Mundo anillo [Ringworld - es]
- Автор: Нивен Ларриё
- Серия: Mundo anillo #1
- Год: 1976
- Язык: испанский
- Год: Mart
- ISBN: 84-270-0381-1
- Переводчик: Mireia Bofill
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Mundo anillo [Ringworld - es]». Краткое содержание книги:
El lector siempre puede contar con Larry Niven para refrescarse con un relato de ciencia-ficción heroica al estilo clásico, franqueando distancias inconcebibles, desafiando leyes físicas y gozando con las especulaciones de una imaginación desbordada.
— ¡Querías que me quemara los pies!
— Así es. No me mires tan extrañada. Te necesitamos. No queremos que te mates. Quiero que aprendas a tener cuidado. No has tenido ocasión de aprenderlo antes, conque te tocará descubrirlo ahora. Recordarás el dolor que sientes en los pies mucho después de haber olvidado todos mis sermones.
— ¡Me necesitáis! ¡Estás de broma! Sabes muy bien por qué me trajo Nessus. Soy un amuleto de la buena suerte que no ha servido de nada.
— Ahí sí que nos defraudaste. Puedes considerarte despedida como amuleto. Vamos, sonríe un poco. Te necesitamos de todos modos. Te necesitamos para que me tengas contento y no acabe violando a Nessus. Te necesitamos para que te ocupes de las tareas pesadas mientras nosotros tomamos el sol. Necesitamos tus inteligentes sugerencias.
Teela intentó sonreír. La sonrisa se hizo trizas y la muchacha rompió a llorar. Hundió la cabeza en el hombro de Luis comenzó a sollozar de un modo desgarrador, mientras le clavaba las uñas en el cuello.
No era exactamente la primera vez que una mujer l oraba en el hombro de Luis Wu; pero probablemente Teela tenía más motivos para hacerlo que la mayoría. Luis la estrechó, le pasó los dedos por la espalda en un intento de darle un masaje y esperó a que concluyera la crisis.
Con la boca aplastada contra su traje de presión, ella le dijo:
— ¡Cómo podía adivinar que la roca iba a quemarme!
— Recuerda las leves de Finagle. La perversidad del universo tiende a ser máxima. El universo es hostil.
— ¡Pero me hizo daño!
— La roca se volvió contra ti. Te atacó. Ahora escucha — dijo Luis en tono de súplica —. Tienes que acostumbrarte a pensar como una paranoica. A pensar como Nessus.
— No puedo. No sé cómo piensa él. No lo entiendo en absoluto. — Levantó el rostro manchado de lágrimas —. Tampoco te entiendo a ti.
Luis le hundió los pulgares bajo los omoplatos y luego comenzó a reseguir sus vértebras:
— Si te dijera que el universo es mi enemigo, ¿creerías que estoy loco?
Ella asintió con gesto enérgico.
— El universo está contra mí. El universo me odia. El universo no se preocupa de un hombre de doscientos años de edad. ¿Cómo surge una especie? A través de la evolución, ¿verdad? La evolución ha proporcionado a Interlocutor su visión nocturna y su sentido del equilibrio. La evolución ha proporcionado a Nessus el reflejo que le hace retroceder ante el peligro. La evolución desconecta el sexo de un hombre a los cincuenta o los sesenta años. Luego la evolución deja de ocuparse de él. Porque la evolución no tiene nada que hacer con un organismo que se ha hecho demasiado viejo para poder reproducirse. ¿Me sigues?
— Naturalmente. Eres demasiado viejo para reproducirte — dijo ella con amargo sarcasmo.
— Así es. Hace un par de siglos unos técnicos en biología extrajeron los genes de la ambrosía y produjeron extracto regenerador. Como consecuencia directa de ello, tengo doscientos años y aún me conservo en buena forma. Pero, desde luego, ello no es obra de un universo amable. El universo me odia. Ya intentado matarme más de una vez. Me gustaría que pudieras ver las cicatrices. Y no cejará en sus empeños — dijo Luis Wu.
— Porque eres demasiado viejo para reproducirte.
— ¡Vaya mujer! ¡Tú eres la que no sabes cuidarte! Estamos en territorio desconocido; no conocemos las normas de este lugar y no sabemos qué puede ocurrir en cualquier momento. Si sigues empeñándote en caminar sobre lava ardiente, es muy posible que la próxima vez salgas mal parada. Tienes que permanecer alerta. ¿Comprendes?
