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Callejón sin salida

Электронная книга - «Callejón sin salida». Краткое содержание книги:

Ella no estaba dispuesta a ser una víctima…
A pesar del cariño y los cuidados de Eve y Joe, Jane no ha tenido una infancia como las demás. Siempre ha sido más inteligente y madura que muchos de los adultos que la rodean. Por eso, cuando comienzan los sueños, reacciona con cautela. Sabe que las pesadillas la conectan con alguien que vivió hace mucho tiempo, una joven que sufrió y murió pero que de alguna manera sigue viva en ella. Y pronto descubre que no es la única, que existe otra persona que vive obsesionada con aquellos remotos sucesos: un cazador de mujeres para el que Jane representa la presa definitiva. Ni la policía, ni sus queridos padres adoptivos, pueden protegerla. Quizá ni siquiera Trevor, el misterioso extraño que se cuela en su vida en el momento más peligroso, provocando en ella sentimientos a los que creía ser inmune.
… Pero se había convertido en el cebo perfecto.
Brillante como un científico, seductor como una estrella de cine, y letal como el más curtido mercenario, Trevor ha empeñado toda su vida en la captura de un hombre que destrozó sus sueños y que siembra el terror allí donde va. Hasta el momento, el asesino ha ido siempre un paso por delante suyo, pero ahora Trevor ha encontrado la presa perfecta. Un cebo al que el cazador no puede dar la espalda, pero que amenaza con trastocar el bien trazado plan. Porque Jane es una muchacha excepcional, alguien a quien Trevor no puede limitarse a utilizar. Alguien con quien siente, al igual que el asesino, una extraña conexión que se remonta a un pasado lejano. Pero para profundizar en ella y explorar sus sentimientos en el futuro, primero tiene que conseguir que Jane sobreviva al presente…
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Jane no pudo evitar ponerse tensa.

– Para. ¿No te estás excediendo?

– Quizá.

Miró en la caja de FedEx y abrió lentamente la cajita de terciopelo.

– ¿Qué es?

– Un anillo.

– ¿Una joya? -Se sintió aliviada y se puso de pie de un salto siguiendo a Trevor por la habitación-. Déjame verlo.

– Un momento. -Sostuvo el anillo en alto para verlo a la luz.

– Ahora. -El anillo era una banda ancha de oro con intricados grabados y la piedra que tenía encastada era de color verde pálido brillante, demasiado pálido para ser una esmeralda, probablemente un peridoto-. ¿Crees que Sarah me mandaría un anillo de los Borgia con veneno o algo parecido?

– No. -Le apartó el anillo-. Pero no creo que esto sea de Sarah. ¿Por qué no la llamas mientras lo reviso?

La mirada de Jane pasó del anillo a la cara de Trevor y lo que vio hizo que se engrandaran sus ojos. ¿Por qué?

– Llámala -repitió-. Si es de ella, podrás darle las gracias. Me quedaré aquí esperándote.

Ella dudó, tentada a negarse a hacer lo que le pedía y a enfrentarse a él. Jane entró en la casa, descolgó el teléfono y llamó a Sarah en Carmel.

Trevor estaba de pie bajo la luz del porche cuando Jane salió de la casa transcurridos cinco minutos.

– No lo ha mandado ella -dijo Jane cansinamente-. No sabía nada de esto. ¿Ha sido Aldo?

Trevor asintió con la cabeza.

– Eso creo.

– ¿Por qué iba a enviarme un anillo? Es un peridoto, ¿verdad?

– No lo creo. Se parece y la mayor parte de la gente lo confundiría con un peridoto.

– Entonces, ¿qué es?

– Es una vesubianita.

– ¿Qué demonios es eso?

– Cuando un volcán emana tefra a veces forma una sustancia que se cristaliza y se puede pulir y refinar hasta parecerse a una gema. Puede que hayas visto la helenita, la gema de color verde oscuro que se hizo popular tras la erupción del Monte Saint Helens.

– Pero ¿esta procede del Vesubio? -Jane estaba fascinada por el anillo que Trevor sostenía en su mano-. Estaba bromeando, pero ¿podría ser algún tipo de anillo envenenado?

Trevor lo negó con la cabeza.

– Lo he examinado. Es justamente lo que parece. Es evidente que no quería matarte.

– Es precioso… ¿Por qué querría regalarme algo tan bonito?

– ¿Cómo te sientes?

– Enfadada y confusa.

– Y ¿tienes miedo?

¿Era el miedo la base de todas esas emociones? Sólo sabía que se había estremecido.

– No es más que una joya.

– Pero te ha descentrado.

– Y eso es lo que quería. Quiere que tenga miedo y esté aterrorizada. -Alargó su mano y tocó el anillo de oro. Estaba caliente por la mano de Trevor, pero no pudo calentar el helor que recorría su cuerpo-. Y quiere que sepa que no se ha olvidado de mí.

Trevor asintió.

– Es un juego mental.

– Cabrón.

– Si sabe que todavía no te puede tocar, probablemente empeorará. Un poco de tormento a distancia será muy satisfactorio para él.

– ¿Crees que me está vigilando?

