El Clan De La Loba
- Автор: Carranza Maite
- Серия: La Guerra de las Brujas #1
- Язык: испанский
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «El Clan De La Loba». Краткое содержание книги:
Anaíd, que ha vivido durante sus catorce años de vida apartada en un pueblo del Pirineo, ignora los secretos que atañen a las mujeres de su familia… Hasta que la misteriosa desaparición de su madre, Selene la pelirroja, la enfrenta a una verdad tan escalofriante como increíble y la obliga a recorrer un largo camino cuajado de peligros y descubrimientos.
Selene, sin embargo, no se movía de su santuario.
En su joyero refulgían los diamantes, pero únicamente se los ponía de noche y a solas. Selene apagaba las luces y, a tientas, vestía sus dedos con las sortijas de brillantes. Ondeaba sus manos como las olas movidas por el viento en un simulacro de vuelo de mariposas, abría la ventana y contemplaba la luna. Aunque añoraba el aullido de los lobos de las montañas y el aire límpido y fresco del Pirineo, poco a poco sus sentidos se iban habituando al aire caliente de los pinos al atardecer, al sabor salado del mar, a la tibieza de la arena de la playa y al bochorno de los mediodías tendida en las frescas estancias de altísimos techos y ventanas entornadas que impedían pasar el sol.
Una de esas tardes en que el calor era tan sofocante que hasta las moscas sentían pereza de volar, oyó la conversación. Aguzó el oído y se mantuvo inmóvil.
Eran dos muchachas del pueblo que charlaban entre ellas mientras limpiaban los cristales de los ventanales armadas con cubos y paños.
A pesar de hablar en siciliano Selene pudo comprenderlas perfectamente.
– Primero la plaga que arruinó a los señores.
– Eso no es suficiente, Conccetta.
– ¡Sólo afectó a las tierras del duque!
– ¿Y qué?
– ¿Que de dónde llegaron las langostas? ¿Cómo apareció esa nube de repente y luego se esfumó como si nada? No venía de ninguna parte, Marella, no pasó el estrecho porque las langostas no estaban en la península.
– No puedes decir que son brujas sólo porque las langostas se comieron el trigo.
– ¿Y los jardines?
– Eso no me lo creo.
– Lo vi con mis propios ojos, Marella, mírame bien, mis ojos vieron cómo el césped amarillento se convertía en un césped verde y hermoso igual que un campo de golf. Y eso fue tras las palabras mágicas de la señora morena.
– Y si son brujas, ¿por qué mandaron pintar las habitaciones al pintor Grimaldi en lugar de hacer magia?
– Porque eso sí que se hubiera notado demasiado.
– Supersticiones.
– ¿Tú no has oído los rumores de Catania?
– ¿Qué rumores?
– Han desaparecido dos bebés, y encontraron a una muchacha desangrada.
– ¿Qué insinúas con eso?
– Desde que llegaron las señoras. Fíjate bien, desde esa misma noche, esa misma noche desapareció un bebé y eso es lo más gordo…
– ¿Qué?
– Yo oí claramente el llanto de un niño en el palacio.
– No puede ser, quieres decir que…
– ¡Han sido ellas! La morena sale a buscarlos y la pelirroja los desangra.
– ¿Es más bruja la pelirroja?
– Tiene el pelo rojo de sangre. Fue ella.
– ¿Qué hacemos? ¿Se lo decimos a alguien?
Las dos muchachas palidecieron. Ante ellas, salida de la nada, se encontraba la misteriosa extranjera del pelo rojo mirándolas con sorna a través de los cristales. Con el miedo desbordándoles todos los poros de la piel, dieron un paso atrás.
– Concceta, dime, ¿a quién pensabais decirle todo eso?
– A nadie, señora.
– Marella…, así que piensas que soy una bruja poder rosa. ¿No es cierto?
– No, señora, no.
– Acabo de oírlo: puedo lanzar plagas de langosta, convertir la hierba seca en césped fresco y me alimento de doncellas y niños. ¿Es eso?
