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El juego de Ender [Ender's Game - es]

Электронная книга - «El juego de Ender [Ender's Game - es]». Краткое содержание книги:

La Tierra se ve amenazada por los insectores, una raza extraterrestre completamente ajena a los humanos, a los que pretende destruir. Para vencer a los insectores es necesario un nuevo tipo de genio militar, y por ello se ha permitido el nacimiento de Ender, quien en cierta forma constituye una anomalГ­a viviente: es el tercer hijo de una pareja en un mundo que ha limitado estrictamente a dos el nГєmero de descendientes. El niГ±o Ender deberГЎ aprender todo lo relativo a la guerra en los videojuegos y en los peligrosos ensayos de batallas que realiza con sus compaГ±eros. A la habilidad en el tratamiento de las emociones, ya caracterГ­stica de Orson Scott Card, se une en este libro el interГ©s por el empleo de las simulaciones de ordenador y juegos de fantasГ­a en la formaciГіn militar, estratГ©gica y psicolГіgica del protagonista.
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—He estudiado Historia —dijo Peter—, he estado aprendiendo cosas sobre las pautas del comportamiento humano. Hay períodos en que el mundo se reestructura, y en esos períodos las palabras precisas pueden cambiar el mundo. Piensa en lo que hizo Pericles en Atenas, y Demóstenes…

—Sí, se las arreglaron para destruir Atenas dos veces.

—Pericles, sí, pero Demóstenes tenía razón en lo de Filipo…

—O le provocó…

—¿Lo ves? Eso es lo que hacen los historiadores, hacen juegos con la causa y el efecto, cuando el asunto es que hay períodos en los que el mundo cambia, y la voz precisa en el lugar preciso puede mover el mundo. Thomas Paine y Ben Franklin, por ejemplo. Bismarck. Lenin.

—No son casos exactamente paralelos, Peter.

Ahora, discrepaba por seguir la costumbre; veía adonde pretendía llegar y pensaba que quizá fuera posible.

—No esperaba que lo entendieras. Sigues pensando que los profesores saben algo que merece la pena aprender.

—Entiendo más de lo que crees, Peter. ¿Así que te ves a ti mismo como Bismarck?

—Me veo a mí mismo sabiendo insertar ideas en la opinión pública. ¿No has pensado nunca una frase, Val, algo inteligente que decir, y lo has dicho, y luego, al cabo de dos semanas o un mes, oyes a un adulto decírselo a otro adulto, desconocidos los dos? ¿O la ves en un vídeo o la captas en una red de comunicaciones?

—Siempre creí que la había oído antes y pensé que tan sólo la estaba recordando.

—Estabas equivocada. Hermanita, hay, quizá, dos o tres mil personas en el mundo tan inteligentes como nosotros. La mayoría se está ganando la vida en algún sitio. En la enseñanza, pobres desgraciados, o en la investigación. Muy pocos ocupan realmente posiciones de poder.

—Creo adivinar que somos de esos pocos.

—Muy divertido, Val, tanto como un conejo saltando a la pata coja.

—De los que, sin duda, hay muchos en estos bosques.

—Saltando en pequeños círculos. Valentine se rió ante lo grotesco de la imagen y se odió a sí misma por encontrarlo divertido.

—Val, podemos decir las palabras que todos los demás repetirán dentro de dos semanas. Podemos hacerlo. No tenemos que esperar a ser mayores y a que nos pongan a labrarnos una carrera con porvenir.

—Peter, tienes doce años.

—No, en las redes, no. En las redes puedo llamarme como quiera, y tú también.

—En las redes estamos identificados como estudiantes y ni siquiera podemos participar en las discusiones reales excepto como oyentes, lo que de cualquier manera significa que no podemos decir nada.

—Tengo un plan.

—Siempre tienes alguno. Pretendía indiferencia pero escuchaba con atención.

—Podemos acceder a las redes como adultos de pleno derecho, con el nombre de red que queramos adoptar, si papá nos incluye en su acceso de ciudadano.

—¿Y por qué habría de hacerlo? Ya tenemos el acceso de estudiante. ¿Qué le vas a decir? ¿Necesito el acceso de ciudadano para apoderarme del mundo?

—No, Val. No le diré nada. Tú le vas a decir que estás muy preocupada por mí. Que me estoy esforzando en hacerlo bien en la escuela, pero que sabes que me estoy volviendo loco porque no puedo hablar nunca con alguien inteligente, que todo el mundo me habla con condescendencia porque soy joven. Que no puedo conversar con mis iguales. Que tú puedes probar que la tensión me está agobiando.