Trevor se encogió de hombros.

– No desde cerca. Te lo garantizo, Jane.

– Y te puedo asegurar que querrá ver si al haberme enviado esto… ha conseguido hundirme. ¿Qué tipo de satisfacción puede obtener de imaginar el sufrimiento? -Jane notaba que la ira aumentaba a cada instante-. ¡Oh, no!, querrá ver que me ha hecho daño.

– Posiblemente.

– No, con seguridad. -Le cogió el anillo de la palma y se lo puso en su dedo índice-. Entonces, que vea que no me ha afectado nada.

Trevor echó la cabeza hacia atrás y se rió.

– Debería haberlo supuesto. Puede que Aldo haya llevado esta chuchería encima durante años, pero ¿no crees que Quinn querrá averiguar de dónde procede?

– Puede hacerle una foto.

El anillo le apretaba y era muy pesado para su mano, como una pitón enroscándose sobre su víctima. Pero ella no era una víctima y se lo iba a demostrar. Todavía sentía ira, pero ahora estaba mezclada con euforia y entusiasmo.

– Me lo voy a poner.

Trevor dejó de sonreír.

– Esto te está gustando demasiado. ¿Qué estás planeando? ¿Un poco de incitación para cabrear al tigre?

– No es un tigre, es una babosa. ¿Y qué más te da si le incito? Puede que le haga salir a la luz.

Trevor guardó silencio durante un momento.

– Tienes razón. Puede que funcione, si eso no va a hacer que te desmorones. -Empezó a bajar los escalones del porche-. Y curiosamente, me preocuparía si te sucediera eso.

– Pero, no vas a intentar disuadirme.

– No, siempre he sido un hijo de perra. Haz lo que te plazca. Te apoyaré en lo que hagas.

– Sarah acaba de llamarme. -Eve acababa de salir de su estudio y estaba de pie en la sala de estar cuando Jane entró en la cabaña un segundo después-. Estaba preocupada. Me ha dicho que no parecías tú. ¿Qué pasa con este anillo, Jane?

Jane levantó la mano con un aire bravucón.

– Un regalo de Aldo. Una vesubianita. Es bonita ¿verdad?

Eve se incomodó.

– Estás loca. ¿Qué está pasando?

– Esto es una prueba de que no me ha olvidado y de que pasará a realizar otras hazañas.

– Sarah me ha dicho que fue enviado desde una franquicia de Mail Boxes Unlimited de Carmel.

– Él no está en California. Quiere ver si el anillo ha tenido el efecto deseado. -Jane apretó los dientes-. Probablemente espera que me acobarde y me esconda debajo de la cama.

– Pareces estar muy segura. -Eve atravesó la habitación y le tomó la mano-. Parece bizantino.

– Estoy segura de que se supone que ha de ser romano. Pero, ¿qué puedes esperar? Probablemente ha comprado lo que ha encontrado. No creo que haya mucha vesubianita por ahí.

– Entonces, será más fácil descubrir de dónde procede. Sácatelo.

– No

– Jane.

– No. -Le apartó la mano-. Lo voy a llevar. No voy a dejar que piense que puede asustarme. Lo llevaré y haré alarde de él como si fuera el regalo de un amante.

– ¿Amante?

– Eso es lo que haría Cira. -Sonrió con inquietud-. ¿Cree que soy Cira? Bueno, pues actuaré como ella. Ella nunca hubiera dejado que un bastardo asesino la amedrentara. Le plantaría cara, le provocaría y buscaría la forma de acabar con él.

– ¿De verás? -Eve la miró fijamente-. ¿Y cómo sabes tú eso, Jane?

– Así es como la ha descrito Trevor. -Jane movió la cabeza-. No, no voy a mentirte. Siento que es así.

Eve se calló unos momentos.

– ¿O es que lo has soñado? Nunca me dijiste el nombre de la mujer de tus sueños. ¿Era Cira?

Inteligente y sensata, Eve. Debería haber supuesto que la empatía entre ambas era tan intensa que Eve habría notado lo que pasaba por su mente.

– Sí. Pero, no es que… Por lo que sé, estoy haciéndome una composición de lugar de cómo la ve Aldo o quizá de cómo la ve Trevor. Puede que alguna vez leyera algo y no lo recuerde. O quizás estoy teniendo fases de videncia. No es probable, pero prefiero pensar eso a pensar que estoy tan loca como para creer que conozco a Cira por un sueño -se apresuró a decir.

– Creo que estás excusándote demasiado -dijo Eve-. No tienes por qué darme explicaciones. Pensé que eso ya lo teníamos claro. -Volvió a mirar el anillo-. Sácatelo.

– Te he dicho que…

– Sé lo que me has dicho -dijo Eve tajante-. Y sé que es como ponerle un capote rojo a un toro. Sácatelo.

– Pensará que le tengo miedo.

– No me importa.

– A mí sí. -Podía sentir cómo se le hacía un nudo en la garganta mientras miraba a Eve. ¡Señor, qué difícil era eso!-. Te quiero, Eve. Jamás haría algo que pudiera hacerte daño.

– Entonces, sácatelo.

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