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Электронная книга - «Un millonario enamorado». Краткое содержание книги:

Hay cosas que el dinero no puede comprar…
Molly Farr entendía por qué el millonario Jackson Baird era conocido como el soltero más codiciado de Australia. Era guapo, encantador y rico… y Molly tenía que cerrar aquel trato con él o perdería su empleo. Por eso lo último que necesitaba era sentirse atraída por su cliente más importante. Especialmente sabiendo que Jackson tenía fama de salir solo con las mujeres más guapas y sofisticadas. ¿Qué podría ver en ella un hombre como él?
Molly no lo sabía…, pero Jackson sí.
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– ¿Tenéis una copia del contrato? -preguntó Roger Francis con asombro.

– Por supuesto. No soy idiota. Así que Angela guardó las copias y las instrucciones de traerlas aquí si sucedía algo. Incluso Guy nos esperaba con su coche. Aunque… -esbozó una sonrisa-. No contábamos con que Guy cambiara su coche por unos billetes para la luna de miel y otro coche más viejo. Pero no importa. Entonces, apareció Michael.

– Y en lugar de traemos aquí, nos llevó al aeropuerto -dijo Sam-. Decía que quería llevamos de vacaciones a Hayman Island.

– Hizo todo lo posible para embaucarme -dijo Molly, y se volvió para mirar a Roger Francis-. Debéis pensar que soy estúpida.

– Algunas mujeres habrían aceptado -dijo Angela. Guy y ella se habían colocado en la puerta para no dejar escapatoria a Roger-. Michael es un hombre atractivo y te ofrecía unas vacaciones de ensueño. Y una boda…

– Como si fuera a creerlo.

– Pensaba que seguías enamorada de él.

– ¿Cómo iba a estar enamorada de él si…? -se le quebró la voz y Jackson la abrazó con más fuerza.

– ¿Y qué pasó? -preguntó Jackson con interés.

– Cuando se salió por el desvío de la autopista que lleva al aeropuerto le dije que se dejara de bromas. Y él me dijo que no fuera idiota. Dijo… -hizo una pausa y miró a Roger Francis-. Dijo que ganaríamos mucho dinero con la comisión de Blue Mountain. Me contó que Roger era uno de los propietarios, que iba a ganar una fortuna si la venta salía bien, y que nosotros nos llevaríamos un buen pellizco. Dijo que antes de que vieras este sitio, estuviste a punto de comprar la otra propiedad, y que si esta venta fallaba, y fallaría si yo conseguía que Hannah y tú os enfadarais…, todos nos reiríamos mucho.

– ¿Tú te reirías? ¿Casada con Michael en Hayman Island?

– No soy completamente boba -respiró hondo-. Él ni siquiera pensó eso bien. Me dio los billetes para que me hiciera ilusiones, pero ¡eran solo de ida! Ni siquiera pensó en que yo leería la letra pequeña. Tenía la intención de llevarnos a Sam y a mí a Hayman Island y abandonarnos allí.

– ¡Estás bromeando!

– Para entonces, ya estábamos en el aparcamiento del aeropuerto. Y yo le dije lo que podía hacer con los billetes. Cuando me dijo que no fuera estúpida, agarré a Sam y empezamos a caminar. Entonces, él tomó el contrato y lo rompió en mil pedazos. Y me golpeó -Jackson la miró para observar de nuevo el morado que tema en el rostro, y blasfemó-. Sí -dijo ella, pero no estaba disgustada por el morado. El tono de su voz era de satisfacción-. Pero al menos conseguí algo.

– ¿El qué?

– ¿No pensarás que dejé que me pegara y que se marchara sin más? ¿Tienes idea de la cantidad de seguridad que hay en los aeropuertos?

– Bueno…

– Me puse a gritar -continuó Molly-. Había mucha gente alrededor y yo gritaba muy fuerte. Empezó a sangrarme la nariz, y fue perfecto. No sabes lo que un poco de sangre puede hacer. Entonces, Sam le pegó un cabezazo y cuando Michael se disponía a darle una bofetada, aparecieron cuatro guardas de seguridad para reducirlo, y numerosos testigos. Además, todo había quedado grabado en una cámara de seguridad. Lo arrestaron -dijo con felicidad-. Ahora está en la cárcel. Seguro que sale en libertad bajo fianza, pero tengo montones de testigos, y la policía dice que si presento cargos contra él lo condenarán. Y tendrá que indemnizarme -se llevó la mano a la mejilla-. Por trauma emocional.

– No estás nada traumatizada -dijo Jackson, y ella se rió y lo abrazó.

