La segunda generación
- Автор: Уэйс Маргарет, Хикмэн Трэйси
- Язык: испанский
- Переводчик: Mila Lopez Diaz-Guerra
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «La segunda generación». Краткое содержание книги:
Pero no serán los Héroes de la Lanza quienes deberán lanzarse al río revuelto de la guerra que se acerca. Ha llegado la hora para los que son más jóvenes, más fuertes. Es hora de entregar la espada, o el bastón de mago, a quienes serán los héroes de la segunda generación. O a quienes traerán la perdición para esa nueva era.
—Esto me concierne a mí, ¿sabes, padre? —instó bruscamente—. A ti no te invitaron.
—¡No me hables con ese tono, joven!
—Gil, querido, éste es un asunto muy serio —intervino Laurana, que utilizó un tono tranquilizador con su hijo al tiempo que posaba la mano en el brazo de su marido con la misma intención—. ¿Cuándo recibiste esa invitación?
—Hace uno o dos días, cuando estabais en Palanthas. Si hubieseis estado en casa, os habríais enterado.
De nuevo, los dos intercambiaron una mirada.
—Ojalá nos lo hubieses dicho antes. ¿Qué respuesta enviaste?
Saltaba a la vista el nerviosismo de su madre, que tenía las manos entrelazadas con fuerza. Su padre estaba furioso, aunque guardaba silencio a duras penas.
De repente Gil se dio cuenta de que, por primera vez en su vida, él controlaba la situación. Fue una sensación grata que aflojó el nudo en su estómago.
—Todavía no he contestado —repuso fríamente—. Sé que es un asunto político. Que es serio. Esperé para tratar el tema con los dos.
Tuvo la satisfacción de ver que sus padres se avergonzaban. Una vez más, lo habían subestimado.
—Hiciste bien, hijo. Lamento haberte juzgado mal. —Tanis suspiró y se rascó la barba en un gesto de frustración—. Y lo que es más, lamento que te hayas visto arrastrado a esto. Supongo que era de esperar. Debí prever que pasaría.
—Debimos preverlo los dos —agregó Laurana—. Tendríamos que haberte preparado para cuando ocurriera, Gil. —El tono de su voz bajó. De nuevo hablaba con Tanis—. Pero es que jamás imaginé que… Es parte humano, después de todo. No supuse que ellos…
—Pues claro que sí. Es obvio lo que pretenden…
—¿Qué? —demandó Gil—. ¿Qué es lo que pretenden?
Tanis no pareció escucharlo, ya que siguió hablando con Laurana.
—Había confiado en que no tendría que pasar por lo mismo que nosotros, que se ahorraría todo eso. Y si puedo evitarlo, no tendrá que aguantarlo. —Se volvió hacia Gil—. Tráenos la invitación, hijo. Tu madre elaborará la fórmula correcta para rehusarla.
—Y ya está todo dicho —argüyó Gilthas, que dirigió una mirada iracunda a ambos—. No me dejáis ir.
—Hijo, no lo entiendes… —empezó Tanis, que empezaba a perder los estribos.
—¡Desde luego que no lo entiendo! Yo… —Gil enmudeció de golpe.
¡Por supuesto! En realidad era muy sencillo. Pero tenía que ir con cuidado. No debía delatarse. Había dejado la frase a medias, un estúpido error. Podrían sospechar. ¿Cómo disimularlo? Diplomacia, como había aprendido de su madre.
—Siento haber gritado, padre —manifestó, contrito—. Sé que sólo deseas lo mejor para mí. Fue una necedad por mi parte querer ir, visitar la patria de mi madre.
—Algún día lo harás, hijo. —Tanis se rascó la barba—. Cuando seas mayor…
—Claro, padre. Bien, si me disculpáis, tengo que ocuparme de mis estudios. —Gil se volvió y salió dignamente de la estancia. Cerró la puerta tras él, y se quedó fuera para escuchar.
—Sabíamos que esto ocurriría —decía su madre—. Es lógico que quiera ir.
—Sí, ¿y cómo se sentirá cuando vea las miradas rebosantes de odio, los labios torcidos en un gesto de desprecio, los insultos velados…?
—Quizá no pase eso, Tanis. Los elfos han cambiado.
—¿De veras, cariño? —inquirió tristemente Tanis—. ¿Han cambiado realmente?
Laurana no contestó, al menos Gil no oyó ninguna respuesta. Su resolución vaciló. Después de todo, sólo intentaban protegerlo.
¡Protegerlo! Sí, igual que Caramon había intentado proteger a Palin. Se había sometido a la Prueba y la había superado, había demostrado su valía… Tanto a su padre como a sí mismo.
Afianzado en su resolución, Gil corrió pasillo adelante y subió de dos en dos los peldaños que conducían a su habitación. Una vez dentro, cerró con llave. Tenía la invitación guardada en una caja dorada de filigrana. Releyó la misiva y pasó las líneas hasta dar con lo que buscaba.
Estaré hospedado en El Cisne Negro, una posada que se encuentra a un día a caballo, más o menos, desde la casa de vuestros padres. Si tenéis a bien reuniros conmigo allí, podríamos viajar juntos a Qualinesti. Os aseguro, príncipe Gilthas, que me sentiré honrado por vuestra compañía y será un placer para mí presentaros en las más altas esferas de la sociedad elfa.