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Velo de Medianoche

Электронная книга - «Velo de Medianoche». Краткое содержание книги:

Entrenada en el manejo de armas y explosivos, a Renata es muy difícil que la supere cualquier hombre… ya sea mortal o vampiro. Pero su baza más poderosa es su extraordinaria habilidad psíquica -un extraño y mortífero don. Ahora un desconocido amenaza la independencia que tanto le ha costado conseguir, un vampiro de cabellos dorados que la introducirá en un reino lleno de oscuridad… y placeres inimaginables.
Un adicto a la adrenalina y los combates, Nikolai imparte con mano dura su propia justicia a los enemigos de la Estirpe y ahora ha puesto su mira en una mujer de armas tomar, seductora y fría como el hielo. Ella no está dispuesta a someterse pero sus poderes serán puestos a prueba cuando la vida de un niño se ve amenazada y se ve obligada a pedir ayuda a Niko.
Ahora, unidos en una causa común, y mientras el deseo se hace mucho más profundo y ardiente, Renata se verá asediada por un hombre que le ofrece el exquisito placer de un lazo de sangre… y una pasión que puede salvarlos o condenarlos para siempre.
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Renata se sento, colgando sus piernas sobre el lado de la cama. La esperanza la mantenía a flote, aumentando en su pecho.

Ellas podían irse. Sin Yakut para que las siguiera, sin el vivo y capaz de usar su conexión de sangre, ella era finalmente libre. Ella podía tomar a Mira y dejar este lugar, de una vez por todas.

“María madre de dios” suspiró ella, juntando sus manos en una oración desesperada. “Por favor, danos esta oportunidad. Déjame tener esta oportunidad- por el destino de esa niña inocente”.

Renata se incline cerca de la pared que compartía con el dormitorio de Mira. Ella golpeó sus nudillos ligeramente sobre los paneles de Madera, esperando oír el golpe de respuesta de la chica.

Solo silencio.

Ella golpeó de nuevo. “¿Mira, estás despierta, niña?”

No hubo respuesta. Solo una larga tranquilidad se sentía como un repique mortal.

Renata todavía llevaba las ropas de la noche anterior, una camiseta negra de manga larga arrugada por el sueño y unos jeans oscuros de Denia. Ella se puso un par de botines y se lanzó hacia el pasillo. La puerta de Mira estaba solo a un par de pasos… y permanecía entreabierta.

"¿Mira?" ella llamó, caminando adentro y echando una rápida mirada alrededor.

La cama estaba deshecha y arrugada desde donde la niña había estado en un punto durante la noche, pero no había señal de ella. Renata giro y corrió al baño que compartían al otro lado del pasillo.

"¿Mira? ¿Estás ahí dentro, ratoncito?" Ella abrió la puerta y encontró la pequeña habitación vacía. ¿Adonde podría haber ido? Renata giró alrededor y se dirigió de nuevo al corredor de paneles hacia la zona vital del edificio, un terrible pánico comenzando a apoderarse de su garganta. “¡Mira!”

Lex y un par de guardias estaban sentados alrededor de la mesa en la gran sala mientras Renata corría al interior desde el pasillo. El le dirigió la más breve mirada entonces continuo hablando con los otros hombres.

“¿Donde esta ella?” exigió Renata. “¿Qué has hecho con Mira? Juro por Dios, Lex, que si la has hecho daño…”

El le lanzó una mirada mordaz. “¿Dónde esta tu respeto, hembra? Acabo de volver de liberar el cuerpo de mi padre al sol. Este es un día de luto. No oiré una palabra tuya hasta que este malditamente bien y listo”.

“Al infierno contigo y tu falso luto” estalló Renata, cargando contra el. Era casi imposible evitar que le golpeara con una ráfaga del poder de su mente, pero los dos guardias que se levantaron a cada lado de Lex, dirigiendo sus armas contra ella, ayudaron a controlar su ira. “Dime que hiciste, Lex. ¿Dónde esta ella?”

“La vendí”. La respuesta fue tan casual, que podría haber estado hablando de unos viejos zapatos.

“Tu… ¿tu hiciste qué?” los pulmones de Renata se retorcieron, perdiendo tanto aire que apenas pudo tomar otra respiración. “¡No puedes estar hablando en serio! ¿La vendiste a quien- a esos hombres que vinieron por Nikolai?”

Lex sonrió, le dio un vago encogimiento de hombros de admisión.

“¡Bastardo! ¡Cerdo asqueroso!” La total y fea realidad de todo lo que Lex había hecho la golpeó. No solo lo que había hecho a Mira, sino a su propio padre, y, mientras ella veía con atroz claridad ahora, lo que había hecho también a Nikolai. “Dios mío. Todo lo que el dijo sobre ti, ¿era verdad, no? Fuiste el único responsable de la muerte de Sergei, no Nikolai. Fuiste tu quien trajiste adentro a los Renegados. Tu planeaste todo”.

