Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
Las Hijas del Frío - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Las Hijas del Frío

Электронная книга - «Las Hijas del Frío». Краткое содержание книги:

Strömbad, 1923. La joven y bella Agnes, hija de un rico empresario, se encapricha de Anders, uno de los trabajadores de su padre, y se queda embarazada, lo que da lugar a una serie de acontecimientos terribles y dramáticos cuyas consecuencias se arrastran hasta el presente.
Fjällbacka, época actual. La escritora Erica Falck y su pareja, el detective Patrik Hedström, acaban de tener una hija, pero a pesar de la alegría que trae la pequeña al hogar, la pareja debe hacer frente a toda una serie de nuevas preocupaciones. La niña llora mucho, su madre sufre una depresión posparto y Patrik está constantemente cansado. Afortunadamente, Erica encuentra mucho apoyo en Charlotte, madre de Sara, una niña de siete años, pero entonces se produce un terrible drama: un pescador halla el cadáver de la pequeña en el mar.
Al principio, todo apunta a que se trata de un accidente, sin embargo la autopsia revela que la niña fue ahogada en una bañera antes de ser arrojada al mar… La abuela de la víctima acusa inmediatamente a Kaj, un vecino malhumorado con el que la familia mantiene un grave enfrentamiento desde hace años.
Cuando a los pocos días otro niño es atacado, el pánico cunde en la pequeña población de Fjällbacka y Patrik, muy afectado por este caso que parece complicarse por momentos, llega incluso a temer por la seguridad de su propia hija.
Tan sólo gracias a su gran constancia, el infatigable detective Patrik logra finalmente establecer los lazos entre esa trágica historia de conflictos familiares del pasado y el crimen ocurrido en la actualidad.
1 ... 35 36 37 38 39 40 41 42 43 ... 114
Перейти на страницу:

A punto de echarse a llorar, por fin bajó del coche e hizo un mohín al notar que se le hundía el pie en el barro. Y no mejoraba la situación el hecho de que llevase sus preciosos zapatos rojos con la punta descubierta: la humedad y el barro le mojaron las medias y los dedos. Por el rabillo del ojo vio cómo la gente apartaba las cortinas para permitir que sus ojos curiosos contemplasen el espectáculo. Agnes se irguió. Que mirasen hasta quedarse ciegos, pues. ¿Qué le importaba a ella lo que pensaran y opinaran? Simples siervos, eso es lo que eran, y seguramente no habían visto a una verdadera dama en su vida. En fin, no sería la suya una larga estancia en aquel lugar. Ya se ingeniaría el modo de salir de allí; jamás se había visto antes en una situación de la que no pudiese salir con sus encantos o con mentiras.

Resuelta, tomo la maleta y fue trastabillando hasta el barracón.

* * *

En la pausa matinal, Patrik y Gösta le contaron a Martin y a Annika lo que había pasado el día anterior. Ernst no solía aparecer antes de las nueve de la mañana y Mellberg consideraba que compartir los descansos con el personal podía minar su imagen de jefe, de modo que se quedaba en su despacho.

– ¿Pero esa mujer no comprende que eso es tirar piedras contra su propio tejado? -preguntó Annika-. Debería estar más interesada en que os concentrarais en buscar al asesino en lugar de seguir con esos líos -continuó, como un eco de lo que Patrik y Gösta se habían dicho el día anterior.

Patrik meneó la cabeza y añadió:

– No entiendo si lo que le pasa es que no ve más allá de sus narices o si, sencillamente, está loca. Pero lo mejor es que lo olvidemos. Con un poco de suerte, logramos infundirle cierto temor ayer, así que no volverá a hacerlo. ¿Tenemos algo más con lo que seguir adelante?

Nadie dijo una palabra. La ausencia de pruebas y de pistas con las que trabajar era alarmante.

– ¿Cuándo dijiste que tendríamos los resultados del Instituto Forense? -preguntó Annika rompiendo el tenso silencio reinante.

– El lunes -respondió Patrik.

– ¿La familia está totalmente libre de sospecha? -quiso saber Gösta, que los observaba a todos sin dejar de beber café.

Patrik recordó de pronto el extraño tono de Erica la noche anterior, cuando él sacó a relucir las coartadas de la familia. Además, había algo a lo que él había estado dándole vueltas; ahora sólo faltaba saber de qué se trataba…

– Por supuesto que no -contestó-. La familia siempre se encuentra entre los sospechosos, pero no hay nada concreto sobre lo que indagar.

– ¿Cómo son sus coartadas? -preguntó Annika.

La joven se sentía por lo general bastante al margen de las investigaciones, por lo que solía agradecer los momentos en que tenía la posibilidad de enterarse de lo que pasaba con más detalle.

– Verosímiles, pero por comprobar aún, diría yo -respondió Patrik antes de levantarse para ir a la cocina por más café-. Charlotte se pasó la mañana acostada en la planta baja, pues tenía una crisis de migraña. Stig también estaba dormido, según él mismo dice. Se había tomado un somnífero y no tenía ni idea de lo que pasó. Lilian estaba en casa cuidando del pequeño Albin y despidió y vio salir a Sara. Y Niclas estaba en el trabajo.

