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Mas Oscuro Que La Noche

Электронная книга - «Mas Oscuro Que La Noche». Краткое содержание книги:

Harry Bosch participa como testigo en un juicio en el que se acusa a un director de cine del asesinato de una actriz. Mientras tanto, Terry McCaleb recibe la vista de una antigua compañera de trabajo que solicita su ayuda en la resolución de un caso difícil. El asesinato que ahora debe investigar es el tipo de homicidio complejo con los que trataba frecuentemente durante sus días en el FBI.
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– La señorita Crowe está aquí. Le esperará en la sala de reuniones.

Bosch hizo una señal a Said.

– Gracias, Nuff -susurró-. Ya me ocupo yo.

– ¿Estás seguro?

– Te avisaré si necesito ayuda.

Se volvió hacia la puerta del despacho, pero luego volvió al escritorio y extendió la mano.

– Puede que tenga que irme un poco deprisa, así que me despido ahora. Buena suerte con el proyecto. Suena a ganador.

Ambos hombres se estrecharon las manos.

– Sí, ya veremos -dijo Said.

Bosch salió del despacho, recorrió un corto pasillo y entró en la sala de reuniones. Había una mesa con sobre de cristal en el centro y una silla a cada lado. Annabelle Crowe estaba sentada en el lado opuesto a la puerta. Estaba mirando una foto en blanco y negro de ella misma cuando entró Bosch. Levantó la cabeza con una sonrisa reluciente y una dentadura perfecta. La sonrisa se mantuvo durante poco más de un segundo y luego se quebró como el barro al sol del desierto.

– ¿Qué…? ¿Qué está haciendo aquí?

– Hola, Annabelle, ¿cómo está?

– Esto es una prueba… No puede…

– Sí, esto es una prueba. Le voy a hacer una prueba para el papel de testigo en un juicio por homicidio.

La mujer se levantó. Su foto y un curriculum resbalaron desde la mesa hasta el suelo.

– No puede… ¿qué está pasando aquí?

– Ya sabe qué está pasando. Se mudó sin dejar señas. Sus padres no iban a ayudarme y su agente tampoco, así que sólo me quedaba la opción de montar una audición para llegar hasta usted. Ahora siéntese y hablaremos de dónde ha estado y por qué está huyendo del juicio.

– ¿Entonces no hay ningún papel?

Bosch casi se rió. La chica todavía no lo había entendido.

– No, no hay ningún papel.

– ¿Y no van a hacer un remake de Chinatown'?

Esta vez Bosch se rió, pero no tardó en contenerse.

– Un día de éstos lo harán, pero usted es demasiado joven para el papel y yo no soy Jake Gilles. Siéntese, por favor.

Bosch empezó a separar la silla que quedaba enfrente de la de la chica, pero ella se negó a sentarse. Parecía muy desorientada. Era una mujer joven y hermosa con una cara que muchas veces le proporcionaría aquello que buscaba. Pero no en esta ocasión.

– He dicho que se siente -repitió Bosch con severidad-. Tiene que entender algo, señorita Crowe. Ha violado la ley al no responder a la citación judicial para presentarse hoy. Eso significa que si quiero, puedo sencillamente detenerla y hablar de esto en comisaría. La alternativa es que nos sentemos aquí, ya que nos han dejado usar esta bonita sala, y hablemos de una manera civilizada. La elección es suya, Annabelle.

Ella se dejó caer en la silla. Su boca era una línea fina. El lápiz de labios que se había aplicado cuidadosamente para una sesión de cásting ya estaba empezando a resquebrajarse y difuminarse. Bosch la examinó un buen rato antes de empezar.

– ¿Quién la ha amenazado, Annabelle?

Ella lo miró con acritud.

– Mire -dijo-. Estaba asustada, ¿vale? Todavía lo estoy. David Storey es un hombre poderoso. Tiene a gente que da miedo detrás de él.

Bosch se inclinó sobre la mesa.

– ¿Me está diciendo que él la amenazó? ¿Que ellos la amenazaron?

– No, no estoy diciendo eso. No hace falta que me amenacen. Sé cómo funciona este mundo.

Bosch volvió a apoyarse en el respaldo y la examinó con cuidado. Los ojos de ella se movían por toda la sala, pero nunca se posaban en él. El ruido del tráfico de Sunset se filtraba a través de la única ventana cerrada de la sala. En algún lugar del edificio se vació una cisterna. Ella finalmente miró a Bosch.