– No. Estoy muy contenta de que Michael haya manchado su historial. Hay muchas cosas que un abogado no puede hacer cuando tiene antecedentes, y no puedo esperar a que los tenga -alzó la cara y miró a Roger-. Así que Guy y Angela nos trajeron hasta aquí a toda velocidad. Ha sido muy emocionante, ¿verdad, Sam? Y ahora… no sé qué vamos a hacer contigo, Roger, pero Guy cree que es ilegal intentar venderle a un cliente algo sin decir que uno es el dueño. Puede que te hayamos pillado a ti también.,

– Yo no… No he hecho… Las chicas…

– Sal de aquí -dijo Jackson enfadado. Miraba a Roger como si fuera basura-. ¡Ahora!

– Yo nunca…

– ¡Tú organizaste el plan para herir a Molly! -y ese era el quid de la cuestión. Todo lo demás, las mentiras, el engaño, hacían que estuviera enfadado, pero que hicieran daño a Molly, lo enfurecía. Miró el rostro de Molly una vez más y deseó matar a alguien-. Sal de aquí, Francis.

– Puedo darle una explicación. Ella se equivoca. Por favor…

– Me dijiste que Molly se había ido a Hayman Island. Y que habías hablado con ella. No hay ninguna otra explicación aparte de que estabas compinchado con Michael. Señora Copeland… -se volvió para mirar a Hannah-. ¿Estaría dispuesta a ser mi testigo?

– Por supuesto que sí -Hannah miraba a Francis como si fuera un insecto repugnante-. Estaré encantada. La horca es demasiado buena para alguien como él.

– Puede que no llegue a tanto, pero será igual de efectivo. Te veré en el juicio. Francis. Ahora, lárgate.

– Pero…

– ¡Ahora!

Cuando el abogado se marchó, todos quedaron en silencio durante unos minutos. Escucharon cómo arrancaba el coche y se alejaba por el camino. Molly se separó de Jackson, pero él la abrazó de nuevo.

– ¿Dónde crees que vas?

– Yo… um. ¿A ningún sitio?

– Así es. A ningún sitio -dijo Jackson. Miró a Angela y a Guy y continuó-. Gracias por traerlos hasta aquí.

– No ha sido nada -Guy contestó-. Solo el hecho de que mí coche ha reventado el radiador y que Angela y yo nos hemos perdido un estupendo día en la cama…

– ¡Guy! -exclamó Angela, pero Guy sonrió.

– Os regalaré un bonito coche el día de la boda -dijo Jackson.

– Guau. Quedará muy bien al lado de las ollas y de las tostadoras.

Pero Molly, se había quedado de piedra.

– Jackson Baird, ¿crees que puedes ir gastándote el dinero por ahí en un…?

– Eh, ¿de qué te quejas? -interrumpió Angela-. Deja que malgaste lo que quiera -sus ojos brillaban de felicidad-. ¿Qué tal si añadimos unos brillantes a la lista de la compra, ya que estás?

Molly se quedó sin aliento.

– Angie…

– No me lo digas. Estabas a punto de decirme ¡cállate! De acuerdo, sé cuándo me estoy metiendo donde no me llaman -Angela miró a Sam-. Sam, los Lionel llevan mucho rato metidos en esa caja.

– Ya -dijo el niño.

– Vamos a enseñarles su nueva casa -agarró a Guy de la mano y después a Sam. También, sonrió a Hannah-. ¿Qué le parece, señora Copeland? ¿Le apetece venir a ver cómo liberamos a las ranas y dejar a estos dos a solas?

– Me encantaría -dijo Hannah-. Si lo que está a punto de ocurrir, va a ocurrir, entonces, estoy a punto de vender mi granja. Y si vendo este lugar, entonces, tendré que dejar una buena población de ranas. Adelante, jovencito Sam.

– Hey, yo también quiero ver cómo las liberáis -dijo Molly.

– ¿Quieres ver a las ranas o quieres quedarte un rato más donde estás? -preguntó Angie-. Elige ahora. ¿Ranas o príncipe?

Y solo había una posible decisión.

– Príncipe, por favor -dijo Molly, y selló su destino allí mismo.

Por fin, se quedaron a solas. Juntos y abrazados. Tenían muchas cosas que decirse, pero no era el momento de hablar. Solo era el momento de sentir sus cuerpos unidos. Dos corazones latiendo como si fueran uno.

Era una unión sin palabras. Una sensación de paz y alegría tan grande, que Molly no sabía cómo aceptarlo.

Jackson la abrazaba como si nunca fuera a dejarla marchar. Le acariciaba la espalda mientras ella apoyaba el rostro dolorido en su hombro.

– ¿Dónde está Cara? -susurró Molly, pero ya no le importaba. Cara ya no le importaba. Lo que el amor verdadero unía, ningún hombre podría separarlo… y el amor verdadero, había unido a esa pareja.

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