Cielo en llamas
- Автор: Джордан Роберт
- Серия: La Rueda del Tiempo #5
- Год: 2005
- Язык: испанский
- Переводчик: Mila Lopez Diaz-Guerra
- Жанр: Эпическое фэнтези
Электронная книга - «Cielo en llamas». Краткое содержание книги:
Suspiró y echó una ojeada hacia atrás. El fornido Lamgwin cabalgaba escudriñando el bosque; a su lado, Breane lo observaba a él con igual o mayor atención que a todo lo demás. Su ejército no había aumentado un ápice desde Caemlyn. Eran demasiados los que sabían de nobles exiliados sin razón y de leyes injustas dictadas en la capital para hacer algo más que mofarse ante la más ligera mención de mover un dedo para respaldar a su legítima dirigente. Morgase dudaba que el resultado hubiese sido otro aun en el caso de que hubieran sabido quién les estaba hablando. Así pues, ahora cabalgaba a través de Altara manteniéndose en los bosques todo lo posible porque, al parecer, había grupos de hombres armados por todas partes; viajaba por el bosque llevando por toda compañía un camorrista con la cara marcada de cicatrices, una encandilada noble cairhienina refugiada, un rechoncho posadero que contenía a duras penas la necesidad de arrodillarse cada vez que lo miraba, y un joven soldado que a veces la miraba como si llevase puesto uno de aquellos vestidos que se ponía para Gaebril. Y Lini, naturalmente. No había que olvidarse de Lini.
Como si pensar en ella hubiese sido una llamada, la vieja nodriza taloneó a su caballo y se acercó.
—Más vale que mantengas la mirada al frente —susurró—. «Un león joven ataca con mayor rapidez y cuando menos lo esperas».
—¿Crees que Tallanvor es peligroso? —inquirió secamente Morgase, con lo que se ganó una mirada de soslayo, pensativa, de Lini.
—Sólo del modo en que puede serlo un hombre. Tiene buena planta ¿no te parece? Bastante alto. Y con unas manos fuertes, imagino. «No tiene sentido dejar que la miel envejezca demasiado antes de comérsela».
—Lini —reconvino Morgase con tono admonitorio. La anciana estaba adoptando esta actitud demasiado a menudo últimamente. Tallanvor era un hombre apuesto, y sus manos efectivamente parecían ser fuertes, y tenía las piernas muy bien formadas, pero era joven y ella era su reina. Lo que menos le interesaba ahora era empezar a mirarlo como a un hombre en lugar de como a un súbdito y un soldado. Estaba a punto de decírselo así a Lini, y que debía de haber perdido la cabeza si pensaba que iba a entablar una relación con un hombre diez años más joven que ella, pues debía de ser ésa la diferencia de edad entre ambos, pero Tallanvor y Gill habían dado media vuelta e iban hacia ellas—. Contén la lengua, Lini. Si le metes alguna idea tonta en la cabeza a ese joven, te abandonaré en cualquier sitio.
Si el resoplido con que la vieja nodriza le respondió hubiese venido del noble más encumbrado de Andor, éste habría pasado un tiempo en una celda para que meditara. Si todavía tuviera su trono, se entiende.
—¿Estás segura de que quieres seguir adelante con esto, pequeña? «Cuando se ha saltado al precipicio ya es demasiado tarde para cambiar de idea».
—Encontraré aliados donde puedo hallarlos —replicó, envarada, Morgase.
Tallanvor sofrenó a su caballo, muy erguido en la silla. El sudor le resbalaba por la cara, pero habríase dicho que no notaba el calor o hacía caso omiso de él. Maese Gill se daba tirones del cuello de su coselete guarnecido con láminas como si deseara poder quitárselo.
—El bosque termina un poco más adelante y da paso a granjas y labrantíos —informó Tallanvor—, pero no es probable que nadie os reconozca aquí. —Morgase sostuvo su mirada firmemente; cada día que pasaba resultaba más difícil apartar la vista cuando él la miraba—. Otros quince kilómetros de camino nos llevarán hasta Cormaed. Si aquel tipo de Sehar no mentía, allí habrá un transbordador, y llegaremos a la orilla de Amadicia antes del anochecer. ¿Estáis segura de que deseáis hacer esto, Morgase?
El modo en que pronunciaba su nombre… No. Estaba dejándose influir por las absurdas ideas de Lini. Sin duda era a causa del maldito calor.
—Estoy decidida, joven Tallanvor —repuso fríamente—, y no veo oportuno que pongas en duda mis decisiones.
Taloneó duramente a su montura, permitiendo que la brusca arrancada del animal separara sus miradas mientras pasaba junto a él y lo adelantaba; ya la alcanzaría. Buscaría aliados donde fuera necesario, recobraría su trono y ¡ay de Gaebril o de cualquier hombre que creyese que podía sentarse en él usurpando su puesto!