– No, señora, eso son patrañas, cuentos chinos. Nosotras no creemos en brujas.
– Mejor, porque… vais a olvidaros de todo.
– ¿Cómo dice, señora?
– Pues que ahora mismo, en cuanto chasquee mis dedos, os olvidaréis de todo lo que ha sucedido durante estos últimos días. ¡Ya!
Conccetta y Marella cerraron los ojos un instante y al abrirlos de nuevo vieron ante sí a una bella mujer con el cabello rojo vestida con un ligero vestido de seda floreado.
No tenían ni idea de quién era.
PROFECÍA DE TAMA
La luna hollará la tierra en su honor
y protegerá su morada
mostrando con sus pálidos rayos
el aura inequívoca de su elegida.
Un meteorito lunar
negro y frío
abrigará sus noches
y enjuagará su pena.
El filo de la piedra de luna
hiende el mal
en la carne lacerada
devolviendo su reflejo.
CAPÍTULO XVIII
Anaíd cerró los ojos para absorber mejor las palabras de Valeria y gozar de la placentera sensación de hallarse a merced de las olas. No, no era ningún sueño, estaba navegando a bordo de un velero, y ese mar tímido de un azul exultante se asemejaba más a un lago que a un océano. Anaíd, con los párpados entornados y la suave caricia del viento y el sol en su rostro, se abandonó a la firme voz de Valeria que saciaba su curiosidad.
– No se sabe a ciencia cierta cuántas Odish hay. Calculamos que un centenar a lo sumo. Mueren muy pocas, filas se preocupan de impedirlo. Su apuesta por la inmortalidad las hace temibles y muy sabias, han vivido todas las épocas y han sobrevivido a todas las catástrofes. Sólo algunas, contadas con los dedos de las manos, han optado por ser madres y tener descendencia. Tal vez lo han hecho sucumbiendo a la curiosidad o por pura torpeza, pero el caso es que han visto mermados sus poderes y han envejecido más que las otras. A diferencia de las miles de Omar que existimos diseminadas en tribus, clanes y linajes y que necesitamos de un lenguaje común para comunicarnos y de signos y símbolos para recono-cernos e identificarnos, las Odish no tienen problemas, conocen infinidad de lenguas y, lo que es peor, se conocen al dedillo entre ellas. Tienen miles de años. Imagínate las miles de rencillas que surgen durante tanto tiempo. Las luchas entre las Odish, cuando suceden, son encarnizadas y terribles. En cuanto a su aspecto, es lo más sorprendente. Se mantienen eternamente jóvenes. Para ello, muchas veces fingen sus muertes y se hacen pasar por sus propias hijas, nietas y así sucesivamente. Lo hacen para no abandonar su estatus de poder y sus privilegios. Una vez conseguidos, les resulta más cómodo mantenerlos. Por eso muchas Odish compraron títulos y tierras y se ocultaron durante siglos amparadas en los privilegios de la aristocracia y parapetadas en sus altos castillos. Vivían cerca del poder, de las cortes y pululaban en torno a la realeza participando en intrigas y conjuras palaciegas. Recientemente, un estudio de Stikman, una prestigiosa Ornar del clan de la lechuza, puso nombre y apellidos a las Odish responsables de los principales magnicidios de la vieja Europa, la más documentada. El caso más famoso fue el de Juana de Navarra, reina de Francia. Las Odish estaban ahí, ellas fueron las instigadoras en la sombra, las que proporcionaban los venenos, los puñales y las pócimas. Las Odish no tienen escrúpulos. Con sus conjuros compran y venden afectos; con sus pócimas envenenan a sus enemigos; con sus aliados, los muertos que no descansan, trasgreden las conciencias de los vivos, y con su poder y su magia negra dominan los mares, los ríos, las tormentas, los vientos, los terremotos y los fuegos.
– ¿Entonces es cierto?
Anaíd, que hasta el momento había permanecido callada y atenta, no pudo resistir la tentación de interrumpir la explicación de Valeria.
– ¿El qué?
– Que conjuran las tormentas, el viento, la lluvia, el granizo.