Mazurca Para Dos Muertos
- Автор: Села Камило Хосе
- Язык: испанский
- Жанр: Классическая проза
Электронная книга - «Mazurca Para Dos Muertos». Краткое содержание книги:
– ¿Vas a volver mañana?
– No, mañana estoy de imaginaria.
Los claudiados se quedaban donde podían, no todos llegaban al Alto del Furriolo, esto en Orense, no sigo con los demás sitios porque tampoco se trata de sembrar el país de cruces. Raimundo no conocía a mucha gente en La Coruña pero pronto hizo amigos, la Bandera Gallega salió el día de San Agustín y regresó, medio diezmada, poco después de los Fieles Difuntos, los que tuvieron peor suerte se quedaron por el camino, lo malo de las guerras es que cortan las vidas antes de madurar, eso es ir contra la ley de Dios. En algunos rincones de Galicia se llama papaventos a la cometa, papar significa tragar, engullir, deglutir, en Portugal al papaventos le dicen papagayo, ¿los niños coruñeses de hace dos siglos volaban cometas en el monte que es hoy la calle del Papagayo? Raimundo el de los Casandulfes es algo pariente de don Juan Naya, uno de los hombres que mejor se saben la historia de La Coruña, podía haberle preguntado, en Galicia todos somos parientes o algo parientes o al menos parientes de parientes. También pudiera ser que por allí naciese, en tiempos idos, la flor del amaranto o amarante, que en portugués y en gallego arcaico también quería decir papagayo. Hoy la calle del Papagayo es una cuesta putera de tanta confianza como buen acougo, Raimundo suele darse una vueltecita por las noches, va en busca de un poco de conversación. De casa de la Mediateta echaron una vez a un primo de Raimundo que es artillero de segunda en el regimiento 16 ligero, que queda mismo detrás, porque tiró un piano por el balcón, se pusieron de acuerdo cinco o seis artilleros amigos, uno era cabo, y tiraron el piano por el balcón, ¡qué bestias!, ¡menos mal que no pasaba nadie por la calle!, el general Cebrián les quitó el permiso y los devolvió al frente. Si la Mediateta se entera de que Raimundo es primo del artillero Camilo, estos padroneses siempre fueron medio arroutados, también lo echa a patadas y con viento fresco. En casa de la Apacha, los más respetuosos con la regla dicen la Apache, está de pupila la pequeña de las siete Alontras, Doloriñas Montecelo Trasmil, de veintiún años, que todavía convalece de su operación de apendicitis, ya va mejor. Las Alontras son siete, Inesiña, contra soberbia, humildad, tiene un cordón de pelitos que le llega al ombligo, parece un hormiguero; Rosiña, contra avaricia, largueza, es pechugona y culona, más vale tener que desear; Mariquiña, contra lujuria, castidad, bizquea un poco, hasta le hace gracioso; Carmina, contra ira, paciencia, no dice a nada que no, pero no por puta sino por respeto; Ritiña, contra gula, templanza, está siempre muerta de risa y pega saltos cuando la trincan porque tiene cosquillas; Ampariño, contra envidia, caridad, es tímida como una flor pero si se arranca hay que sujetarla a palos, y Doloriñas, contra pereza, diligencia, sabe leer y escribir y las cuatro reglas: dos son de Betanzos, dos de Cambre, tres de La Coruña y las siete de la vida. En la calle del Papagayo también ejercen sus artes reconfortadoras las furcias y las hurgamanderas de las ramerías de la Ferreña, pregunte usted por Fátima la Mora; de las Campanelas, pregunte usted por Pilar la Maña y de la Tonaleira, pregunte usted por Basilisa la Parva, que es la puta más puta de todo el mundo: todos los morriñentos lupanares, todos los gimnásticos y amorosos burdeles dichos, son de mansa y próvida saudade y alegría, la vigilancia jode de balde porque el orden es el orden. Raimundo el de los Casandulfes se hizo amigo de Doloriñas Alontra y como es educado y se sabe comportar, la encargada lo deja pasar a la cocina. La señorita Ramona manda llamar a Robín Lebozán.
– Tuve carta de Raimundo, dice que le van a dar permiso.
– Me alegro.
Robín tiene cara de preocupación.
– Moncha.
– Qué.
– No me apunto, ya llamarán mi quinta. Y además te voy a decir un secreto.
– ¿A mí?
