Homero, Ilíada
- Автор: Барикко Алессандро
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Homero, Ilíada». Краткое содержание книги:
Canta a los dioses, hombres y héroes, memorables por su ira y por su ambición, por su audacia y por su astucia, por su venganza y su piedad, dentro de los limites de un campo de batalla eterno. Guiado por la idea de adaptar el texto para una lectura pública. Alessandro Baricco relee y rescribe la lliada de Homero, como si tuviéramos que devolver a Homero allí mismo, a la lliada. para contemplar uno de los más majestuosos paisajes de nuestro destino. Trabajando a partir de la traducción de María Grazia Ciani. construye con el material original un conceríato de veintiuna voces (la última es la de Demodoco, un aedo que, tras la estela de la Odisea y de otras fuentes, narra el final de Troya): los personajes homéricos son llamados a escena -dejando a los dioses en el fondo- para relatar, con una voz cercanísima a nosotros, su historia de pasiones y de sangre, su gran guerra, su gran aventura.
Me desperté en el corazón de la noche, cuando todos dormían, a mi alrededor. Debí de haberme vuelto loco para quedarme allí esperando el alba. Me levanté en silencio, fui a los carros, desperté a Ideo, enganchamos los caballos y, sin que nadie nos viera, partimos. Atravesamos la llanura en la oscuridad. Y cuando la Aurora de color de oro se extendió por toda la tierra, llegamos a las murallas de Troya. Desde la ciudad las mujeres nos vieron y se pusieron a gritar que el rey Príamo había regresado, y con él su hijo Héctor, y todos salieron por las puertas, corriendo a nuestro encuentro. Todos querían acariciar la hermosa cabeza del muerto, llorando y elevando sordas lamentaciones. A duras penas el viejo rey consiguió empujar los carros hasta el interior de las murallas, y luego hasta el palacio real. Cogieron a Héctor y lo depositaron sobre un lecho taraceado. A su alrededor se fue elevando un canto fúnebre. Y las mujeres, una a una, fueron junto a él, y sujetando la cabeza entre sus manos le fueron diciendo adiós. Andrómaca en primer lugar, porque era su esposa. «Héctor, tú mueres joven y me dejas viuda en nuestra casa, con un niño pequeño que nunca se hará mayor. Esta ciudad será destruida, porque has muerto tú, que eras su protector. Las nobles esposas serán arrastradas hasta las naves, y yo seré una de ellas. A tu hijo, alguno de los aqueos lo cogerá y lo lanzará desde las altas torres, dándole una muerte horrible, por el odio y el desprecio que sienten hacia ti, por los muchos hijos aqueos, y hermanos, y amigos, que mataste. Por ti lloran tus padres. Hoy por ti llora toda ¡a ciudad, pero nadie llora por ti con tanto dolor como tu esposa, que nunca olvidará que fuiste a morir lejos de ella.»