Turno de noche
- Автор: Кемпбелл Рэмси
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Turno de noche». Краткое содержание книги:
Los húmedos y silenciosos seres que han estado merodeando en el sótano pueden ser lentos, pero son inexorables. Esta librería no es un refugio. Es la puerta hacia un infierno como no hay otro igual.
Ramsey Campbell es el maestro de la novela psicológica, por encima de Stephen King, y su talento para transmitir lo más enrevesado de la mente humana no tiene parangón en la narrativa moderna. Sus novelas han sido adaptadas a la gran pantalla en dos ocasiones: Los sin nombre de Jaume Balagueró y El segundo nombre de Francisco Plaza.
Gavin
El primer autobús que sale de Manchester hacia Liverpool arroja sus últimas luces sobre Gavin, y la noche se cierne sobre su persona como un haz de hielo. No hay señales de civilización alrededor de la parada de autobús en el área de descanso, salvo por kilómetro y medio de carretera en tres direcciones distintas. La que le interesa es la del carril sinuoso ajustado entre sendas filas de setos a cada lado, tras la parada. Ha caminado menos de cien metros cuando las afiladas ramas se ciernen sobre el área iluminada, y se queda solo con la oscuridad color carbón del cielo cercano al amanecer. Se le está pasando el efecto del éxtasis, pero el speed con el que lo ha mezclado sigue en plena forma. Le está proporcionando energías y provocando que su mente juguetee con la posibilidad de que todo a su alrededor está a punto de cambiar de repente a un estado diferente. Nadie está amartillando una placa de metal; es simplemente el sonido de sus pisadas en la acera. No está rodeado de una masa informe de hielo gris, son los setos a ambos lados los que suenan del mismo modo. ¿De verdad está viendo un mudo destello de escarcha en la carretera? El piar mezclado con un agudo estrépito es un pájaro saliendo de la maleza. El aire frío estancado que no para de rozar su cara no proviene de una boca esperando expectante a tragarse el sol, es viento impregnado de niebla. Eso, más que su caminar, está retrasando el amanecer en el cielo rojo sangre, uno de los indicativos de que se acerca a Fenny Meadows. Se lo comentaría a alguien, si pensara que a alguien pudiera interesarle, que la niebla sabe diferente en los alrededores del complejo comercial, no solo rancia y algo decadente sino también con un indefinible sabor oculto, tan tenue que resulta virtualmente imperceptible. En ese caso, ¿cómo puede estar seguro de que está ahí? Lo único que sabe es que cada día de trabajo es un ápice más patente; le viene a la cabeza la comparación con un añadido realizado a una droga supuestamente pura. Ni siquiera sabe qué tipo de droga, o siquiera si se parece a alguna de todas las que ha probado.
Alguien ha estado paseando a un perro, o a varios, por el césped que bordea Fenny Meadows. Las huellas deben de haberse helado y luego derretido y de nuevo helado; también podrían no tener forma alguna, a pesar de la impresión aparente de que están luchando por tener una. ¿Dan las huellas la vuelta completa al complejo? Tampoco ve qué importancia podría tener eso, pero al cruzar la tierra endurecida salpicada de briznas de hierba en la parte trasera de Frugo, se da cuenta de su error. Las huellas que pensaba pertenecían a una o varias mascotas son del tamaño de unas huellas humanas, si bien la forma no es precisa, y las que tomó por las del dueño son bastante mayores. Debieron de haber sido provocadas por algún tipo de maquinaria durante las obras en el complejo, y se han deformado desde entonces. El regusto de la niebla parece alzarse desde su seca garganta hasta su cerebro para activar algún tipo de contacto eléctrico, hasta que deja de mirar las huellas, pasa Frugo y alcanza el aparcamiento.
