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Cincuenta Sombras De Grey

Электронная книга - «Cincuenta Sombras De Grey». Краткое содержание книги:

Cuando la estudiante de literatura Anastasia Steele acude para hacerle una entrevista al joven y exitoso empresario Christian Grey para el periódico universitario en el que colabora, se encuentra con un hombre que le resulta atractivo, enigmático y tremendamente intimidante. Completamente convencida de que su encuentro ha sido todo un fracaso, intenta olvidarse de Grey… hasta que a él se le ocurre aparecer por la tienda de informática en la que Ana trabaja a tiempo parcial.
La idealista e inocente Ana se queda asombrada cuando se da cuenta de que desea con todas sus fuerzas a ese hombre, y el que él la advierta de que se mantenga alejada sólo hace que su desesperación por estar con él aumente.
Incapaz de resistirse a la inteligencia y serena belleza de Ana y a su espíritu independiente, Grey termina por admitir que también la desea… pero con sus propias condiciones.
Consternada, aunque excitada, por las preferencias sexuales de Grey, Ana duda sobre si entablar con él una relación o no. A pesar de todos su éxitos -tanto en el ámbito profesional como en el familiar-, Grey es un hombre lleno de demonios interiores, dominado por la necesidad de tomar el control. Y cuando ambos se embarcan en una apasionada relación física, Ana se da cuenta de que está aprendiendo más sobre sus propias y secretas necesidades de lo que se imaginaba.
¿Podrá esa relación trascender de la pasión física? ¿Podrá Ana someterse a un Amo como Christian? Y, si lo hace, ¿le gustará?
[El argumento de «Cincuenta sombras de Grey» es una fantasía erótica de manual. Anastasia Steele una universitaria virgen y risueña, conoce al atractivo y multimillonario Christian Grey, y tras un intenso tira y afloja, inician una relación sadomasoquista descrita por la autora con pelos, señales, azotes y esposas a lo largo de tres volúmenes de unas 500 páginas.]
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Actos que dejen marcas permanentes en la piel.

Actos relativos al control de la respiración.

Actividad que implique contacto directo con corriente eléctrica (tanto alterna como continua), fuego o llamas en el cuerpo.

APÉNDICE 3

Límites tolerables

A discutir y acordar por ambas partes:

¿Acepta la Sumisa lo siguiente?

• Masturbación

• Penetración vaginal

• Cunnilingus

• Fisting vaginal

• Felación

• Penetración anal

• Ingestión de semen

• Fisting anal

¿Acepta la Sumisa lo siguiente?

• Vibradores

• Consoladores

• Tapones anales

• Otros juguetes vaginales/anales

¿Acepta la Sumisa lo siguiente?

• Bondage con cuerda

• Bondage con cinta adhesiva

• Bondage con muñequeras

• Otros tipos de bondage de cuero

• Bondage con esposas y grilletes

¿Acepta la Sumisa los siguientes tipos de bondage?

• Manos al frente

• Muñecas con tobillos

• Tobillos

• A objetos, muebles, etc.

• Codos

• Barras rígidas

• Manos a la espalda

• Suspensión

• Rodillas

¿Acepta la Sumisa que se le venden los ojos?

¿Acepta la Sumisa que se la amordace?

¿Cuánto dolor está dispuesta a experimentar la Sumisa?

1 equivale a que le gusta mucho y 5, a que le disgusta mucho:

1 – 2 – 3 – 4 – 5

¿Acepta la Sumisa las siguientes formas de dolor/castigo/disciplina?

• Azotes

• Azotes con pala

• Latigazos

• Azotes con vara

• Mordiscos

• Pinzas para pezones

• Pinzas genitales

• Hielo

• Cera caliente

• Otros tipos/métodos de dolor

Dios mío. Ni siquiera tengo fuerzas para echar un vistazo a la lista de los alimentos. Trago saliva y tengo la boca seca. Vuelvo a leerlo.

Me da vueltas la cabeza. ¿Cómo voy a aceptar todo esto? Y al parecer es en mi beneficio, para que explore mi sensualidad y mis límites de forma segura… ¡Por favor! Es de risa. Servirlo y obedecerlo en todo. ¡En todo! Muevo la cabeza sin terminar de creérmelo. En realidad, ¿los votos del matrimonio no utilizan palabras como… obediencia? Me desconcierta. ¿Todavían dicen eso las parejas? Solo tres meses… ¿Por eso ha habido tantas? ¿No se las queda mucho tiempo? ¿O ellas tuvieron bastante con tres meses? ¿Todos los fines de semana? Es demasiado. No podré ver a Kate ni a los amigos que pueda hacer en mi nuevo trabajo, suponiendo que encuentre trabajo. Quizá debería reservarme un fin de semana al mes para mí. Quizá cuando tenga la regla… Parece… práctico. ¡Es mi dueño! ¡Tendré que hacer lo que le plazca! Dios mío.

Me estremezco al pensar en que me azote o me pegue. Probablemente los azotes no sean tan graves, aunque sí humillantes. ¿Y atarme? Bueno, ya me ha atado las manos. Fue… bueno, fue excitante, muy excitante, así que quizá tampoco sea tan grave. No me prestará a otro Amo… Maldita sea, por supuesto que no. Sería totalmente inaceptable. ¿Por qué me tomo siquiera la molestia de pensar en todo esto?