Valentine pensó en el cuerpo de la ardilla del bosque y comprendió que incluso ese descubrimiento formaba parte del plan de Peter. O, como mínimo, que lo había hecho formar parte de su plan después de que sucediera.

—De este modo consigues que nos autorice a compartir su acceso de ciudadano. Para adoptar nuestras identidades, para ocultar quiénes somos, a fin de que la gente nos trate con el respeto intelectual que merecemos.

Valentine podía desafiarle en ideas, pero nunca en cosas como ésa. No podía decir: «¿Qué te hace creer que mereces respeto?» Había leído algo sobre Adolfo Hitler. Se preguntaba cómo era cuando tenía doce años. No tan listo, no tanto como Peter, pero insaciable, probablemente eso. Y ¿qué habría pasado con el mundo si hubiera sido engullido por una trilladora o pateado por un caballo cuando era niño?

—Val —dijo Peter—, sé lo que piensas de mí. Piensas que no soy una buena persona, eso es lo que piensas.

Valentine le lanzó una aguja de pino.

—Una flecha se ha clavado en tu corazón.

—Durante mucho tiempo he estado planeando venir a hablar contigo. Pero tenía miedo.

Se puso una aguja de pino en la boca y se la tiró. Cayó directamente hacia abajo.

—Otro lanzamiento fallido. ¿Por qué fingir ser débil?

—Val, tenía miedo de que no me creyeras. De que no me creyeras capaz.

—Peter, creo que eres capaz de hacer cualquier cosa, y probablemente lo harás.

—Pero tenía más miedo aún de que me creyeras e intentaras detenerme.

—¿Amenazando de nuevo con matarme, Peter?

¿Se creía de verdad que su papel de chico humilde y bueno podría engañarla?

—Así que tengo un sentido negro del humor. Lo siento, te estaba tomando el pelo. Necesito tu ayuda.

—Eres justo lo que el mundo necesita. Un muchacho de doce años que solucione todos nuestros problemas.

—No es culpa mía que sólo tenga doce años precisamente ahora. Y no es culpa mía que precisamente ahora se presente la oportunidad. Precisamente ahora es el momento en que puedo dar forma a los acontecimientos. En tiempos de inestabilidad, el mundo es siempre una democracia, y el hombre que tenga la mejor voz ganará. Todo el mundo piensa que Hitler llegó al poder gracias a sus ejércitos, porque estaban dispuestos a matar, y eso en parte es verdad, porque en el mundo real el poder siempre se erige sobre la amenaza de muerte y de deshonra. Pero, sobre todo, llegó al poder por las palabras, por las palabras precisas en el momento preciso.

—Precisamente, estaba pensando en compararte con él.

—No odio a los judíos, Val. No quiero destruir a nadie. Y tampoco quiero la guerra. Quiero que el mundo se mantenga unido ¿Es eso tan malo? No quiero que volvamos a los viejos tiempos. ¿Has leído algo sobre las guerras mundiales?

—Sí.

—Podemos volver otra vez a esa situación. O peor. Podernos vernos dentro del Pacto de Varsovia. No es una idea alentadora.

—Peter, somos niños, ¿no puedes entenderlo? Estamos yendo al colegio, estamos creciendo.

Pero aunque se resistía, quería que la persuadiera. Había querido que la persuadiera desde el principio.

Pero Peter no sabía que ya había ganado.

—Si me creo eso, si acepto eso, tendré que sentarme y ver cómo se desvanecen todas las oportunidades y luego, cuando sea mayor, será demasiado tarde. Val, escúchame. Sé lo que sientes con respecto a mí, lo que siempre has sentido. He sido un hermano depravado y repugnante. He sido cruel contigo y peor con Ender, hasta que se lo llevaron. Pero no te odiaba. Os quería a los dos, sólo que tenía que ser… tenía que tener el control, ¿lo entiendes? Es lo más importante para mí, es mi mayor don, puedo ver dónde están los puntos débiles de los demás, puedo ver cómo llegar a ellos y utilizarlos, así de sencillo; veo esas cosas sin siquiera intentarlo. Podría convertirme en un hombre de negocios y dirigir alguna sociedad importante, lucharía y maquinaría hasta llegar arriba del todo, y ¿qué tendría? Nada. Voy a gobernar, Val. Voy a tener control sobre algo. Pero quiero que sea algo que merezca la pena gobernar. Una Pax Americana en todo el mundo. Para que cuando venga algún otro, después de que venzamos a los insectores, cuando venga algún otro a derrotarnos, descubra que nos hemos extendido por mil mundos, que estamos en paz con nosotros mismos y es imposible destruirnos. ¿Lo entiendes? Quiero salvar a la raza humana de su autodestrucción.

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