– Sí. Y a nadie más. Si Fabián Minguela viene por la aldea lo mato, lo que andan diciendo de él es cierto.
La señorita Ramona tardó unos instantes en hablar.
– Serénate, Robín, a ver qué dice Raimundo cuando llegue. ¿Hablaste con Cidrán Segade?
– Sí.
– ¿Y con Baldomero Afouto?
– También.
– ¿Y qué piensan?
– Que el Moucho no vale nada, pero que puede ser peligroso porque es traidor y además va en cuadrilla.
– ¿Con quiénes?
– No sé, no los conozco, no son de por aquí, yo no los había visto nunca.
– ¿Lo sabe la guardia civil?
– Dicen que ellos no quieren saber nada, que no es cosa suya.
– ¿No? ¿Y de quién es entonces?
– ¡Yo qué sé!
El pan es sagrado, hay cosas sagradas que cuando el mundo se revuelve no se respetan, el sueño, el pan, la soledad, la vida, el pan no se puede echar al fuego ni tirar, el pan hay que comerlo, si se pone reseso se echa en agua y se lo comen las gallinas, si se cae al suelo se coge, se besa y se le pone donde no lo puedan pisar, si se da de limosna también se besa, el pan es sagrado, es como Dios, y en cambio el hombre es un ridículo pito cairento y milagrero ahíto de pretensiones.
– Es todavía peor.
– Sí, es verdad: es todavía peor.
La señorita Ramona cerró las contras.
– Todo esto es muy raro, yo no entiendo nada de lo que pasa, a lo mejor somos muchos los españoles que no entendemos nada de lo que pasa, ¿para qué tanta sangre?
La señorita Ramona para de hablar de cuando en cuando.
– Puede que sea noble la guerra con los extranjeros si se meten en casa, los franceses en el siglo pasado, por ejemplo, no sé, yo no soy hombre, las mujeres siempre pensamos diferente, puede que sea noble pelear por el territorio con los extranjeros, ¡pero por un pensamiento que a lo mejor es mentira y entre españoles! Esto escosa de locos.
– Sí, yo creo lo mismo, pero no lo digo, tampoco lo digas tú.
– No, no, ¿qué voy a decir?, yo me callo como un muerto, yo lo único que quiero es que esto acabe cuanto antes. La gente que cree a ciegas es muy peligrosa, los hay que no creen pero lo fingen, eso es todavía peor, la fe es el sacacorchos de la conciencia, el abrelatas que destapa la conciencia…, lo único que quiero es que pronto le veamos el fin a esta locura.
– Pues aún va a durar.
– ¿Tú crees?
– ¡Y tanto que lo creo! Todo el mundo está muy exaltado y nadie quiere atender a razones.
La señorita Ramona acerca un cenicero a Robín Lebozán.
– No me eches la ceniza en el suelo.
– Dispensa.
La señorita Ramona no puede ocultar su preocupación.
– Sí, la verdad es que estas luchas a ciegas son traidoras y cabezonas y se envenenan pronto, también son confusas, ¿tú entiendes algo de lo que pasa?, y ponen a la gente nerviosa y de mal humor, un hombre nervioso y de mal humor es peor que un alacrán.
– En fin, ¡que Dios nos tenga de la mano!
Ahora es como en los tiempos antiguos, cuando se iba a pie a Tierra Santa y los hombres se guiaban por el color de los ojos de las mujeres y de las nubes, por el sabor de las frutas del camino y de cada flor con su abeja, por el olor de los yermos y las praderas, vamos hacia el norte, vamos hacia el sur, vamos bien, vamos mal, estamos perdidos y jamás encontraremos nuestra casa, etc. A la cuadrilla de Martiño Fruime le sorprendieron los sucesos cuando andaba a segar por Belinchón, en tierras de Cuenca. ¿Te acuerdas de aquellos versos Castellanos de Castilla, de Rosalía de Castro? En la cuadrilla de Martiño Fruime formaban nueve hombres y seis mujeres, una parió en la era, también iban tres niños de seis o siete años. Cuando empezaron los sucesos Martiño Fruime habló a su gente.
– Ya sabéis lo que pasa, yo pienso que lo mejor es volver al país, por aquí se van a matar todos, no va a quedar ni uno.
– Bueno, pero dicen que en Galleira mandan los fascistas.
– ¿Y a nosotros qué más nos da? El país es el país y la chaira es la chaira, mande quien mande.