La Lozana andaluza
- Автор: Delicado Francisco
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La Lozana andaluza». Краткое содержание книги:
Mamotreto XLVII
Cómo se despide el conocido de la señora Lozana, y le da señas de la patria del autor
[SILVANO.-] Señora Lozana, quisiera que acabáramos la materia comenzada de la meritoria, mas como no tuvo réplica mandá vuestra merced que digamos reliqua, para que se sienten y vayan reposadas donde la rueda de la carreta las acabará. Y tornando a responderos de aquel señor que de vuestras cosas hace un retrato, quiero que sepáis que soy estado en su tierra y dareos señas de ella. Es una villa cercada y cabeza de maestrazgo de Calatrava, y antiguamente fue muy gran ciudad, dedicada al dios o planeta Marte. Como dice Apuleyo, cuando el planeta Mercurio andaba en el cielo, al dios Marte aquella peña era su trono y ara, de donde tomó nombre la Peña de Marte, y, al presente, de los Martos, porque cada uno de los que allí moran son un Marte en batalla, que son hombres inclinados al arte de la milicia y a la agricultura, porque remedan a los romanos, que reedificaron donde ahora se habita, al pie de la dicha peña, porque allí era sacrificado el dios de las batallas. Y así son los hombres de aquella tierra muy actos para armas, como si oíste decir lo que hicieron los Cobos de Martos en el reino de Granada, por tanto que decían los moros que el Cobo viejo y sus cinco hijos eran de hierro y aun de acero, bien que no sabían la causa del planeta Marte, que en aquella tierra reinaba de nombre y de hecho, porque allí puso Hércules la tercera piedra o colona, que al presente es puesta en el templo; hallose el año MDIV. Y la Peña de Martos nunca la pudo tomar Alejandro Magno ni su gente, porque es inexpuñábile a quien la quisiese por fuerza; ha sido siempre honra y defensión de toda Castilla. En aquella tierra hay las señales de su antigua grandeza en abundancia. Esta fortísima peña es tan alta que se ve Córdoba, que está catorce leguas de allí. Ésta fue sacristía y conserva cuando se perdió España, al pie de la cual se han hallado ataúdes de plomo y marmóreos escritos de letras góticas y egipciacas, y hay una puerta que se llama la Puerta del Sol, que guarda al oriente, dedicada al planeta Febo. Hay otra puerta, la Ventosilla, que quiere decir que allí era la silla del solícito elemento Mercurio, y la otra, puerta del Viento, dedicada a este tan fuerte elemento aéreo; por tanto, el fortísimo Marte dedicó a este elemento dos puertas que guardasen su altar. Todas dos puertas de Mercurio guardan al poniente. Hay un albollón, que quiere decir salida de agua, al baluarte donde reposa la diosa Ceresa. Hay dos fortalezas, una en la altísima peña y otra dentro de la villa, y el Almedina, que es otra fortaleza, que hace cuarenta fuegos, y la villa de Santa María, que es otra fortaleza que hace cien fuegos, y toda la tierra hace mil quinientos, y tiene buenos vinos torronteses y albillos y aloques; tiene gran campiña, donde la diosa Ceresa se huelga; tiene monte, donde se coge mucha grana, y grandes términos y muy buenas aguas vivas. Y en la plaza, un altar de la Madalena, y una fuente, y un alamillo, y otro álamo delante de la puerta de una iglesia, que se llama la solícita y fortísima y santísima Marta, huéspeda de Cristo. En esta iglesia está una capilla que fue de los Templares, que se dice de San Benito; dicen que antiguamente se decía Roma la Vieja. Todas estas cosas demuestran su antigua grandeza, máxime que todas las ciudades famosas del Andalucía tienen la puerta Martos, que dice su antigua fortaleza, salvo Granada, porque mudó la puerta Elvira. Tiene ansimismo una fuente marmórea, con cinco pilares, a la puerta de la villa, edificada por arte mágica en tanto espacio cuanto cantó un gallo, el agua de la cual es salutífera; está en la vía que va a la ciudad de Mentesa, alias Jaén. Tiene otra al pie de Malvecino, donde Marte abrevaba sus caballos, que ahora se nombra la fuente Santa Marta, salutífera contra la fiebre. La mañana de San Juan sale en ella la cabelluda, que quiere decir que allí muchas veces apareció la Madalena, y más arriba está la peña la Sierpe, donde se ha visto Santa María defensora, la cual allí miraculosamente mató un ferocísimo serpiente, el cual devoraba los habitadores de la ciudad de Marte, y ésta fue la principal causa de su despoblación. Por tanto, el templo lapídeo y fortísima ara de Marte fue y es al presente consagrado a la fortísima Santa Marta, donde los romanos, por conservar sus mujeres en tanto que ellos eran a las batallas, otra vez la fortificaron, de modo que toda la honestidad y castidad y bondad que han de tener las mujeres, la tienen las de aquel lugar, porque traen el origen de las castísimas romanas, donde muchas y muchas son de un solo marido contentas. Y si en aquel lugar, de poco acá, reina alguna invidia o malicia, es por causa de tantos forasteros que corren allí por dos cosas: la una, porque redundan los torculares y los copiosos graneros, juntamente con todos los otros géneros de vituallas, porque tiene cuarenta millas de términos, que no le falta salvo tener el mar a torno; la segunda, que en todo el mundo no hay tanta caridad, hospitalidad y amor proximal cuanta en aquel lugar, y cáusalo la caritativa huéspeda de Cristo. Allí poco lejos está la sierra de Ailló, antes de Alcahudete.
