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Tu rostro mañana: 3 Veneno y sombra y adiós

Электронная книга - «Tu rostro mañana: 3 Veneno y sombra y adiós». Краткое содержание книги:

«Uno no lo desea, pero prefiere siempre que muera el que está a su lado, en una misión o una batalla, en una escuadrilla aérea o bajo un bombardeo o en la trinchera cuando las había, en un asalto callejero o en un atraco a una tienda o en un secuestro de turistas, en un terremoto, una explosión, un atentado, un incendio, da lo mismo: el compañero, el hermano, el padre o incluso el hijo, aunque sea niño. Y también la amada, también la amada, antes que uno mismo.»
Así arranca `Veneno y sombra y adiós`, el tercer y último volumen de `Tu rostro mañana`, la grandiosa novela de Javier Marías que, por fin completa, y como ya ha anticipado la crítica extranjera, se revela como una de las cumbres literarias de nuestro tiempo. El narrador y protagonista, Jacques o Jaime o Jacobo Deza, acaba por conocer aquí los inesperados rostros de quienes lo rodean y también el suyo propio, y descubre que, bajo el mundo más o menos apaciguado en que vivimos los occidentales, siempre late una necesidad de traición y violencia que se nos inocula como un veneno. Con sus nuevos y cruciales episodios en Londres, Madrid y Oxford, con su desenlace sobrecogedor, se cierra aquí una historia que es mucho más que una historia apasionante, contada con la maestría de uno de los mejores novelistas contemporáneos, y tal vez el más profundo y arriesgado.
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y muerto quedó en la arena, sangrando por tres heridas… La muerte, con ser la muerte, no deshojó su sonrisa'); y también me acordé de los ejecutados sin juicio o con farsa en esas mismas playas de Málaga por quien la tomó más de un siglo después con sus huestes franquistas y moras y con los Camisas Negras de Roatta o 'Mancini': Duque de Sevilla su inoportuno título, el de quien sembró de cadáveres las orillas y el agua y los cuarteles y cárceles y los hoteles y las tapias, unos cuatro mil, se dijo, y aunque no fueran tantos; y enfrente de los ajusticiables dos tipos con metralletas o con armas que se les asemejaban, no entiendo yo de eso, dos tipos encorbatados y repeinados, seguro que llevaban peine en el bolsillo como yo, como meridionales, y al decir 'Dai' uno de ellos, ambos lanzaron interminables ráfagas, dispararon y dispararon derrochando balas como si debieran gastarlas, mientras se derrumbaban los cuerpos y también una vez caídos, la mujer y un hombre boca arriba y los otros dos de lado, se acercaron más, siguieron, buscaron la verticalidad de las armas, la arena daba saltos y parecía que los dieran la carne y las ropas modestas de los ya muertos muertísimos, sangrando por veinte heridas, a cada gratuito impacto. 'Esto es un ajuste de cuentas en alguna playa escondida del Golfo de Taranto, seguramente no lejos de Crotone, en Calabria, hace ya unos cuantos años', murmuraba Reresby acentuando bien el nombre esdrújulo, 'Taranto', y hablaba desde tan adentro que era como si la voz surgiera de un yelmo. 'Es interesante. Uno de los verdugos ha hecho carrera, primero en la construcción, luego en política, y ahora tiene un cargo bueno en el actual Gobierno. El otro ya no vive, en cambio, se lo cargaron en seguida, en la represalia por esto. Útil ahora, ¿no?, este vídeo.' Y en la pregunta se le notaba una especie de orgullo de coleccionista, tal vez tenía motivos para sentirlo.

Tampoco yo había visto, ni siquiera concebido, una violación inhumana inducida, con espectadores como en una tienta, un coso pequeño, casi un patio de corrala, hombres bien trajeados bajo unos toldos blancos, rojos, verdes, un sol dañino, bigotes poblados y sombreros texanos y no pocos habanos entre los dientes, sonaba una festiva charanga de fondo, voces de jaleo y aliento en español y en inglés, y en la arena una mujer, un caballo, unos mamporreros, unos desgarros, no lo soporté, cerré los ojos, '¡No los cierres!', así que desvié la mirada, '¡No la apartes!'. Pero la mantuve apartada excepto en algún instante, aquello sí que no pude aguantarlo porque además no daba crédito, nunca había imaginado algo así ni que fuera posible en el mundo y sólo para divertirse, y aquello sí que era mortal veneno, me entraron aquellas imágenes -lo que llegué a vislumbrar de ellas, muy pronto me salvaron los párpados, después el cuello girado- como si fueran un mal reptil, una serpiente, o tal vez una anguila o sanguijuelas bajo la piel, cómo decir, internas, se introdujeron como un cuerpo extraño que me causara un dolor inmediato y una opresión y un ahogo y la necesidad urgente de que me lo sacaran ('Pese esto sobre tu alma'), pero lo que entra por los ojos no hay manera de extirparlo, como lo que entra por los oídos tampoco, ahí se instala y no hay remedio, o hay que esperar algo de tiempo para poder persuadirse de que uno no vio u oyó lo que sí vio u oyó -y siempre queda una duda o su huella-, de que fueron imaginaciones o malentendidos o espejismos o perturbaciones o interpretaciones malintencionadas, ninguno estamos a salvo de ellas cuando nuestro pensamiento y nuestra percepción se tuercen y todo lo juzgamos a una luz sesgada y siniestra. 'Esto es Ciudad Juárez, en el Estado de Chihuahua, en México, ya sabes', murmuró Tupra con su voz cada vez más hundida y un tono nada indiferente, sino casi luctuoso, grave, a imitación no sonaba, 'y ahí tienes a una de las mil mujeres allí desaparecidas, de las que tanto ha hablado la prensa. Lo importante para nosotros no es eso, con serlo mucho, sino ese hombre de ahí, a la derecha en segunda fila, el que va todo de blanco con la corbata roja.' Eso me obligó a mirar un momento, de reojo y reaciamente -qué mal se vence la curiosidad por lo que nos señala un dedo-, distinguí al hombre entre el público, un gordo risueño de mediana edad y piel lustrosa y tupido pelo, pero no pude evitar ver también lo irracional y más desgarros y ya algo de sangre -como una espada o una lanza- y volví de nuevo la cabeza, hacia el lado de Reresby, sus ojos fijos en la pantalla pero ahora muy guiñados, como si necesitara gafas o bien se preparara a cerrarlos también en cualquier instante, tal vez aquel episodio, aunque lo hubiera visto más veces y supiera cómo terminaba, le producía gran dentera o angustia o incluso repugnancia ('Manchado de sangre y culpable, culpablemente despierto'), no hay nadie que lo soporte todo y ya he dicho que tampoco era un sádico. 'Entonces, hace de esto unos años, era un empresario muy rico, sin llegar a ser un magnate. Ahora ya lo es, y se presenta como candidato a una alcaldía de consideración, en otra zona, en otro Estado fronterizo con los Estados Unidos, Coahuila. Y además va a ganarla. Nos será ventajoso tenerlo aquí a la vista, disfrutando del espectáculo.' Pronunció mal este nombre, a la inglesa -no tan conocido como Chihuahua-, aproximadamente dijo 'Coujuaila'. Lo peor era que aquel coso no parecía algo excepcional, no hacía pensar que se había montado todo para una ocasión única, la charanga, los toldos, la bestia y sus experimentados guías, la convocatoria, seguramente por Internet y en clave, o por mensajes de móviles, seguramente en voz baja. Lo que entreví era muy probable que ocurriera más veces, acaso con ligeras variantes, otro animal quizá, no quise continuar por ahí y me arranqué toda figuración de cuajo.

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