— No — dijo Teela —. No.
Luego, cuando ella se hubo lavado la cara, transportaron la cuarta aerocicleta hasta la compuerta. Los extraterrestres les habían dejado a solas durante media hora. ¿Habían decidido no inmiscuirse con dos humanos ocupados en problemas estrictamente humanos? Tal vez.
Entre dos altas paredes de lava negra se extendía una franja infinita de material base del anillo, tan liso como una mesa bien pulida. En primer plano se veía un enorme tubo catódico. Bajo la pared convexa del cilindro transparente había un montón de aparatos y cuatro extrañas figuras con aire un tanto desorientado.
— ¿Y qué haremos con el agua? — preguntaba Luis en ese momento —. No he visto ningún lago. ¿Tendremos que llevarnos nuestra propia reserva de agua?
— No. — Nessus abrió la sección posterior de su propia aerocicleta para mostrarles el depósito de agua y el extractor-refrigerador paria condensar agua del aire.
Las aerocicletas eran un milagro de diseño compacto. A excepción de los asientos, muy individualizados, las cuatro eran iguales: un par de esferas con cuatro patas, unidas por una zona más estrecha sobre la cual iba montado el asiento. La sección posterior estaba destinada a portaequipajes y había unas correas para sujetar piezas adicionales de equipo. Las cuatro patas planas, ahora extendidas como para un aterrizaje, se plegaban dentro de las dos esferas durante el vuelo.
La aerocicleta del titerote tenía un asiento inclinado y una depresión para el vientre con tres hendeduras para las piernas. Nessus permanecería tendido inmóvil sobre el vientre y controlaría el vehículo con las bocas.
Las aerocicletas destinadas a Luis y Teela iban equipadas con sillones acolchados con soportes para apoyar el cuello y una palanca que permitía variar la posición. Al igual que los de Nessus e Interlocutor, estos asientos estaban montado sobre la parte más estrecha de la estructura en forma de pesa de gimnasio de la aerocicleta, y también tenían soportes para las piernas. El asiento de Interlocutor era mucho más grande y ancho y carecía de soporte para la nuca. A ambos lados había unas correas para poner herramientas. ¿Estarían destinadas a sostener armas?
— Debemos llevarnos todo lo que pueda servirnos de arma — dijo Interlocutor mientras hurgaba infatigable en la maquinaria dispersa.
— No hemos traído armas — dijo Nessus —. La intención era presentarnos en son de paz, por eso no las trajimos.
— ¿Y qué es todo esto? — Interlocutor ya había conseguido reunir una pequeña colección de artefactos ligeros.
— Sólo herramientas — respondió Nessus. Se las fue señalando —: Esto son linternas laser con rayos variables. Por la noche permiten ver a gran distancia, pues es posible obtener un rayo de luz infinitamente delgado a base de hacer girar este anillo. Pero es preciso tener cuidado para no perforar ningún objeto o una persona que pudieran interponerse, pues el rayo puede graduarse hasta hacerlo de suma intensidad. Y estas pistolas de duelo nos sirven para resolver cualquier discusión que pueda surgir entre nosotros. Disparan una carga de diez segundos. Hay que tener cuidado de no tocar nunca este botón de seguridad porque…
— Porque entonces disparan una carga de una hora. Son un modelo jinciano, ¿verdad?
— Sí, Luis. Y este artefacto es un instrumento excavador modificado. Tal vez hayas oído hablar del instrumento excavador que encontraron en una caja estática esclavista…
Estaba hablando de un desintegrador de diseño esclavista, decidió Luis. El desintegrador era un instrumento para cavar.
Cuando su fino rayo de luz tocaba un punto, se suprimía temporalmente la carga de los electrones. La materia sólida, convertida súbita y violentamente en un campo positivo, tendía a desintegrarse en una nube de polvo monoatómico.
— No puede utilizarse como arma — gruñó el kzin —. La hemos estudiado. Es demasiado lenta para ser útil contra un enemigo.
— Exactamente. Un inocente juguete. Este objeto… — el objeto que el titerote tenía en la boca parecía una escopeta de dos cañones, con la salvedad de que la empuñadura era de un diseño característicamente titerote, como mercurio atrapado en el momento de transición de una forma a otra —. Este objeto es exactamente igual a la excavadora desintegradora de diseño esclavista, con la salvedad de que un rayo suprime la carga positiva del protón. Jamás deben utilizarse ambos rayos a la vez, pues son paralelos e independientes.