Pasión desenfrenada
- Автор: Ортолон Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Pasión desenfrenada». Краткое содержание книги:
Laura Morgan anhela independizarse, tal como hizo hace tanto tiempo su amigo Brent Michaels. A pesar de crecer en un barrio peligroso y sin recursos, Brent ha logrado cumplir sus sueños y triunfar en la vida. Pero, incluso cuando le advierte que es incapaz de amar, Brent no rechaza su amor. Pues Laura logra atraerlo como ninguna otra mujer pudo hacerlo. De lo único que Brent está seguro es que la pasión desenfrenada que siente por Laura puede ser su perdición…
“Ocasionalmente aparece un libro excepcional. Éste es ese libro. Si usted solamente lee unas pocas novelas al año, le recomiendo coloque a este título en la lista de títulos que “se deben leer”. El libro está extremadamente bien escrito, con un muy buen desarrollo de la psicología de los personajes y con una trama muy bien construida. Una historia a veces divertida, a veces triste, pero muy sexy. Es siempre un placer descubrir un nuevo autor que escribe tan bien.”
New York Times Review
A pesar de la rabia, la invadió un mal presentimiento:
– ¿Te veré mañana, de todas maneras?
Él se detuvo en seco, claramente ofendido:
– Te dije que te llevaría a casa, ¿no es cierto?
Ella abrazó su bolso, apretándolo contra el pecho:
– Me puedo tomar el ómnibus, si prefieres no hacerlo.
– Cielos -comenzó a volverse, y luego giró con rapidez-. ¿Por qué te estás comportando así?
– ¿Cómo? -se puso tensa. ¡Era él quien se estaba comportando de forma extraña!
– Sólo dime a qué hora debo buscarte.
– A las nueve -respondió ella, sin estar segura de si deseaba que él la llevara a su casa, si iba a tener esta actitud.
– Perfecto. Te veré a las nueve -echó un vistazo a su reloj-. Pero ahora debo volver al trabajo. Entremos tus cosas.
– Yo me ocupo -lo bloqueó con el hombro.
– Está bien, bueno, entonces te veré en la mañana -le dio un beso rápido e impersonal en el mentón, se metió en el auto, y se fue.
Ella se quedó mirando fijo, sin saber si debía sentirse enojada o triste, y sin saber cuál de esas emociones estaba sintiendo Brent. Pero maldita sea, se negaba a ser tratada como una indefensa debilucha.
– ¿Me quieres contar a qué se debía la escena que transcurrió afuera? -preguntó Melody, cuando Laura se agachó para sentarse con las piernas cruzadas frente a la mesa de centro. Habían pasado la tarde acomodando el estudio de Melody, una tarea que ésta había querido llevar a cabo durante meses pero que requería la ayuda de alguien. Entre la cháchara vivaz de Melody y los perros que estorbaban constantemente, la tensión en el estómago de Laura comenzó a aflojarse. Pero algo en el tono de Melody volvió a provocarla.
– ¿Qué? -preguntó con cautela, mientras posaba un bol de palomitas de maíz sobre la mesa y se unía a su amiga sobre el suelo. Karma, la Rottweiler hembra, estaba sentada delante de ella con los ojos suplicantes clavados en el maíz inflado, aguardando con avidez.
– Esa discusión que tú y Brent tuvieron al lado de su auto -dijo Melody, mientras salpicaba la sal sobre el bol.
– Oh -dijo Laura suavemente. Al haber sido criada en un pueblo, había aprendido de los peligros de confiar en la gente equivocada. Pero Melody no parecía ser del tipo crítico o chismoso. Suspirando, tomó un puñado de palomitas-. Brent me pidió que me fuera a vivir con él.
– ¿En serio? -preguntó su amiga.
– Le dije que no.
– Vaya, ¡apuesto a que ésa es una palabra que no escucha muy a menudo! -Melody se rió, y arrojó un grano de maíz a Chakra. El macho gigante lo atrapó en el aire.
Laura comenzó a asentir, cuando pensó en algo.
– ¿Qué? -preguntó Melody.
Ella levantó la mirada, y luego sacudió la cabeza.
– Oh, nada.
– Oh, vamos, Laura. Ahora vivimos juntas. Y esto -sacudió una mano sobre la mesa de centro llena de comida saludable- es un pijama party.
– Para mí es la primera vez -una sonrisa de tristeza se asomó a sus labios-. Jamás fui a un pijama party.
– ¿De verdad? -Melody sacudió la cabeza, y luego adoptó una expresión de hermana mayor-. Bueno, la primera regla es compartir todos los secretos, confesiones y fantasías sobre los hombres. Y la regla número dos, no admitir grabadores, tomar notas, o hermanitos. Y la última, no criticar o hacer pasar vergüenza. Así que suéltalo.
