Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » Asesinato En El Kibbutz
Asesinato En El Kibbutz - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Asesinato En El Kibbutz

Электронная книга - «Asesinato En El Kibbutz». Краткое содержание книги:

Tras el éxito obtenido con Un asesinato literario y El asesinato del sábado por la mañana, Batya Gur vuelve a presentarnos al comisario israelí Michael Ohayon, ahora decidido a resolver un crimen que ha tenido lugar en una sociedad compleja y cerrada: el kibbutz. Informado repetidamente de que «quien no haya vivido en un kibbutz no puede comprender cómo es la vida allí», Ohayon penetra con mayor determinación el espíritu del mundo que debe investigar. De forma gradual, revelando poco a poco los secretos del kibbutz, desenmascarando todas las contradicciones de este estilo de vida tan idealizado, Batya Gur logra crear una ingeniosa y original novela policiaca que examina la crisis de fe política e ideológica de la sociedad israelí a través del fascinante mundo del kibbutz.
1 ... 32 33 34 35 36 37 38 39 40 ... 99
Перейти на страницу:

– ¿Cómo? ¿Es que todavía no duermen con sus padres? -preguntó Majluf Levy sorprendido.

Moish hizo un gesto negativo.

– No, todavía no.

– Qué curioso -comentó Majluf Levy-, aquí no están escasos de fondos, y los demás kibbutzim de la zona ya han…

– Sí, somos los últimos -lo atajó Moish-. Y para Osnat era una verdadera obsesión. La noche antes de que… de que muriera, hablamos precisamente de eso. Además, él -dijo mirando a Majluf Levy- ya ha hecho un registro. Lo puso todo patas arriba. ¿Y qué encontró? Nada. Salvo un montón de cartas de otros tiempos.

– ¿Qué posición ocupaba en el kibbutz? -preguntó Michael.

– ¿Por qué me lo pregunta? Ya les he dicho que era la secretaria del kibbutz. Una posición estupenda. Todos la querían.

– ¿Todos? -preguntó Michael.

– Todos -afirmó Moish tajante-. Todos, se lo aseguro -repitió con aplomo; luego puso las manos sobre la mesa y la sombra de una duda asomó a su voz-: Bueno, ya saben, siempre hay…

– ¿Qué es lo que hay siempre? -preguntó Michael.

– Cosas. Envidias, cosas así.

– ¿Envidias de qué?

– Bueno, Osnat era muy guapa y había muchos que andaban detrás de ella, pero Osnat era una persona de principios, y cuidaba muy bien a sus hijos. Recuerdo que cuando construimos las habitaciones y Osnat fue de las primeras en mudarse a ellas, circularon muchos rumores…

– ¿Quién le tenía envidia, en concreto? -preguntó Michael.

Moish lo miró horrorizado.

– ¿Adónde quiere ir a parar? No estoy hablando de nada raro, son cosas que pasan en todos los kibbutzim. ¿Qué está pensando, que…?

– ¿Cuándo la vio por última vez? -preguntó Michael.

– El lunes por la mañana, antes de que se la llevaran a la enfermería. Me pasé a verla porque sabía que estaba enferma, y siempre había sido dada a despreocuparse de los problemas de salud, a no cuidarse, a no comer si estaba ocupada. Así que me pasé a verla por la mañana y la encontré muy débil, y la obligué a ir a ver al médico, a Eli Reimer, y luego tuve que marcharme a toda prisa porque tenía cosas que hacer, y después… -se le quebró la voz-, después ya fue demasiado tarde.

– Y cuando habló con ella por la mañana, ¿la vio bien?

– ¿Cómo que si la vi bien? Estaba muy enferma, pero no inconsciente ni nada semejante. Sí, la vi bien.

– ¿Quién más sabía que estaba enferma?

– Supongo que lo sabía todo el mundo, porque el domingo por la noche Dvorka, su suegra, me comunicó que estaba enferma y que no podría asistir al seminario de Guivat Aviva, por lo que fuimos al comedor a buscar a alguien que pudiera sustituirla. Y en la oficina también lo sabían. Debía de saberlo todo el mundo.

– ¿Y quién sabía que estaba en la enfermería? -preguntó Michael, haciendo hincapié en todas las palabras.

Moish se detuvo a pensar un instante antes de responder:

– Debía de saberlo mucha gente, porque durante la comida se estuvo comentando. Eli Reimer, el médico, pasó por el comedor de camino al hospital. Yo lo sabía, y Dvorka, y muchos otros. Pero ¿por qué? ¿Por qué lo pregunta?

Michael no dijo nada.

– Esta conversación es un despropósito -protestó Moish, y escondió el rostro entre las manos.

– ¿En qué momento se puso enferma? -preguntó Michael.

– Creo que ya tenía fiebre el sábado por la noche. En la sijá comentó que tenía frío, y, créame, a pesar del aire acondicionado, en el comedor hacía calor. Creo que ya estaba enferma.

