-. Nos conocemos muy bien el uno al otro. Acábate el vino y te contaré lo bien que nos conocemos.

Selene bebió su vino lentamente, en pequeños sorbos.

– No me interesan tus asuntos con Tarik.

– ¿Incluso si esos asuntos están relacionados contigo y con Kadar? Por supuesto que te interesan.

– Muy bien, ¿qué significa Tarik para ti?

– Es mi esposo.

Selene se la quedó mirando, atónita.

– Su mujer está muerta. Al menos eso me dijo.

– ¿Rosa? Ella nunca fue su esposa. ¿Cómo podría serlo si cuando se casó con ella yo aún estaba viva? -Miró hacia otro lado-. Yo soy su única esposa.

– Layla…

Volvió la mirada hacia Selene.

– ¿Te habló de mí?

– Me habló de Layla, su primera mujer. Me dijo que yo era como ella.

Torció la boca.

– Te aseguro que no fue un cumplido. No nos llevamos lo que se dice muy bien.

Un torbellino de pensamientos se arremolinaba en la cabeza de Selene.

– Me dijiste que te llamabas Tabia.

– Una pequeña mentira necesaria.

– ¿Por qué una mentira es necesaria?

– Ya estabas bastante confundida. No veía la necesidad de acrecentar el embrollo. Tarik y yo nos separamos hace mucho tiempo.

– Pero todavía mandas espías a Sienbara.

– Porque tenemos un interés común. No por ninguna razón personal.

– ¿El tesoro?

– Tarik es un soñador. No siempre puede uno fiarse de que los soñadores hagan lo mejor. El cofre es demasiado valioso como para dejarlo en sus manos solamente.

– ¿Entonces contiene el grial?

Layla asintió.

– Hay un grial. Pero no hay ninguna magia relacionada con él, como Nasim se imagina.

– ¿Es el grial de la Última Cena?

Layla se encogió de hombros.

– No lo creo. Quizá. El grial es muy antiguo y estuvo una vez en Tierra Santa.

– ¿Una vez?

– Llegó a mis manos y a las de Tarik en Alejandría. -Bebió un buen trago de su copa de vino-. ¿Has estado alguna vez en Alejandría?

– Está en Egipto. Mientras estaba en la Casa de Nicolás conocí a clientes que venían de allí para comprar seda.

– Ah, sí, ahora lo recuerdo. -Sonrió cuando vio a Selene ponerse rígida-. No te gusta que conozca tus raíces. Te dije que tenía que saberlo todo sobre los que se relacionan con Tarik.

– La relación no fue por voluntad nuestra.

– Pero existe. -Cambió de tema-. Además, deberías estar orgullosa de haber escapado de esa prisión en la que creciste. Fue una batalla bien ganada.

– Kadar me sacó de la casa de Nicolás.

– Eso me han contado. Pero con el tiempo habrías encontrado la manera de liberarte tú sola -dijo haciendo una mueca-. Sin embargo, es cierto que tuviste suerte. Yo no pude liberarme de mi prisión hasta que fui adulta.

– ¿Tu prisión?

– Crecí en la Casa de la Muerte.

A Selene se le pusieron los ojos como platos.

– Pero, por supuesto, no sabes lo que es. Nací en una pequeña aldea al norte de Alejandría. Cuando tenía ocho años, fui elegida por los sacerdotes para ser llevada a la Casa de la Muerte en Alejandría. Nunca volví a ver a mis padres.

– ¿La casa de la Muerte?

– Sí, la casa donde llevan a los muertos para prepararlos antes del enterramiento. El lugar donde envuelven sus cuerpos para preservarlos para la eternidad y los sacerdotes guían sus almas a la tierra de la alegría eterna -El tono de Layla estaba cargado de ironía-, Y yo fui elegida por los dioses para ayudarlos a cruzar. ¿Crees que es una tarea adecuada para una niña de ocho años?

– ¿Dioses? Solamente hay un Dios.

– Aquí, en la Cristiandad. En Egipto muchos todavía creen en los antiguos dioses. Es una religión muy reconfortante. Uno no necesita ser bueno si es rico o poderoso. Y es posible llevarse consigo todos los bienes terrenales más preciados. Siempre que los ladrones no encuentren la ubicación de tu tumba. Los ladrones incluso han llegado a quitar los vendajes de los cuerpos para ver si se habían dejado alguna joya.

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