Diario de una ninfómana
- Автор: Tasso Valerie
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Diario de una ninfómana». Краткое содержание книги:
Esta peculiar manera de relacionarse la lleva a vivir una verdadera odisea al lado de un hombre maquiavélico empeñado en maltratarla psicológicamente. Para sobrevivir al dolor y debido a sus ilimitadas ansias de conocimiento, ejercerá la prostitución en una agencia de contactos de lujo. Allí se enfrentará a la vulnerabilidad de los hombres: hombres de reconocido prestigio, hombres de negocios, políticos… Hombres que no le harán perder sus ganas de comunicarse con el lenguaje que mejor conoce: el del cuerpo y el de las palabras escritas.
Un libro que no deja indiferente a nadie. Un libro sincero, desgarrado, escrito a contracorriente de la actitud políticamente correcta respecto del sexo. Un libro que revela, en definitiva, que hasta en el propio infierno se puede encontrar el amor.
Soy incapaz de contestarle. Se acaba de convertir en un monstruo ante mis ojos y no quiero ni dirigirle la palabra.
– No me extrañaría que te acostaras con tu jefe, y que ahora quisieras que yo cargara con el muerto.
Cada palabra que pronuncia es como un golpe en plena mandíbula. Vuelvo a vomitar.
– Y tampoco me extrañaría que lo hicieras con mi socio. Claro, ya entiendo por qué Joaquín viene cada vez más a menudo a casa. ¡No debí confiar en ti!
Quiero protestar pero mi disgusto es tal que me pongo a gritar.
– Eres una histérica. ¡Mírate! ¡Además, yo qué sé lo que haces cuando estoy en Madrid los fines de semana!
Podría hablarle de Carolina y decirle que he descubierto su doble juego, pero no puedo articular ninguna palabra. Me he vuelto completamente muda, y eso le está animando a ser más cruel.
– ¡Quien calla otorga! ¡Me das asco!
Todavía con estas palabras en la boca, se va de casa.
Mi regalo de san Valentin
14 de febrero de 1999
He abortado, sola, en silencio, a pesar de que un bebé es lo que más quiero tener en el mundo. El día en que le anuncié a Jaime mi estado, después de que se fuese de casa, encontré entre sus papeles un informe psiquiátrico con una serie de preguntas a las que Jaime había contestado. En una de sus respuestas decía que lo que más feliz le haría sería vivir toda la semana con Carolina, pero que ella ya no le soporta y que él ha vuelto a caer en la cocaína. Hay otras respuestas que prefiero olvidar por lo duras que son. Sin embargo, me llamó la atención lo que pensaba sobre las mujeres: dice que las odia a todas salvo a su madre. La conclusión del psiquiatra es que Jaime es esquizofrénico, que padece un síndrome de bipolaridad por tener las neuronas podridas de tanto consumir cocaína. Necesitaría un tratamiento en un centro durante una temporada.
No puedo admitir dar a luz a un niño concebido en un ambiente de locura, con un padre completamente loco y drogadicto. Temo que el niño resulte perjudicado por todo eso y me aterra tener que seguir en contacto con un loco furioso, que podría llegar a hacernos daño al niño o a mí.
Anteayer, Jaime me llamó amenazándome con que si no abortaba, haría todo lo posible para «joderme» la vida. Le creo. Es capaz de cualquier cosa con tal de sobrevivir.
Hoy cojo el puente aéreo para conocer a Carolina. Ya le he contado lo del bebé por teléfono y se ha sentido muy mal, pues Jaime le hizo lo mismo a ella. De eso hace unos cuantos años. No es estéril. Se ha inventado esa barbaridad para disuadir a cualquiera que pretenda hacerle chantaje emocional con una criatura. Desde luego, ése no es mi caso. Lo único que deseo es deshacerme de esta cruz que llevo, de este amor que siento por él, y empezar una nueva vida. Para ello, tengo que exorcizarlo hablando con la persona que mejor le conoce y con quien comparte su vida.
Carolina me ha citado en un bar, a solas, y estoy nerviosa por verle la cara. Nos reconocemos desde el primer momento, por instinto; la desgracia se reconoce enseguida en los rostros, y, durante los primeros minutos, me siento muy incómoda. Carolina es mucho mayor que yo, e increíblemente guapa y dulce. Me siento halagada de que Jaime le haya puesto los cuernos conmigo pero, luego, me quito esa gilipollez de la cabeza y me voy centrando en la triste realidad: él me ha manipulado y nunca me ha querido.
Carolina y yo necesitamos una copa de algo fuerte para poder decirnos todo lo que sabemos sobre Jaime. Yo le comento vagamente cómo nos conocimos, los problemas a los que. nos enfrentamos con el embargo de su casa, la muerte de su padre y sus borracheras nocturnas y desapariciones repentinas.