Ofreciendo un grano de maíz inflado a Karma, Laura intentó ordenar sus pensamientos.
– Tal vez tengas razón respecto de que Brent no escucha la palabra no muy a menudo. No porque sea irresistible, que, dicho sea de paso, también yo lo creo, sino porque… -frunció el entrecejo- no creo que se abra a la posibilidad de ser rechazado muy a menudo.
– Entonces debió de haber tenido muchas ganas de que te fueras a vivir con él.
– No lo sé -mientras Karma se acomodaba al lado de ella, Laura acarició el áspero pelaje del animal-. Creo que él se sorprendió tanto por el ofrecimiento como yo.
– ¿Lamentas haberle dicho que no?
– En realidad -sonrió-, me siento orgullosa de mí misma. La palabra No es una de las que he estado intentando incorporar a mi léxico. Es sólo que… -volvió a fruncir el entrecejo-… me gustaría que no doliera tanto pronunciarla.
– ¿Qué no le doliera a los demás o a ti misma?
Laura la miró:
– ¿Acaso no es lo mismo?
– ¿Ves? -Melody le hizo un gesto-. Ése es el problema con la gente que tiene demasiada luz azul en su aura.
– ¿Qué? -Laura se rió.
– La gente con auras azules. Te sacrificas demasiado y te sientes motivada por las necesidades de otros. Por cierto, tienes un aura de un hermoso color azul cielo, con preciosos reflejos color amarillo patito.
– Gracias, creo -Laura frunció la frente.
– Yo, por mi parte, soy toda naranja y verde. No es malo, pero tampoco demasiado altruista -Melody extendió los brazos, exhibiendo su caftán-. Llevo el violeta a menudo, pues tengo la esperanza de que estimule mi chakra espiritual, pero temo que estoy demasiado arraigada en el plan físico. Me gusta la buena comida, el sexo caliente, y una cama suave y cómoda. Así que condéname.
Laura ocultó una sonrisa mientras masticaba el maíz inflado.
– Pero tú no tienes suficiente luz naranja -Melody ladeó la cabeza y entornó los ojos, mirándola-, o al menos, no la tenías. Yo diría que lo de anoche debió ser bastante ardiente.
– ¿Qué te hace pensarlo? -Laura quedó helada, a punto de meter un grano de maíz en la boca.
Melody levantó las manos y sus dedos bailaron alrededor de Laura como si estuviera tocando un campo de luz.
– Tienes unas pequeñas chispas naranjas que flotan alrededor de ti, como luciérnagas.
– ¿Y? -Laura la animó a seguir, fascinada.
Melody arrojó otro grano de maíz a Chakra:
– La luz naranja proviene del chakra sexual. Y el tuyo ha estado tristemente reprimido desde que te conozco. Es una suerte que tú y Greg finalmente se hayan separado, o te habría terminado de apagar la luz naranja por completo.
Sonrojándose, Laura apartó la mirada, y advirtió la hora. El noticiario de Brent estaba a punto de salir al aire:
– ¿Te importaría si miro las noticias?
– Cielos, ¿tan tarde es? -mascullando sobre la rapidez con que se le escapaba el tiempo, Melody buscó el control remoto entre los almohadones del sofá. Volviéndose hacia la TV, comenzó a cambiar de canal-. Hablando de Greg, ahí tienes a un hombre que realmente necesita ajustar sus chakras. Sus luces naranjas están completamente desequilibradas.
Laura sonrió:
– Se lo diré la próxima vez que lo vea.
– Cómo me gustaría estar ahí para verlo -la mirada de Melody se perdió en la lejanía-. Estoy viendo esas mejillas tersas tornarse rojas, y los ojos color avellana que parpadean detrás de esos preciosos anteojitos.
– Tienes buena memoria.
– Me gusta observar a la gente -Melody encogió los hombros-, y ya que estamos hablando de personas y sus auras -señaló hacia la pantalla-, por cierto, él tiene una muy interesante.
Laura se volvió y contuvo el aliento al ver a Brent hablándole a la cámara, tan sereno y tranquilo. Parecía un hombre diferente del que había estado con ella en la vereda sólo unas horas antes, o el amante cuya cama había compartido anoche.
– ¿Realmente puedes ver el aura de la gente? -le preguntó. Conocía lo suficiente de la medicina holística para creer en la existencia de auras. No estaba tan segura sobre las afirmaciones respecto de profecías y sanaciones, pero no estaba preparada para descartar toda la idea como tonterías.