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De muerto en peor

Электронная книга - «De muerto en peor». Краткое содержание книги:

La comunidad sobrenatural de Bon Temps, Luisiana, se está recuperando de dos duros golpes: el desastre natural del huracán Katrina y los acontecimientos de la cumbre vampírica el mes anterior en la norteña ciudad de Rhodes. Sookie Stackhouse está a salvo, aunque un poco aturdida, deseosa de que todo vuelva a la normalidad. Pero la normalidad no termina de llegar. Demasiados vampiros -algunos amigos, otros no- han sido asesinados o heridos y su novio tigre, Quinn, está en el grupo de los desaparecidos.
Las cosas están cambiando, les guste o no a los cambiantes y a los vampiros de su rincón de Luisiana. Y Sookie, amiga del grupo y con un vínculo de sangre con Eric Northman, líder de la comunidad vampira local, se ve en el meollo de cambios.
En las subsiguientes batallas, Sookie ha de enfrentarse al peligro, la muerte y, una vez más, a la traición de alguien a quien quiere. Y justo cuando todo el pelaje ha terminado de volar por los aires y toda la sangre fría ha acabado de fluir, su mundo se verá alterado para siempre…
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Escarbé en mi cabeza en busca de otras piezas de información. La Zona Cinco, en la parte norte del estado, tenía una gran extensión. Eric era más rico y más poderoso de lo que me imaginaba. Debajo de él, y con un territorio semejante, estaban la Zona Tres de Cleo Babbitt y la Zona Dos de Arla Yvonne. Descendiendo hacia el Golfo desde la esquina sudoeste del Misisipi se encontraban las grandes zonas que habían estado antiguamente en manos de Gervaise y la reina, Cuatro y Uno respectivamente. Podía imaginarme el retorcimiento vampírico que había dado lugar a aquella numeración y disposición.

Estuve examinando el mapa unos cuantos minutos más antes de borrar todas las líneas finas que había dibujado. Miré el reloj. Había transcurrido casi una hora desde mi conversación con Eric. Melancólica, me cepillé los dientes y me lavé la cara. Después de meterme en cama y rezar mis oraciones, permanecí despierta un buen rato. Reflexioné sobre la innegable verdad de que, en aquel momento, el vampiro más poderoso del estado de Luisiana era Eric Northman, el rubio que en su día fuera mi amante. Eric había dicho en mi presencia que no quería ser rey, que no quería hacerse con más territorio; y desde que había visto con mis propios ojos la extensión actual de su territorio, comprendía aún más su afirmación.

Creía conocer un poco a Eric, tal vez todo lo que un ser humano puede llegar a conocer a un vampiro, lo que no significa que mi conocimiento fuera profundo. No creía que quisiera hacerse con el estado, pues de desearlo ya lo habría hecho. Estaba claro que su poder significaba llevar una diana gigante clavada en la espalda. Necesitaba intentar dormir. Volví a mirar el reloj. Había pasado una hora y media desde que había hablado con Eric.

Bill se deslizó en silencio en mi habitación.

– ¿Qué sucede? -pregunté, intentando mantener la voz muy tranquila, muy calmada, pese a que hasta el último nervio de mi cuerpo había empezado a temblar.

– Estoy inquieto -dijo con su fría voz; casi me echo a reír-. Pam ha tenido que marcharse a Fangtasia. Me ha llamado para que ocupe su lugar aquí.

– ¿Por qué?

Se sentó en la silla que había en un rincón. Mi habitación estaba casi a oscuras, pero las cortinas entrecerradas permitían el paso de la luz de seguridad del jardín. Tenía, además, una luz de noche en el baño, lo que me permitía adivinar los perfiles de su cuerpo y vislumbrar sus facciones. Bill mostraba cierto resplandor, como todos los vampiros.

– Pam no ha conseguido contactar con Cleo por teléfono -dijo-. Eric ha tenido que ausentarse del club para hacer un recado y Pam tampoco ha logrado localizarlo a él. Pero yo le he dejado un mensaje en el contestador y seguro que responderá. El problema es que Cleo no conteste.

– ¿Son amigas Pam y Cleo?

– No, en absoluto -dijo sin darle importancia-. Pero tendría que responder si la llamamos al supermercado que tiene abierto toda la noche. Cleo siempre contesta.

– ¿Y por qué intentaba Pam contactar con ella?

– Se llaman noche sí, noche no -dijo Bill-. Luego, Cleo llama a Arla Yvonne. Tienen una cadena. Que no debería romperse, y menos en los tiempos que corren. -Bill se levantó con una velocidad que me resultó imposible seguir-. ¡Escucha! -susurró, en un tono de voz tan suave como el aleteo de una mosca-. ¿Has oído?

