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Diosa Por Derecho

Электронная книга - «Diosa Por Derecho». Краткое содержание книги:

Aunque Morrigan fue concebida en medio de una mentira, y estuvo atrapada en un árbol durante toda su gestación, su nacimiento fue verdaderamente mágico. Después de aquel comienzo, pasó
los siguientes dieciocho años de su vida como cualquier chica normal de Oklahoma. Cuando descubrió la verdad de su origen, la rabia y la pena se apoderaron de ella y la llevaron de vuelta al mundo de Partholon. Pero allí, en vez de ser respetada como hija de la encarnación de una diosa, Morrigan se sintió como una intrusa rechazada. En su desesperación por formar parte de Partholon, se enfrentará a fuerzas que no podía comprender ni controlar por entero. Y pronto empezaría a sufrir el acecho de una extraña oscuridad…
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– ¿Y llevar la capa no es un insulto?

– Eso, mi señora, es algo que debéis decir vos misma. Ahora, sois vos la Suma Sacerdotisa de Adsagsona.

– Sí, supongo que sí… -murmuró Morrigan, mirándose al espejo.

Ya no tenía que ponerse nada más. Birkita le alisó el pelo, y en vez de sus rizos, creó pesadas ondas de cabello color caoba que brillaban como el agua oscura. Después le colgó de las orejas y del cuello joyas con piedras azules, llamadas topacios, porque según ella, hacían juego con sus ojos. Después, Morrigan se puso las zapatillas de cuero, parecidas a unas zapatillas de ballet, y las tres mujeres la inspeccionaron.

– Estáis muy bella, mi señora -dijo Deidre.

– Maravillosa -convino Raelin.

– Perfecta -dijo Birkita.

– Nerviosa. Otra vez -respondió Morrigan.

– Sacerdotisas, podéis dejarnos a solas. Convocad a la gente en Usgaran. La Suma Sacerdotisa acudirá en breve -les dijo Birkita a Deidre y a Raelin.

Morrigan les dio las gracias por su ayuda mientras ellas le hacían una reverencia. Después, se marcharon, y ella se volvió hacia Birkita.

– Muy bien. Ahora dime lo que tengo que hacer.

– Hay palabras rituales que debéis decir, y os las enseñaré con facilidad. Pero antes, decidme, en vuestro antiguo mundo, ¿qué significaba la luna nueva?

– La luna nueva simboliza los comienzos nuevos. Mi abuela dice que es el momento perfecto para emprender nuevos proyectos, comenzar relaciones, empezar un viaje. Cosas así.

– Vuestra abuela es muy sabia. Ciertamente, la luna nueva simboliza los nuevos comienzos. Pero hay más. La luna nueva es el momento en que el velo místico que hay entre nuestro mundo y el Otro Mundo, donde habitan los dioses, es más fino. Durante el periodo de luna nueva, se puede provocar una gran magia, para el bien y para el mal.

– ¿El mal? -preguntó Morrigan, con un escalofrío.

Birkita la tomó de la mano.

– No tenéis nada que temer. Adsagsona os ha elegido, y no otro poder oscuro.

– ¿Y por qué estás tan segura?

– Ya hemos hablado de esto. Sois la Portadora de la Luz. Las Portadoras de la Luz no se mezclan con el mal. Debéis acabar con vuestras dudas… Tal vez os ayude saber que Adsagsona es una diosa poco corriente. Habita en el Mundo Subterráneo, en el vientre de la tierra. Está cómoda en la oscuridad, como sus Sumas Sacerdotisas. Decidme, ¿habéis tenido alguna vez miedo a la oscuridad?

– No. En realidad, me gusta. Mis abuelos siempre me decían que encendiera una luz por las noches, cuando me levantaba para ir al baño, porque me iba a dar un golpe en algún dedo del pie, o algo así. Sin embargo, nunca me ocurrió. Me… me preocupaba que estar tan cómoda con la oscuridad fuera algo malo.

– No, hija mía. Era una señal temprana del favor de Adsagsona. Yo también me he sentido siempre cómoda en la oscuridad. Nuestra diosa es una madre afectuosa y protectora para los Sidethas. Ella marca a sus Sacerdotisas desde jóvenes, y las cuida durante toda la vida. Pero debéis recordar que, aunque Adsagsona prefiera la oscuridad, también adora la luz. Por ese motivo creó a las Portadoras de la Luz y les concedió el don de avivar la luz que hay en el interior de los cristales de la tierra. El mal que acecha en la oscuridad rehúye la luz. Vuestra luz puede abrasar a ese mal, si él intentara rozaros alguna vez.

– ¿El mal nunca te ha acechado a ti?

– No, hija. Yo nunca he encontrado nada en la oscuridad, aparte del amor de Adsagsona.