– Es decir, que la mayoría de ellos no tiene una coartada segura -dijo Annika secamente.

– Tienes razón -opinó Gösta-. Hemos tenido muchos reparos a la hora de emplearnos duro con ellos, pero sus datos son cuestionables, de eso no cabe duda. Aparte de Niclas, nadie puede confirmar su coartada.

¡Eso! Eso era lo que le había estado corroyendo el subconsciente. Patrik empezó a caminar nervioso de un lado a otro.

– No es posible que Niclas estuviese en su trabajo. ¿No lo recuerdas? -le preguntó a Martin, que lo miraba sin comprender-. No hubo forma de localizarlo aquella mañana. Y tardó casi dos horas en aparecer en su casa. ¿Acaso sabemos dónde estuvo? ¿Y por qué mintió después diciendo que estaba en el centro médico?

Martin no sabía qué responder. ¿Cómo se les había escapado aquello?

– ¿No deberíamos interrogar también a Morgan, al hijo del vecino? Sea verdad o no, hay una serie de denuncias presentadas contra él por merodear y fisgar por las ventanas para ver a Lilian desnuda, según la información. Aunque vete tú a saber por qué alguien querría ver algo así -dijo Gösta dando otro sorbo de café al tiempo que los miraba maliciosamente.

– Esas denuncias son muy antiguas y, como tú insinúas, no habrá mucho de verdad en ellas, especialmente después de lo que ocurrió ayer.

Patrik oía su propia impaciencia. No estaba muy seguro de querer perder el tiempo indagando en las mentiras de Lilian, ni en las antiguas ni en las nuevas.

– Por otro lado, ya hemos constatado que no tenemos demasiado con lo que trabajar… -apuntó Gösta con las palmas de las manos extendidas.

Tres pares de ojos se quedaron mirándolo atónitos, pues no era propio de él tomar la iniciativa.

Pero justo por lo insólito del hecho, tal vez deberían escucharlo. Con la intención de apoyar lo que acababa de decir, Gösta añadió:

– Además, si no recuerdo mal, desde la cabaña del chico se ve la casa de los Florin, de modo que quizá observó algo aquella mañana.

– Tienes razón -admitió Patrik, que no pudo evitar sentirse algo estúpido.

Debería haber pensado en que Morgan podía al menos ser un testigo potencial.

– Bien, haremos lo siguiente: tú y Martin hablaréis con Morgan Wiberg, yo y… -aquí guardó silencio, pero enseguida se obligó a pronunciar el nombre-, y Ernst le echaremos un vistazo más de cerca al padre de Sara y nos veremos todos aquí a primera hora de la tarde.

– ¿Y yo? ¿Hay algo que yo pueda hacer? -preguntó Annika.

– Estate atenta al teléfono. A estas alturas, la prensa ha debido de sacar algo ya y, si hay suerte, alguien llamará para dar información útil.

Annika asintió y se levantó para dejar la taza en el lavaplatos. Los demás la imitaron y Patrik fue a su despacho para aguardar la llegada de Ernst. En primer lugar, tendría una conversación con él sobre la importancia de ser puntual en el trabajo, en especial con una investigación de asesinato en curso.

Mellberg sentía que el destino se acercaba a pasos agigantados. Sólo quedaba un día. La carta seguía en el primer cajón. No había osado volver a mirarla. Además, se la sabía de memoria. Le sorprendía que los sentimientos que abrigaba fuesen tan contradictorios. Su primera reacción había sido de ira, desconfianza y furia. Pero poco a poco también empezó a abrigar una esperanza. Y dicha esperanza lo sorprendió por completo. Siempre había considerado que su vida era casi perfecta, al menos hasta que lo trasladaron a aquel agujero. A partir de ahí, se vio obligado a admitir que le había ido un poco cuesta arriba, pero aparte del ascenso del que se consideraba merecedor, no creía que le faltase nada. Claro que la vergonzosa historia de Irina le proporcionó motivos para pensar que quizá deseara más cosas en la vida, pero no tardó en echar al olvido aquel episodio sin importancia.

Para él siempre había sido una cuestión de orgullo no necesitar a nadie. La única persona con la que había tenido una relación íntima y con la quería tener una relación íntima era su querida madre, y ella ya había dejado este mundo. Pero aquella carta significaba que las cosas tal vez pudieran cambiar.

Sentía su respiración pesada y dificultosa, y también una mezcla de miedo y de impaciente curiosidad. Por un lado, quería que aquel día pasara cuanto antes para que la incertidumbre de hoy se viese sustituida por la certeza de mañana. Sin embargo, al mismo tiempo quería que el día pasara tan despacio que casi se detuviese.

Alguna vez consideró la posibilidad de ignorarlo todo, arrojar la carta a la papelera y esperar que el problema se resolviera solo, pero sabía que no funcionaría.

1 ... 35 36 37 38 39 40 41 42 43 ... 114
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)