– ¿Con qué personas tenía confianza? ¿Con quién podemos hablar? -preguntó Michael.

– Eso me lo tiene que explicar usted -dijo Moish a través de sus dedos-. ¿A qué se refiere con tener confianza?

– A sus amigas, amigas íntimas. Ya sabe cómo son las mujeres. Siempre tienen alguna amiga íntima a la que confían sus problemas.

Moish se retiró las manos de la cara y se enjugó los ojos.

– No sé -dijo desconcertado.

– ¿Alguna amiga íntima? -insistió Michael.

– Aquí no existen esas cosas -respondió Moish al fin, todavía con expresión de desconcierto.

– ¿Cómo que no existen esas cosas? ¿En general, o por lo que se refería a Osnat?

– Aquí no existen esas cosas -repitió Moish tras echar una mirada en derredor-. Trabajamos juntos, vivimos juntos y nos enteramos de todo lo que concierne a los demás, pero no nos dedicamos a hacernos confidencias. Hay personas con las que te sientas a la misma mesa en el comedor, o en las reuniones, pero no hay… -hizo una pausa para reflexionar, como si estuviera revisando conceptos básicos- no hay ese tipo de amistades de las que habla usted.

– Bien, entonces, ¿quién iba a visitarla, a tomar un café, ese tipo de cosas?

Moish parecía perplejo, como si lo estuvieran obligando a pensar en algo que nunca se había detenido a considerar.

– En fin, hay algunas… ¿cómo lo podría expresar?… pandillas, personas con las que trabajas codo con codo, o con las que has coincidido aquí o allá, en un grupo de estudio, por ejemplo, pero la gente no dedica mucho tiempo a visitarse, y Osnat era una persona ocupada, a la que iba a ver todo tipo de gente, también debido al cargo que ocupaba -después, como para sí, continuó-: Aquí se puede uno sentir solo, no digo que no. Hay personas en cuyas habitaciones no he estado nunca -luego se justificó-: Como ya he dicho antes, hay grupitos, pandillas, que se reúnen por las tardes. Y, aparte de eso, una vez que te casas y tienes hijos, les dedicas a ellos todas las tardes, y luego los acuestas, y, para cuando has terminado, suponiendo por ejemplo que tengas tres hijos, que es el promedio aquí, para entonces ya han dado las ocho y tienes que ir a cenar al comedor, o bien cenas en tu habitación. Y luego siempre hay cosas que hacer, como asistir a reuniones, actividades culturales, yo qué sé… -su voz se fue apagando.

– ¿De manera que hay personas que nunca se van a ver a sus respectivas casas? ¿Que nunca van de visita ni nada de eso? -preguntó Majluf Levy asombrado.

– Bueno, sí que van a ver a los demás, para preguntarles algo, pongamos por caso, y se quedan un rato, cómo no, pero si hablamos de la gente mayor, o de los solteros, qué va… No es como en la ciudad. Supongo.

– Pero si alguien quiere comentar algún problema personal, el que sea, una crisis matrimonial, digamos, algo que presumiblemente también ocurrirá aquí -dijo Michael, y Moish asintió-, ¿a quién se dirige esa persona? ¿Con quién habla?

– Ahora que lo dice -repuso Moish con creciente turbación-, no sé qué responderle. Hablan con Dvorka, o a veces conmigo, o con alguna otra persona. Acuden a la enfermera, yo qué sé. Cuando éramos jóvenes solíamos ir a contarle nuestros problemas a la enfermera del kibbutz. También hay un psicólogo, pero no vive en el kibbutz, no sé… -su voz se extinguió, aunque al final añadió-: Pero nadie tiene secretos para nadie.

– ¿Cómo es posible? -preguntó Michael-. ¿Cómo se enteran? ¿Quiere decir que todo el mundo ve lo que está sucediendo o qué?

– No sé cómo es posible. Mediante los chismorreos, quizá. La gente vive hombro con hombro, lo ven todo, se conocen desde que eran pequeños, lo saben todo.

– ¿Así que no sabe con quién tenía confianza? ¿Aparte de con usted o con su familia? -volvió a preguntar Michael.

Moish hizo un enérgico gesto negativo y luego dijo:

– Es que Osnat era particularmente reservada. Resultaba difícil conocerla. Nunca hablaba de sí misma.

– Estupendo -dijo Michael para sí. Y luego le preguntó a Moish-: Entonces, ¿con quién debemos hablar aparte de con la familia?

– Bueno, hay personas dedicadas a la enseñanza que trabajaban con ella. Puedo facilitarles sus nombres, sin problemas, pueden preguntarme todo lo que quieran. Les contaré todo lo que sé, no tengo nada que ocultar.

– Muy bien, en ese caso, antes de que hablemos con la familia, quizá podría decirme si tenía enemigos -dijo Michael-, y antes de indignarse, hágame el favor de pensarlo -añadió cuando Moish despegaba los labios para protestar.

1 ... 32 33 34 35 36 37 38 39 40 ... 99
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)