– No sé, pero no me siento mejor -dijo Morrigan.

– Acabad con vuestras dudas, Suma Sacerdotisa. Vuestra diosa es buena. Ella os ha concedido un gran poder. No permitáis que vuestra inexperiencia y juventud os hagan vacilar a la hora de servirle -le respondió Birkita con una sonrisa-. Ahora, debemos apresurarnos. La gente nos estará esperando. A vos, en realidad.

Rió suavemente, y después guió a Morrigan a Usgaran. Por el camino, siguió explicándole cosas.

– Vamos a entrar en Usgaran. La gente habrá formado un gran círculo alrededor del Cristal Sagrado. Vos os situaréis frente a él e invocaréis la presencia de la diosa.

– ¿Y cómo lo hago?

– Lo habéis hecho ya, cuando bendijisteis la savia de alabastro.

Morrigan asintió.

– Bien, eso puedo hacerlo. ¿Y después, qué?

– Después, sólo tenéis que agradecerle a Adsagsona todas las bendiciones que nos concedió durante la pasada fase de la luna. Cuando terminéis la bendición, diréis «¡ave, Adsagsona!», y la gente lo repetirá. Después, todo el mundo se marchará, y os dejará sola en Usgaran. La última parte del ritual es personal. Es algo entre la diosa y su Suma Sacerdotisa.

– Bueno, eso está bien.

– Desde hace mucho tiempo, es mi parte favorita del ritual -dijo Birkita-. Habrá vino para hacer una libación en una copa, cerca del Cristal Sagrado. Debéis tomar la copa y verter el vino alrededor. Después, extinguiréis las llamas de la savia, y las de los demás cristales. En la oscuridad es donde Adsagsona concede las bendiciones a la Sacerdotisa para las próximas fases lunares, para los Sidethas. Dadle las gracias a la diosa, prended de nuevo las llamas y reuniros con el resto de las sacerdotisas en la Gran Cámara para comer.

– Eso no suena mal -dijo Morrigan.

Habían llegado a la entrada de Usgaran, y se detuvieron en el interior de la entrada. La sala estaba abarrotada. Sus murmullos le recordaron a Morrigan a las hojas secas del otoño en una tormenta. Respiró profundamente y puso las yemas de los dedos sobre la piedra de la pared.

– Ilumina la piedra, por favor -susurró.

Después, sonrió a Birkita y, mientras la piedra de selenita comenzaba a resplandecer, entró en la sala.

– Que la suerte y la diosa estén contigo, hija mía -dijo Birkita, mientras Morrigan se alejaba y ella se ocultaba entre las sombras.

Nadie se dio cuenta de su presencia, y nadie se dio cuenta de que estaba llorando suavemente.

Capítulo 7

La gente se quedó silenciosa en cuanto la piedra se iluminó. Todos los ojos se clavaron en Morrigan mientras avanzaba seguida de Brina. Cuando llegaron junto al Cristal Sagrado, Brina se situó a un lado de la gran piedra, moviendo la cola con inquietud, observando con sus ojos enormes a la multitud.

Morrigan esperó un momento, ordenó sus ideas y miró hacia las profundidades del bellísimo cristal iluminado. Entonces, siguiendo un impulso, Morrigan se volvió hacia el grupo que la rodeaba. Con un movimiento rápido, se desató el cordón de la capa de cuero y se la quitó de los hombros. Mientras la lanzaba lejos, Brina emitió un maullido de guerra que a Morrigan le puso el vello de punta.

«¡Sí!».

Aquella palabra le invadió la mente y acabó con todo su nerviosismo. Vio, más que oír, los jadeos de asombro de la gente, y apenas miró a Shayla, que tenía cara de profunda desaprobación, mientras se echaba el pelo hacia atrás y levantaba orgullosamente los brazos por encima de la cabeza. Con voz potente, invocó la presencia de la diosa.

– Adsagsona, ¡te llamo a las alturas! -dijo, y después, bajó la cabeza y las manos, y volvió las palmas hacia abajo, con los dedos abiertos, para formar una uve-. Y abajo. Diosa, te pido que estés conmigo en esta noche tan especial para ti, la noche de la luna nueva. Soy tu nueva Suma Sacerdotisa, y te prometo que haré que te sientas orgullosa de mí.

Morrigan cerró los ojos para concentrarse y rogó: «Por favor, no me decepciones. Por favor, no me dejes aquí sola». Después, prosiguió:

– ¡Ven a nosotros, Adsagsona, y deja que tu pueblo te agradezca las bendiciones que le has otorgado durante las últimas fases de la luna!

Entonces, Morrigan volvió a elevar las manos, y esperó que todo saliera bien.

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