Conoce el camino, a pesar de la niebla. Si el asfalto parece blando y poco estable bajo sus pies, es resultado de horas de baile bajo las luces parpadeantes del club y de su caminata por el lado de la carretera; ambas cosas deben de haberle adormecido los pies. Solo tiene que ir de una hilera de árboles a la otra; cuando pase cuatro hileras más debería tener Textos a la vista. La falta de sueño lo está afectando, los árboles cercanos a Frugo parecen estar hinchados, y como si perdieran su volumen solo cuando la niebla que los difumina se interna en ellos. Los otros de más allá tiene un aspecto más gris y grueso, y su carnosa apariencia parece hundirse en el terreno. A Gavin no le gusta mucho esa visión, aunque es preferible a la del tercer tocón convulsionándose y soltando una sustancia gris gelatinosa que desaparece en la tierra bajo él. Debe de estar fundiéndose con el viento que empuja a la niebla hacia él de camino al último simulacro de arboleda. Unas cuantas hojas secas vuelan a su encuentro, un par acaba en su manga y el resto se posa en el asfalto con tanto sigilo que capta su atención. ¿Son como arañas arrugadas o se lo está imaginando? Para tener ahora ese tamaño debieron de ser tan grandes como un puño cuando estaban vivas. El sabor de la niebla recorre su cabeza cuando se agita para quitarse de encima lo que tiene adherido a la manga. Pasa deprisa por al lado del árbol sesgado por el coche de Mad, sin saber por qué está acelerando. Su reloj le dice que nadie va a llegar a Textos hasta al menos dentro de otros quince minutos. Entonces una capa de niebla parece desprenderse del frontal de la tienda, permitiéndole la visión franca a través del escaparate de una figura que porta un arma y corre por uno de los pasillos.
Incluso cuando identifica a Woody, Gavin piensa que está persiguiendo a alguien y está a punto de darle un garrotazo para dejarlo inconsciente, o algo mucho peor. Es solo cuando Woody menea el objeto por encima de su cabeza y saca dos libros con la mano libre y los inserta en un hueco de la estantería que Gavin advierte que se trata de un libro. Para entonces Woody ya ha reparado en él. Su sonrisa sobrepasa todo límite, y de sus ojos parece saltar a brincos un saludo mientras abre la puerta.
– Eh, Gavin -dice a través del cristal-. ¿Creías que ibas a ganarme?
– ¿Ganarte en qué?
– ¿Cómo?
Ahora, con la puerta ya abierta, la pregunta no parece merecer la pena ser repetida, pero Woody le sonríe hasta que lo hace.
– ¿Ganarte en qué?
– En nada. Con el gusano. ¿Viene alguien detrás de ti?
Una vez Gavin pilla el sentido de la pregunta, es decir, si ha venido él solo, le responde:
– Nadie que yo sepa.
De todos modos, Woody asoma su sonrisa a la niebla y respira varias bocanadas de ella antes de cerrar la puerta, que repica como una campana subterránea. Gavin empieza a desear haber tardado más en llegar.
– ¿Has dicho algo sobre un gusano? -se siente forzado a preguntar.
– El que atrapa el pájaro madrugador. Tienes que comerte unos cuantos gusanos si pretendes volar. -Gavin emprende el camino a la sala de empleados con la esperanza de dejar atrás esa idea-. Espera un momento. Puedes ser el primero en verlo.
Gavin se da la vuelta para encarar la sonrisa de Woody y su respiración, que sigue intentando imitar a la niebla.
– ¿En ver qué?
– ¿No notas ninguna diferencia?
Su mirada se dirige más allá de Gavin, que se da la vuelta y le da la espalda. Al fondo del pasillo, la sección infantil tiene un aspecto casi imperceptiblemente ausente de color, y posiblemente desenfocado, como si un rastro de la niebla de cuyo sabor no puede desprenderse la cubriera. No cree que sea esa la circunstancia sobre la que Woody está llamando su atención con tanto ansia que siente su mirada en la nuca como un mordisco. Escudriña con más atención los libros infantiles y los pasillos colindantes.
– Todo está ordenado.
– Casi todo. Habré terminado antes de la hora de apertura. Quería enseñaros lo bien que puede quedar la tienda, cómo ha de estar cada mañana de ahora en adelante. Si yo puedo hacerlo solo, unos pocos de vosotros también podéis.
– ¿Cuánto tiempo has necesitado?
– El doble que dos de vosotros, el triple que, digamos, no sé, no importa, tres. Haz tú las cuentas.