“Ten cuidado con tus acusaciones, hembra” la voz de Lex era un gruñido quebradizo. “Soy el único al mando ahora. No cometas errores, tu vida me pertenece. Jodeme y puedo eliminar tu existencia tan rápido como envié a ese guerrero a su muerte”.

Oh, Dios…no. El shock recorrió todo su pecho en un dolor agudo. "¿Está muerto?"

"Lo estará pronto," dijo Lex. “O deseando que él lo estuviera, una vez que los buenos médicos en Terrabonne tenga su diversión con el."

"¿De que estas hablando? ¿Que doctores? Pensé que le habías arrestado."

Lex se rió entre dientes. "El guerrero esta camino de a una cárcel de contención dirigida por la Agencia de Imposición. Estoy seguro al decir que nadie oirá de él de nuevo."

El desprecio hervía dentro de Renata por todo lo que estaba oyendo, y por su propio papel al ver a Nikolai erróneamente acusado. Ahora ambos el y Mira se habían ido, y Lex permanecía allí sonriendo con petulante vanidad por el engaño que había orquestado. “Me das asco. Eres un jodido monstruo, Lex. Eres un asqueroso cobarde”.

Ella dio un paso hacia el y Lex indicó a los guardias con un movimiento de barbilla. La bloquearon, dos enormes vampiros mirándola. Obligándola a hacer un movimiento en retroceso.

Renata les miró, observando sus duras miradas los años de animosidad que este grupo de vampiros de la raza sentían por ella -animosidad que venía más intensamente en Lex. La odiaban. Odiaban su fuerza, y estaba claro que cualquiera de ellos daría la bienvenida a la oportunidad de poner una bala en su cabeza.

"Sacadla fuera de mi vista," ordenó Lex. "LLevad a la puta a su habitación y encerradla durante el resto del día. Ella puede proporcionarnos entretenimiento durante la noche”.

Renata no dejó que los guardas pusieran un dedo sobre ella. Mientras ellos se movían para cogerla, ella les empujó con un agudo golpe mental. Ellos gritaron y saltaron lejos, retrocediendo del dolor.

Pero no antes de que se hubieran caído, Lex surgió sobre ella, completamente transformado y escupiendo furia. Duros dedos se curvaron sobre sus hombros. Su pesado cuerpo la martilleó hacia atrás, cayendo. El estaba furioso, empujándola como si no fuera nada excepto plumas. Su fuerza y velocidad la propulsaron con el a través del suelo y dentro de la ventana en la pared opuesta.

Leños sólidos e inamovibles golpearon contra su espina dorsal y muslos. La cabeza de Renata se estrelló contra los gruesos postigos con el impacto. Su respiración la dejó sobre un jadeo roto. Cuando abrió sus ojos, la cara de Lex surgió justo contra la suya, sus delgadas pupilas bullendo atrocidades desde el centro de sus fieros iris ámbar. El levantó una mano y cogió su mandíbula en un ruidoso alcance. Forzó su cabeza hacia un lado. Sus colmillos eran enormes, afilados como dagas y desnudos peligrosamente cerca de su garganta.

“Eso fue una cosa muy estúpida de hacer” gruñó, dejando esos dientes puntiagudos rozar su piel mientras el hablaba. Debería sangrarte para eso. De hecho, pienso que lo hare…”

Renata reunión cada pizca de poder que tenía y la convirtió para soltarla sobre el, volando la mente de Lex en una larga e implacable ola de angustia.

"¡Aaagh!" Su aullido se escucho como el grito de un banshee.

Y aun así Renata siguió atacándole. Vertiendo dolor en su cabeza hasta que el la soltó y se desmoronó en el suelo extendido por completo.

"¡Co-cogedla!" dijo a los guardias, quienes estaban recuperándose ahora de los golpes mas pequeños que Renata les había propinado.

Uno de ellos alzó su pistola contra ella. Ella lo bombardeo, entonces dio al segundo guardia otra dosis también.

Maldita sea, tenia que salir de allí. No podía arriesgarse a usar más su poder cuando ella pagaría por cada golpe. Y ella no tendría tiempo ante la atroz ola que rugía sobre ella.

Renata giro alrededor, cristales rotos chascando bajo sus botas desde el caos de la noche anterior. Ella sintió una pequeña brisa cortando a través de los postigos cerrados. Se dio cuenta que amanecía: no había ventana tras ella, solo libertad. Ella tomó el soporte de los paneles de Madera y dio un fuerte tirón. Las bisagras gimieron pero no cedieron bastante.

"¡Matadla, jodidos imbéciles!" jadeó Lex por detrás de ella. "¡Disparad a la puta!"

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