Dune [es]
- Автор: Херберт Фрэнк
- Серия: dune (es) #1
- Год: 1975
- Язык: испанский
- Год: Acervo
- ISBN: 84-7002-181-8
- Переводчик: Domingo Santos
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Dune [es]». Краткое содержание книги:
Paul fue a hablar, pero el Duque le interrumpió:
—Tengo que decirle todo esto a alguien, hijo. —Suspiró, mirando de nuevo el árido paisaje, donde incluso las flores habían desaparecido, pisoteadas por los recolectores de rocío y quemadas por el sol—. En Caladan, teníamos con nosotros el poder del mar y del cielo —dijo—. Aquí, debemos obtener el poder del desierto. Esta es tu herencia, Paul. ¿Qué será de ti si a mi me ocurre algo? No tendrás una Casa renegada, sino una Casa de guerrilleros… perseguida, cazada.
Paul buscó palabras para responder, pero no encontró ninguna. Jamás había visto a su padre tan abatido.
—Para conservar Arrakis —dijo el Duque—, uno ha de enfrentarse con decisiones que pueden costar el respeto hacia uno mismo. —Señaló fuera de la ventana, hacia el estandarte verde y negro de los Atreides que colgaba fláccidamente de un mástil, al borde del campo de aterrizaje—. Esta honorable bandera puede que algún día simbolice muchas cosas malditas.
Paul tenía la garganta seca. Las palabras de su padre le parecían fútiles, llenas de un fatalismo que causaba en el muchacho una sensación de vacío en el pecho.
El Duque tomó una tableta antifatiga de un bolsillo y la tragó sin ayuda de ningún líquido.
—Poder y miedo —dijo—. Los instrumentos de gobierno. Daré órdenes de que se intensifique tu entrenamiento para la guerrilla. Ese filmclip… te llaman «Mahdi»… «Lisan al-Gaib»… como último recurso, podrías utilizar incluso esto.
Paul miró fijamente a su padre, observando que sus hombros se erguían a medida que la tableta iba haciendo efecto, pero recordando las palabras de duda y temor que acababa de oír.
—¿Qué es lo que retiene al ecólogo? —murmuró el Duque—. Le he dicho a Thufir que quería verle lo más pronto posible.
CAPÍTULO XV
Mi padre, el Emperador Padishah, me tomó un día por la mano y sentí, gracias a las enseñanzas de mi madre, que estaba turbado. Me condujo a la Sala de Retratos, hasta el egosímil del Duque Leto Atreides. Observé el enorme parecido entre ellos -entre mi padre y aquel hombre del retrato-, ambos con idéntico rostro delgado y elegante, dominado por los mismos gélidos ojos. «Hija-princesa —dijo mi padre—, me hubiera gustado que hubieses tenido más edad cuando llegó para este hombre el momento de elegir una mujer». Mi padre tenía 71 años en aquel tiempo, y no se veía más viejo que el hombre del retrato. Yo tenía tan sólo 14 anos, y aún recuerdo haber deducido en aquel instante que mi padre había deseado en secreto que el Duque fuera su hijo, y que odiaba las necesidades políticas que les convertían en enemigos.