Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
Como casarse con un Marqués - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Como casarse con un Marqués

Электронная книга - «Como casarse con un Marqués». Краткое содержание книги:

Cuando Elizabeth Hotchkiss se hizo con una copia del libro?Como casarse con un marqués?, lo hizo en el momento apropiado. Ella debía casarse por dinero para mantener a sus hermanos y una guía sobre seducción puede ser justo lo que necesita?. Pero cuando James Sidwell, marqués de Riverdalle, se ofrece a ayudarla a encontrar un marido, nunca soñó que el único candidato que podía proponer era él mismo?
1 ... 35 36 37 38 39 40 41 42 43 ... 76
Перейти на страницу:

Elizabeth trató de no fruncir el ceño ante su interferencia. "Estaba preparando un paño mojado para el señor Siddons, que se lastimó el ojo, y entonces volqué el cubo, y – "

"¿Cómo es que el cubo esta en pie todavía? " preguntó él.

"Porque yo lo enderecé," dijo Elizabeth, abruptamente.

Lucas parpadeó, y retrocedió un paso.

"Probablemente debería marcharme," dijo James.

Elizabeth echó un vistazo en su dirección. Él se sacudía el agua de las manos, y parecía notablemente sereno, considerando que ella acababa de empaparlo sin aviso previo.

Susan carraspeó. Elizabeth la ignoró. Susan carraspeó otra vez.

“¿Podría tener primero una toalla? " murmuró James.

"Oh, sí, desde luego. "

Susan carraspeó de nuevo, un enorme y seco sonido que hacia que uno desease tener a mano un doctor, un cirujano, y un hospital limpio y bien alumbrado. Por no mencionar un cuarto de cuarentena.

"¿Qué sucede, Susan? " siseó Elizabeth.

“¿Podrías presentarme? "

"Oh, sí. " Elizabeth sintió que sus mejillas se encendían ante este obvio descuido del protocolo. “Señor Siddons, ¿me permite presentarle a mi hermana menor, la señorita Susan Hotchkiss? Susan, este es – "

"¿Señor Siddons? " jadeó Susan.

Él sonrió e inclinó su cabeza con buenos modales. "Parece como si hubiera oído hablar de mi. "

"Oh, de ninguna manera," contestó Susan, con tal rapidez que cualquier tonto podía ver que mentía. Ella sonrió -demasiado, en opinión de Elizabeth – y luego rápidamente cambió de tema. "¿Elizabeth, le has hecho algo nuevo a tu pelo? "

"Está mojado," le espetó Elizabeth.

"Lo sé, pero aún así, parece – "

"Mojado. "

Susan cerró la boca, pero de alguna manera logró decir, "Lo siento", sin despegar los labios.

"Señor Siddons, debería estar ya de camino," dijo Elizabeth desesperadamente. Dio un paso adelante y lo agarró por el brazo. “Le acompañaré a la puerta. "

"Ha sido un placer conocerla, señorita Hotchkiss," dijo él a Susan por encima de su hombro -no podía haberlo hecho de ninguna otra forma, ya que Elizabeth lo había arrastrado, pasando por delante de los tres Hotchkiss más jóvenes y en ese momento lo empujaba por la puerta al vestíbulo. “Y a usted, también. “¡Lucas! " lo llamó. "¡Debemos ir a pescar un día! "

Lucas gritó con regocijo y entró corriendo en el vestíbulo tras ellos. "Oh, gracias, señor Siddons. ¡Gracias! "

Elizabeth tenía a James prácticamente en los escalones delanteros cuando él de pronto se paró y dijo, “Hay una cosa más que tengo que hacer. "

“¿Qué más le queda por hacer? " exigió ella. Pero él se había soltado ya de su apretón y caminó a zancadas hacia la puerta de la cocina. Cuando pensó que él estaba fuera del alcance del oído, masculló, "me parece que ya hemos hecho de todo hoy. "

Él le sonrió con picardía por encima de su hombro. “De todo no. "

Ella chisporroteó y balbució, tratando de dar con una réplica apropiadamente mordaz, cuando él arruinó completamente el momento derritiendo su corazón.

"Oh, Jane," la llamó, apoyándose en el quicio de la puerta.

Elizabeth no podía ver el interior de la cocina, pero podía imaginar perfectamente la escena, como su hermanita levantaba la cabeza, sus ojos azules oscuros abriéndose asombrados de par en par.

James envió un beso a la cocina. "¡Adiós, dulce Jane!. Lamento verdaderamente que no seas un poco más mayor. "

Elizabeth suspiro beatíficamente y se hundió en una silla. Su hermana soñaría con aquel beso durante el resto de su infancia.