No puedo mirarlo a los ojos. ¡Qué raro! Es la única manera de tener alguna posibilidad de saber lo que está pensando. Pero ¿a quién intento engañar? Nunca sé lo que está pensando, pero me gusta mirarle a los ojos. Son bonitos, cautivadores, inteligentes, profundos y oscuros, con secretos de dominación. Pienso en su mirada ardiente, aprieto los muslos y me estremezco.

Y no puedo tocarlo. Bueno, esto no me sorprende. Y esas estúpidas normas… No, no, no puedo. Me cubro la cara con las manos. No es manera de mantener una relación. Necesito dormir un poco. Estoy agotada. Las travesuras físicas que he hecho en las últimas veinticuatro horas han sido francamente agotadoras. Y mentalmente… Oh, es demasiado. Como diría José, una auténtica jodienda mental. Quizá por la mañana no me parezca una broma de mal gusto.

Me levanto y me cambio rápidamente. Quizá debería pedirle prestado a Kate su pijama rosa de franela. Necesito el contacto de algo mimoso y tranquilizador. Voy al baño a lavarme los dientes en camiseta y pantalones cortos de pijama.

Me miro en el espejo del baño. No puedes estar planteándotelo en serio… Mi subconsciente parece cuerda y racional, no mordaz, como suele ser. La diosa que llevo dentro no deja de dar saltitos y palmas como una niña de cinco años. Por favor, di que sí… si no, acabaremos solas con un montón de gatos y tus novelas por única compañía.

El único hombre que me ha atraído, y llega con un maldito contrato, un látigo y un sinfín de puntos y cláusulas. Bueno, al menos he conseguido lo que quería este fin de semana. La diosa que llevo dentro deja de saltar y sonríe con serenidad. ¡Oh, sí…!, articula con los labios asintiendo con aire de suficiencia. Me ruborizo al recordar sus manos y su boca sobre mí, su cuerpo dentro del mío. Cierro los ojos y siento en lo más hondo la exquisita tensión de mis músculos. Quiero hacerlo una y otra vez. Quizá si solo me quedo con el sexo… ¿lo aceptaría? Me temo que no.

¿Soy sumisa? Quizá lo parezco. Quizá le di esa impresión en la entrevista. Soy tímida, sí… pero ¿sumisa? Dejo que Kate me avasalle… ¿Es lo mismo? Y esos límites tolerables… Alucino, aunque me tranquiliza saber que tenemos que discutirlos.

Vuelvo a mi habitación. Es demasiado en lo que pensar. Necesito aclararme, planteármelo por la mañana, cuando esté fresca. Guardo los transgresores documentos en el bolso. Mañana… mañana será otro día. Me meto en la cama, apago la luz y me tumbo mirando al techo. Ojalá no lo hubiera conocido nunca. La diosa que llevo dentro cabecea. Las dos sabemos que es mentira. Nunca me había sentido tan viva.

Cierro los ojos y me sumerjo en un sueño profundo en el que de vez en cuando veo camas de cuatro postes, grilletes e intensos ojos grises.

A la mañana siguiente Kate me despierta.

– Ana, llevo llamándote un buen rato. ¿Te has desmayado?

Mis ojos se niegan a abrirse. No solo se ha levantado, sino que ha salido a correr. Echo un vistazo al despertador. Las ocho de la mañana. Vaya, he dormido más de nueve horas.

– ¿Qué pasa? -balbuceo medio dormida.

– Ha llegado un tipo con un paquete para ti. Tienes que firmar.

– ¿Qué?

– Vamos. Es grande. Parece interesante.

Da unos saltitos entusiasmada y vuelve al comedor. Salgo de la cama y cojo la bata, que está colgada en la puerta. En el comedor hay un chico elegante con coleta y una caja grande en las manos.

– Hola -murmuro.

– Te prepararé un té -me dice Kate metiéndose en la cocina.

– ¿La señorita Steele?

E inmediatamente sé quién me manda el paquete.

– Sí -le contesto con recelo.

– Traigo un paquete para usted, pero tengo que instalarlo y enseñarle a utilizarlo.

– ¿En serio? ¿A estas horas?

– Yo cumplo órdenes, señora.

Me dedica una sonrisa encantadora pero expeditiva, como diciendo que no le venga con chorradas.

¿Acaba de llamarme «señora»? ¿He envejecido diez años en una noche? De ser así, es culpa del contrato. Frunzo los labios disgustada.

– De acuerdo, ¿qué es?

– Un MacBook Pro.

– Cómo no -digo poniendo los ojos en blanco.

– Todavía no está en las tiendas, señora. Es lo último de Apple.

¿Por qué no me sorprende? Suspiro ruidosamente.

– Colóquelo ahí, en la mesa del comedor.

Voy a la cocina a reunirme con Kate.

– ¿Qué es? -me pregunta con los ojos brillantes.

Se ha hecho una coleta. También ella ha dormido bien.

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