– ¿Qué es lo que quiere?

– Quiero que testifique. Quiero que declare contra ese tipo. Por lo que trató de hacerle. Por Jody Krementz. Y por Alicia López.

– ¿Quién es Alicia López?

– Otra mujer que encontramos. Ella no tuvo tanta suerte.

Bosch vio el desconcierto en el rostro de la joven. Estaba claro que veía el hecho de testificar como algo peligroso.

– Si testifico no volveré a trabajar. Y puede que sea peor.

– ¿Quién le ha dicho eso?

Ella no respondió.

– ¿Venga, quién? ¿Se lo han dicho ellos, su agente, quién?

Ella dudó un momento y luego negó con la cabeza, como si no pudiera creer que estaba hablando con Bosch.

– Estaba entrenándome en Crunch. Estaba haciendo steps y ese tipo se puso en la máquina de al lado a leer el periódico. Lo tenía doblado por el artículo que estaba leyendo. Y yo estaba pensando en mis cosas cuando él de pronto empezó a hablar. Nunca me miró. Se limitó a hablar mientras miraba el periódico. Dijo que el artículo que estaba leyendo era sobre el juicio a David Storey y cómo odiaría tener que testificar contra él. Dijo que una persona que hiciera eso no volvería a trabajar en esta ciudad.

Ella se detuvo, pero Bosch esperó y la examinó. Su angustia al relatar la historia parecía genuina. Estaba al borde de las lágrimas.

– Y yo… yo estaba tan asustada con él a mi lado que simplemente salí corriendo de la máquina hacia el vestuario. Me quedé allí una hora e incluso entonces seguía con miedo de que pudiera estar esperándome. Observándome.

Annabelle Crowe empezó a llorar. Bosch se levantó, salió de la sala y buscó en el baño del pasillo, donde encontró una caja de pañuelos de papel. Se la llevó consigo a la sala de reuniones y se la ofreció a Annabelle Crowe. Volvió a sentarse.

– ¿Dónde está Crunch?

– Calle abajo. En Sunset y Crescent Heights.

Bosch asintió. Ya sabía dónde estaba, en el mismo complejo de tiendas y ocio en el que Jody Krementz había conocido a David Storey en un coffee shop. Se preguntó si habría alguna relación. Quizá Storey era socio de Crunch o tal vez pidió a un compañero de ejercicios que amenazara a Annabelle Crowe.

– ¿Pudo ver al tipo?

– Sí, pero eso no importa. No sé quién era. No lo había visto antes ni he vuelto a verlo.

Bosch pensó en Rudy Tafero.

– ¿Conoce al investigador del equipo de la defensa? ¿Un hombre llamado Rudy Tafero? ¿Era alto, pelo negro y con un buen bronceado? ¿Un hombre de buen ver?

– No sé quién es así, pero no era el hombre del otro día. Aquel tío era bajo y calvo. Llevaba gafas.

Bosch no identificó la descripción y decidió dejarlo estar por el momento. Tendría que informar a Langriser y Kretzler de la amenaza. Quizá ellos quisieran comunicársela al juez Houghton. Tal vez pedirían a Bosch que fuera a Crunch y empezara a hacer preguntas para tratar de confirmar algo.

– ¿Qué va a hacer entonces? -preguntó ella-. ¿Va a obligarme a testificar?

– No depende de mí. Los fiscales decidirán después de que les cuente lo que acaba de explicarme.

– ¿Me cree?

Bosch vaciló un momento antes de asentir.

– Aun así tiene que presentarse. Se le entregó una citación judicial. Acuda allí mañana entre las doce y la una, y ellos le dirán lo que quieren hacer.

Bosch sabía que la harían testificar. No les importaría si la amenaza era real o no. Tenían que preocuparse por el caso y sacrificarían a Annabelle Crowe por David Storey. Un pez pequeño para atrapar a uno grande, así era el juego.

Bosch le pidió que vaciara el bolso. Miró entre sus cosas y encontró una dirección y un número de teléfono escrito. Era de un apartamento de Burbank. La joven reconoció que había puesto sus pertenencias en un guardamuebles y estaba viviendo en el apartamento, en espera de que concluyera el juicio.

– Voy a darle una oportunidad, Annabelle, y no la llevaré al calabozo esta noche. Pero la he encontrado esta vez y puedo volver a encontrarla. Si no se presenta mañana iré a buscarla. E irá derecho a la prisión de Sybil Brand, ¿entendido?

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