Cántico a San Leibowitz [A Canticle for Leibowitz - es]
- Автор: Miller Walter M.
- Год: 1972
- Язык: испанский
- Год: Bruguera
- Переводчик: Irene Peypoch
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Cántico a San Leibowitz [A Canticle for Leibowitz - es]». Краткое содержание книги:
Son muchos los misterios que perduran. Por ejemplo, el documento que reza: “Libra de pastrani, lata de kraut, traer a casa para Emma”. Es un enigma. Pero los monjes saben que la luz se hará algún día y que, con ella, la antigua cultura retornará.
¿Ridículo? ¿Grotesco?
Bien, si nuestro civilizado y orgulloso mundo sucumbe un día ante una catástrofe de proporciones millones de veces superiores a las del hundimiento del mundo clásico, ¿qué ocurrirá? ¿Qué quedará de nuestra civilización? ¿Cómo y por quién serán conservados, interpretados y aprovechados los vestigios tecnológicos que heredarán los hombres del mañana?
Primero permítame que le prevenga acerca de esa persona, thon Taddeo. Trátelo con su acostumbrada caridad, pero no se fíe de él. Es un estudioso brillante, pero un estudioso seglar y un cautivo político del Estado. Aquí, Hannegan es el Estado. También debo informarle que el thon es bastante anticlerical. Después de su embarazoso nacimiento, fue enviado a un monasterio de benedictinos y… Pero no, pregúntele al correo lo sucedido…
El monje apartó los ojos de su lectura. El abad seguía mirando los buitres sobre Last Resort.
— ¿Sabe cuál ha sido su infancia, hermano? — preguntó dom Paulo.
El monje asintió.
— Siga leyendo.
La lectura continuó, pero el abad ya no escuchaba. Conocía la carta casi de memoria, pero seguía pensando que había algo que Marcus Apollo había tratado de decirle entre líneas y que él, dom Paulo, no conseguía comprender. Pero ¿qué era? El tono de la carta era levemente impertinente, pero parecía estar llena de ominosas incongruencias que probablemente fueron escritas para añadir alguna sencilla y oscura congruencia. ¡Si sólo pudiese saber cuál! ¿Qué peligro entrañaba el dejar que un erudito seglar estudiase en la abadía?
El propio thon Taddeo, según el correo portador de la carta, fue educado en el monasterio de los benedictinos, donde se le había llevado de niño para evitar complicaciones a la esposa de su padre. El padre del thon era el tío de Hannegan, pero su madre era una sirvienta. La duquesa, esposa legítima del duque, nunca había protestado de los galanteos del duque, hasta que esta criada le dio a él el hijo que siempre deseara; en aquel momento lo lloró como injusto. Ella sólo había podido darle hijas, y ser vencida por una plebeya atrajo su ira. Envió lejos al niño, azotó y despidió a la sirvienta y retuvo de nuevo al duque absolutamente dominado. Habiendo decidido que para recuperar su honor tenía que darle un hijo, le dio tres niñas más. El duque esperó pacientemente quince años, y cuando ella murió de parto — de otra niña —, fue rápidamente a los benedictinos para reclamar al muchacho y designarlo su heredero.
Pero el joven Taddeo de Hannegan-Pfardentrott se había convertido en un muchacho amargado. Pasó de la infancia a la adolescencia viendo la ciudad y el palacio donde su primo estaba siendo preparado para el trono. Si su familia le hubiese ignorado por completo, quizás habría madurado sin sentir su vida de paria. Pero tanto su padre como la sirvienta, cuyo seno le había cobijado, acudían a visitarle con la frecuencia suficiente como para recordarle que había sido engendrado de los humanos y no de las piedras; y así se daba vagamente cuenta de que le privaban del amor al cual tenía derecho. Y entonces también el príncipe Hannegan llegó al mismo monasterio para realizar un año de estudios; gobernó y ganó a su primo bastardo en todo, excepto en agudeza mental. El joven Taddeo odió al príncipe con una furia tranquila y decidió distanciarse de él lo más posible por medio del estudio. Sin embargo, la carrera resultó una farsa; el príncipe abandonó la escuela monástica al año siguiente, tan inculto como había llegado, y no se volvió a pensar en su educación. Mientras tanto, su exiliado primo continuó solo la carrera y ganó altos honores; pero su victoria fue vana porque a Hannegan no le importó.
Thon Taddeo llegó a despreciar a toda la corte de Texarkana pero con juvenil inconsciencia volvió voluntariamente a aquella corte para ser finalmente legitimado como el hijo de su padre, y al parecer perdonó a todos menos a la difunta duquesa, que lo había exiliado, y a los monjes, que lo habían cuidado durante su exilio.
«Quizá piensa que nuestro claustro es un lugar de prisión vil», se dijo el abad.
Tendría amargos recuerdos, otros que se confundían con sus fantasías.
Tal vez algunos que sólo eran imaginarios.
…Semillas de controversia en el campo de la Nueva Cultura — continuó el lector —. Así que preste atención y vigile los síntomas.
Pero, por otra parte, no sólo Su Supremacía, sino los dictados de la caridad y la justicia quieren que se lo recomiende como un hombre de buenas intenciones o, por lo menos, que se le considere sin malicia, como la mayoría de esos educados y caballerosos paganos (y paganos seguirán siendo, a pesar de todo). Si es usted firme y cuidadoso, amigo mío, él sabrá comportarse, pero tenga cuidado.
Tiene una mente como un mosquete cargado capaz de dispararse en cualquier dirección.
Confío, sin embargo, que el tener que convivir con él durante un tiempo no resulte un problema demasiado gravoso para su ingenio y hospitalidad.
Quidam nihi calix nuper expletur, Paule. Precamini ergo.
Texarkanae datum est Octava Ss Petri et Pauli, Anno Domini termillesimo…
— Veamos de nuevo el sello — dijo el abad.
El monje le tendió el rollo. Dom Paulo se lo acercó a los ojos para observar las letras borrosas que habían sido impresas en el fondo del pergamino mediante un sello de madera muy poco entintado.
CON EL VISTO BUENO DE HANNEGAN 11, POR LA GRACIA DE DIOS PADRE, GOBERNANTE DE TEXARKANA, DEFENSOR DE LA FE Y VAQUERO SUPREMO DE LAS LLANURAS.