* * *

Su discurso estaba sobreensayado, pero el sentimiento era indudablemente sincero. Elizabeth sabía que tenía que enfrentarse a James por su escandaloso comportamiento, y estuvo toda la noche y hasta la mañana siguiente imaginándose la conversación en su cabeza. Aún estaba recitando sus palabras cuando marchó penosamente a través del lodo – había llovido la noche anterior – hacia Danbury House.

Este plan – este raro, extraño e incomprensible plan que, se suponía, iba a depositarla en el altar-necesitaba reglas. Máximas de comportamiento, directrices, ese tipo de cosas. Porque si no tenía alguna idea de lo que podía esperar en compañía de James Siddons, iba a volverse loca.

Por ejemplo, su comportamiento de la tarde anterior era claramente una señal de una mente confundida. En un ataque de pánico se había mojado entera. Por no mencionar su licenciosa respuesta al beso de James.

Tendría que adoptar un mínimo de control. Se negaba a ser un caso de caridad para su entretenimiento. Insistiría en retribuirle por sus servicios, y se acabó.

Además, él no podía cogerla y abrazarla cuando ella no se lo esperaba. Aunque sonase absurdo, sus besos iban a tener que permanecer puramente académicos. Era el único modo en que conseguiría salir de este episodio con el alma intacta.

En cuanto a su corazón, bueno, probablemente era ya una causa perdida.

Pero no importa cuantas veces ensayó el pequeño discurso que había preparado, sonaba mal. Primero demasiado mandón, después demasiado débil. Demasiado estridente, y luego demasiado lisonjero. ¿Pero dónde se supone que podía una mujer buscar consejo?

Tal vez debería echar otro vistazo a Cómo casarse con un Marqués. Si necesitaba reglas y edictos, seguramente los encontraría ahí. Quizás la señora Seeton había incluido algo sobre cómo convencer a un hombre sin insultarlo mortalmente. O cómo conseguir que un hombre hiciera lo que una quería haciéndolo creer que todo había sido idea de él. Elizabeth estaba segura de que había visto algo al respecto en sus lecturas.

Y si no lo había, seguro como que existe el cielo, que debería haberlo.

Elizabeth no podía imaginarse una habilidad más útil. Había sido uno de los pocos consejos femeninos que su madre le había transmitido antes de morir. "Nunca te atribuyas el merito," le había dicho Claire Hotchkiss. "Conseguirás mucho más si le dejas que crea que él es el hombre más listo, más valiente y más poderoso de todo el mundo. "

Y por lo que pudo observar Elizabeth, funcionaba. Su padre había estado total y locamente enamorado de su madre. Anthony Hotchkiss no había sido capaz de ver nada más-ni siquiera a sus hijos- cuando su esposa entraba en una habitación.

Lamentablemente para Elizabeth, cuando su madre le había dado el consejo sobre que hacer con un hombre, nunca vio la necesidad de explicarle cómo llevarlo a cabo.

Tal vez esto era intuitivo para algunas mujeres, pero ciertamente no para Elizabeth. ¡Cielos!, si no le quedó más remedio que consultar una guía para que le indicase que decir a un hombre, como iba a poder hacerle creer que sus ideas eran en realidad de él.

Aun estaba intentando dominar las reglas más básicas del cortejo. Está parecía una técnica muy avanzada.

Elizabeth se sacudió el lodo de sus pies sobre los escalones exteriores de Danbury House, entró por la puerta principal y escabulléndose por el vestíbulo y entrando en la biblioteca. Lady D estaría todavía desayunando y esta parte de la casa estaba en silencio, y ese maldito libro la esperaba…

Anduvo por la elegante alfombra que cubría casi todo el vestíbulo. Algo en el silencio le parecía sagrado -por supuesto puede que tuviera algo que ver con la interminable discusión que tuvo que soportar durante el desayuno cuando Lucas y Jane habían peleado por quién debía limpiar. En el momento en que sus pies tocaron el suelo, sonaron como un terrible estruendo, retumbando por el vestíbulo, y haciendo trizas sus ya crispados nervios.

Corrió hacia la biblioteca, inhalando el olor a madera pulida y libros viejos. Como disfrutaba estos breves momentos de aislamiento. Con un movimiento lento y cuidadoso, ella cerró la puerta tras ella y escudriñó las estanterías. Allí estaba, puesto de lado en la misma estantería donde ella lo había encontrado sólo unos días antes.

1 ... 35 36 37 38 39 40 41 42 43 ... 76
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)