Yo no había oído nada de nada. Permanecí inmóvil bajo las sábanas, deseando ardientemente que todo aquello acabara. Hombres lobo, vampiros, problemas, peleas…, pero no tendría esa suerte.

– ¿Qué has oído? -pregunté, intentando hablar tan flojito como Bill, un esfuerzo condenado al fracaso.

– Alguien se acerca -dijo.

Y entonces oí que llamaban a la puerta principal. Una llamada muy suave.

Retiré las sábanas y me levanté. Estaba tan nerviosa que no encontré mis zapatillas. De modo que me dirigí descalza hacia la puerta del dormitorio. Era una noche gélida y aún no había puesto en funcionamiento la calefacción; las suelas de mis pies chocaron con el frío de la madera pulida del suelo.

– Iré a abrir yo -dijo Bill, y se plantó delante de mí sin que ni siquiera lo viera moverse.

– Por todos los santos -murmuré, y le seguí. Me pregunté dónde estaría Amelia: ¿estaría durmiendo arriba o en el sofá del salón? Confiaba en que estuviera dormida. Estaba tan asustada que me la imaginé muerta.

Bill se deslizó en silencio por la casa oscura, recorrió el pasillo, cruzó el salón (que olía aún a palomitas), se plantó delante de la puerta de entrada y oteó por la mirilla, un gesto que encontré gracioso. Tuve que taparme la boca con la mano para no echarme a reír como una tonta.

Nadie disparó a Bill a través de la mirilla. Nadie intentó echar la puerta abajo. Nadie gritó.

El continuo silencio me puso la carne de gallina. Ni siquiera vi moverse a Bill. Noté su fría voz justo detrás de mi oído derecho.

– Es una mujer joven. Lleva el pelo teñido de blanco o de rubio, muy corto y con las raíces oscuras. Escuálida. Es humana. Está asustada.

Y no era la única.

Me esforcé en pensar quién podía ser aquella chica que llamaba a mi puerta en plena noche. De pronto, me imaginé quién era.

– Frannie -dije con voz entrecortada-. La hermana de Quinn. Tal vez.

– Déjame entrar -dijo una voz de chica-. Déjame entrar, por favor.

Era igual que en una historia de fantasmas que había leído tiempo atrás. Se me pusieron los pelos de punta.

– Tengo que contarte lo que le ha pasado a Quinn -dijo Frannie, y me decidí al instante.

– Abre la puerta -le dije a Bill, esta vez con mi voz normal-. Tenemos que dejarla entrar.

– Es humana -dijo Bill, como si fuese algo extraño-. ¿Hasta qué punto podría ser problemática? -Abrió la puerta.

No voy a decir que Frannie entrara de sopetón, pero sí que no perdió tiempo en cruzar la puerta y cerrarla de un portazo a sus espaldas. Mi primera impresión de Frannie, que había mostrado una actitud agresiva y muy poco encanto, no había sido buena, pero había podido conocerla un poquito mejor cuando acompañó a Quinn en el hospital, después de la explosión. Había tenido una vida complicada, y quería mucho a su hermano.

– ¿Qué ha pasado? -le pregunté escuetamente en cuanto Frannie tropezó con la primera silla que encontró y se derrumbó en ella.

– Tenía que haber un vampiro en tu casa… -dijo-. ¿Puedo tomar un vaso de agua? Después intentaré hacer lo que Quinn quiere que haga.

Corrí a la cocina para prepararle el vaso de agua. Encendí la luz de la cocina pero dejé a oscuras el salón.

– ¿Dónde está tu coche? -preguntó Bill.

– Se averió a un kilómetro y pico de aquí -respondió-. Pero no podía quedarme esperando. He llamado a una grúa y he dejado las llaves puestas en el contacto. Confío en que lo retiren de la carretera y de la vista de todo el mundo.

– Cuéntame ahora mismo qué está pasando -dije.

– ¿La versión corta o la larga?

– La corta.

– Los vampiros de Las Vegas vienen a apoderarse de Luisiana.

Aquello nos aguó la fiesta.

Capítulo 11

La voz de Bill resonó acalorada.

– ¿Dónde, cuándo, cuántos?

– Han eliminado ya a varios sheriffs -dijo Frannie, y adiviné que en el fondo le hacía gracia tener que comunicar una noticia tan trascendental-. Fuerzas de pequeño tamaño se encargan de liquidar a los más débiles, pero hay un ejército más grande que está preparándose para rodear Fangtasia y acabar con Eric.

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