Carolina me está escuchando con mucha atención, y abre sus grandísimos ojos negros cada vez que se reconoce en mi historia.
– La única vez que oí hablar de ti fue cuando Jaime me explicó que había contratado a una chica francesa -me dice cuando se asegura de que yo he acabado de contarlo todo.
– Jamás he trabajado con él. Nunca quise.
– El entierro de su padre nunca existió. Él no ha muerto, sino que malvive en una choza sin electricidad. Jaime proviene de una familia muy pobre, y no se habla con su padre desde hace años. Cuando lo conocí, también utilizó la treta del entierro, hasta que descubrí la verdad. Seguramente necesitaba una coartada para desaparecer unos días con una chica y me contó esa mentira horrible. Jaime es un mentiroso compulsivo. Antes de Navidades, estábamos de viaje en Canarias. Por eso se inventó la muerte de su padre. ¡Lo siento!
Las palabras resuenan en mi cabeza como un eco.
– En cuanto al chalé, no es suyo. Mi marido lo compró cuando nos casamos. Cuando murió, heredé esa casa. Jaime se vino a vivir conmigo allí. Pero el chalé es mío y nunca ha habido ningún embargo sobre él. En eso también te ha mentido.
No puedo creerme que haya caído tan bajo.
– ¿Y sus hijos? Me dijo que pasaba todos los fines de semana con sus hijos, aquí.
– Sus hijos no quieren ni verle. Hace meses que apenas se hablan, sólo lo justo y necesario.
– Y entonces, los.cinco millones de pesetas que le dejé. ¿Para qué eran?
Carolina pone cara de no saber nada del asunto.
– ¡Le dejé cinco millones para evitar el supuesto embargo de la casa! -grito.
– Me parece que lo único que pretendía era sacarte dinero.
Además de mentiroso, descubro que es un estafador.
– Jaime siempre ha tenido problemas de dinero. Se lo gasta sin mirar. Lleva una vida de príncipe. Yo le estuve manteniendo durante muchos años, hasta que me cansé. Hace dos años que ya no le ayudo. Desde entonces, le empezaron a caer demandas encima, de sus colabora-dores, de mucha gente. Yo no quiero saber nada. Me imagino que ahora necesitaba que alguien le proveyera de fondos. Pasó lo mismo con su ex mujer. Al final, se cansó y lo echó de casa. Ella pretende vivir tranquilamente sin ese impresentable. Siento contarte las cosas así, pero es lo único que se me ocurre decir.
– Su ex mujer está muy enferma, ¿verdad?
– Para nada. Carmen está perfecta de salud. Ya veo que también te ha hecho creer que tenía un cáncer, ¿verdad? Pues no. Está muy bien y lo único que quiere es borrar de su memoria los años vividos con ese señor. Yo también estoy intentando hacerlo, pero continúo muy enamorada de él y no lo consigo.
Quiero morirme aquí mismo. Soy una cornuda, engañada, arruinada, destrozada física y psicológicamente. Y tengo enfrente a una mujer en las mismas condiciones, pero que le ha perdonado casi todas las humillaciones. Carolina me dice que ha quedado con Jaime en el bar de enfrente y que tiene que marcharse porque puede llegar de un momento a otro. En aquel momento, suena mi móvil. Es Jaime.
– A pesar de no estar a tu lado, te quiero desear un feliz día de San Valentín -me dice.
¿Cómo se puede ser tan cínico? Tengo que aguantarme para no desvelarle dónde me encuentro.
– ¿Dónde estás? -le pregunto destrozada.
– Este fin de semana estoy con mi madre, en Barcelona.
No le digo dónde estoy yo. Él no sospecha para nada que me pueda encontrar en Madrid con Carolina. Nos despedimos y Carolina me comenta:
– ¿Ves cómo miente? Está de camino hacia el bar.
Su móvil se pone ahora a vibrar. Me mira sorprendida, y comprendemos que es Jaime nuevamente.
– De acuerdo -dice ella-. Te espero en diez minutos.
Y cuelga. Le acaba de decir que está saliendo del metro, a punto de llegar a su cita. Nos volvemos a mirar, sin poder creernos que un hombre pueda tener tanta cara.
No sé de dónde saco las fuerzas para aparecer veinte minutos más tarde en el bar. Estoy dividida entre las ganas de irme corriendo, o quedarme y explicarle que ya he descubierto qué tipo de persona es en realidad. Por otra parte, sigo enamorada de él, pero le quiero dar una lección por todo el mal que me ha hecho, y que le está haciendo a Carolina.