LOZANA.- Alcahudete, el que hace los cornudos a ojos vistas.
SILVANO.- Finalmente, es una felice patria donde, siendo el rey, personalmente mandó despeñar los dos hermanos Carvajales, hombres animosísimos, acusados falsamente de tiranos, la cuya sepultura o mausoleo permanece en la capilla de Todos los Santos, que antiguamente se decía la Santa Santorum, y son en la dicha capilla los huesos de fortísimos reyes y animosos maestres de la dicha orden de Calatrava.
LOZANA.- Señor Silvano, ¿qué quiere decir que el autor de mi retrato no se llama cordobés, pues su padre lo fue, y él nació en la diócesi?
SILVANO.- Porque su castísima madre y su cuna fue en Martos y, como dicen: «no donde naces sino con quien paces». Señora Lozana, veo que viene gente, y si estoy aquí os daré empacho. Dadme licencia, y mirá cuándo mandáis que venga a serviros.
LOZANA.- Mi señor, no sea mañana ni el sábado, que tendré prisa, pero sea el domingo a cena y todo el lunes, porque quiero que me leáis, vos que tenéis gracia, las coplas de Fajardo y la comedia Tinalaria y a Celestina, que huelgo de oír leer estas cosas mucho.
SILVANO.- ¿Tiénela vuestra merced en casa?
LOZANA.- Señor, vedla aquí, mas no me la leen a mi modo, como haréis vos. Y traé vuestra vihuela y sonaremos mi pandero.
SILVANO.- Contemplame esa muerte.
Mamotreto XLVIII
Cómo vinieron diez cortesanas a se afeitar, y lo que pasaron, y después otras dos, casadas, sus amigas, camiseras
DOROTEA.- ¡Señora Lozana, más cara sois vos de haber, que la muerte cuando es deseada! Mirá cuántas venimos a serviros, porque vos no os dejáis ver después que os enriquecisteis, y habemos de comer y dormir todas con vos.
LOZANA.- ¡Sea norabuena, que «cuando amanece, para todo el mundo amanece»! ¿Quién diría de no a tales convidadas? ¡Por mi vida, que se os parece que estáis pellejadas de mano de otra que de la Lozana! Así lo quiero yo, que me conozcáis, que pagáis a otra bien por mal pelar. ¡Por vida de Rampín, que no tengo de perdonar a hija de madre, sino que me quiero bien pagar! ¡Mirá qué ceja ésta, no hay pelo con pelo! ¡Y quién gastó tal ceja como ésta, por vida del rey, que merecía una cuchillada por la cara porque otra vuelta mirara lo que hacía! ¡Mirá si hubiera un mes que yo estuviera en la cama, cuando en quince días os han puesto del lodo! Y vos, señora, ¿qué paño es ese que tenéis? Esa agua fuerte y solimán crudo fue. Y vuestra prima, ¿qué es aquello, que todos los cabellos se le salen? ¡La judía anda por aquí! No me curo, que por eso se dice: «a río vuelto, ganancia de pescadores». Vení acá vos. ¿Qué manos son ésas? Entrá allá y dame aquel botecillo de oro. ¡Y manos eran éstas para dejar gastar! Tomá y tenedlo hasta mañana y veréis qué manos sacaréis el domingo. Si estuviera aquí mi criado, enviara a comprar ciertas cosas para vosotras. Mas torná por aquí, que yo lo enviaré a comprar si me dejáis dineros, que, a deciros la verdad, éstos que me habéis dado, bien los he ganado, y aún es poco que, cuando os afeito cada sábado, me dais un julio y ahora merecía dos, por haber enmendado lo que las otras os gastaron.