Mi corazón que baila con espigas
- Автор: Rigalt Carmen
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Mi corazón que baila con espigas». Краткое содержание книги:
Siempre había pensado que si alguna vez me separaba de Ventura sólo me llevaría el cuadro de las espigas. Es lo único que tenía cuando me casé y lo único que quisiera llevarme cuando me descase. Mi corazón siempre ha bailado con las espigas de ese cuadro que adquirí al ganar mi primer sueldo. En realidad no es un cuadro, sino una copia de otra copia, pero en sus colores están contenidos todos los vaivenes emocionales que he sufrido en los veinte años de mi última existencia, el entusiasmo, los nervios, el amor innecesario, la ternura y, al fin, esa desazón que se ha apoderado de mí y me hace sentir como si tuviera el cuerpo burbujeando en alka-seltzer.` Así es Fidela, una mujer a la deriva en el ancho mar de los sentimientos, en un mundo y un ambiente en los que apenas hay lugar para ella. Sólo el tórrido romance que mantiene con un hombre casado consigue proyectarla más allá dé su desazón cotidiana y la invita a pasar revista a su azarosa vida. El resultado es un relato vibrante y arrollador en el que las relaciones afectivas de la vida familiar cobran vida propia y se convierten en puntos de referencia de nuestras propias vidas.
Ahí mismo, junto a la puerta, vi montones de crisantemos, orondas pinceladas de muerte que habían llegado con las hojas del calendario. Crisantemos blancos, amarillos, crisantemos flácidos para honrar a los difuntos que esos días se incorporaban de sus lápidas y por la noche venían a hacernos cosquillas en los pies. Elegí diecisiete crisantemos amarillos, uno por cada mes que había decidido enterrar. Los acaricié como se acaricia el cuerpo muerto de alguien querido antes de hundirlo bajo la tapa del ataúd, y le pedí al dependiente que los llevaran a la habitación ciento seis del hotel Cambridge con un gran lazo negro. No dejé tarjeta, ni frase de despedida, ni rúbrica. No dejé nada, salvo el aliento de la pena en los contornos macilentos de las flores. A la salida, mientras derramaba las primeras y únicas lágrimas, noté una extraña sensación de alivio. El dolor sabía a mermelada.
Carmen Rigalt