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Mágicos Momentos [На испанском]

Электронная книга - «Mágicos Momentos [На испанском]». Краткое содержание книги:

Para Ryan Swan, a la que la vida le había enseñado que sólo podía confiar en sí misma, Pierce Atkins era el último hombre al que debía confiarle el corazón. Pero ante la presencia cautivadora de Pierce, todas sus defensas parecían desvanecerse como por arte de magia.
A Pierce Atkins, obsesionado con huir de su pasado, no le costaría escapar del interior de una caja fuerte ante miles de espectadores. Pero, ¿estaba dispuesto a seguir huyendo toda la vida?, ¿o debía escuchar a su corazón y firmar el contrato de matrimonio que Ryan le ofrecía?
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– Eso es lo que te estoy preguntando -protestó Ryan por encima del sonido de la ducha. Cuando Pierce salió, con una toalla colgada del hombro, Ryan lo miró con descaro-. Como productora, mi deber es…

– Producir -atajó él mientras se ponía una camisa limpia-. Yo me encargaré de los imposibles.

– Pero me da rabia no saberlo -murmuró con el ceño fruncido, aunque le abrochó los botones de la camisa ella misma.

– ¿Verdad que sí? -se burló Pierce, sonriente.

– Bah, no es más que un truco -dijo ella, encogiéndose de hombros, con la esperanza de irritarlo.

– Sólo eso -contestó Pierce sin perder la sonrisa.

Ryan suspiró. No le quedaba más remedio que aceptar la derrota.

– Supongo que estarías dispuesto a sufrir todo tipo de tortura antes de revelar tus secretos.

– ¿Estás pensando en alguna en especial?

Ryan rió y apretó la boca contra los labios de Pierce.

– Esto sólo es el principio -le prometió en tono amenazador-. Voy a llevarte arriba y te voy a volver loco hasta que hables.

– Interesante Pierce le pasó un brazo alrededor de los hombros y la condujo hacia el pasillo-. Es probable que el tema lleve su tiempo.

– No tengo prisa -respondió con alegría Ryan.

Llegaron a la planta de arriba, pero cuando Pierce fue a meter la llave en la cerradura de la suite, Ryan lo detuvo, sujetándole la mano:

– Es tu última oportunidad antes de que me ponga dura -le advirtió-. Pienso hacerte hablar.

Pierce se limitó a sonreír y abrió la puerta.

– ¡Feliz cumpleaños!

Los ojos de Ryan se agrandaron llenos de asombro. Bess, todavía con el vestido de la actuación, abrió una botella de champán y Link hizo lo que pudo por recoger en una copa el chorro que salió despedido. Ryan los miró incapaz de articular palabra.

– Felicidades -Pierce le dio un beso suave.

– Pero… -Ryan se separó para poder mirarlo- ¿cómo te has enterado?

– Toma -Bess le plantó una copa de champán en la mano y le dio un pellizquito cariñoso-. Bebe, cariño. Sólo se cumplen años una vez al año. Gracias a Dios. El champán lo pongo yo: una botella para ahora y otra para luego -añadió guiñándole un ojo a Pierce.

– Gracias -Ryan miró hacia su copa desconcertada-. No sé qué decir.

– Link también tiene algo para ti -anunció Bess.

El grandullón cambió el peso del cuerpo sobre la otra pierna al ver que todos los ojos se centraban en él.

– He traído una tarta -murmuró después de carraspear-: Tienes que tener una tarta de cumpleaños.

Ryan se acercó y vio una tarta decorada con amarillos y rosas delicados.

– ¡Es preciosa, Link!

– El primer trozo lo tienes que cortar tú -indicó él.

– Sí, sí, enseguida -Ryan se puso de puntillas, agachó la cabeza de Link y le dio un beso en la boca-. Gracias.

El gigantón se puso rojo, sonrió y miró a Bess ruborizado.

– De nada.

– Yo también tengo algo para ti -terció Pierce-. ¿Me darás otro beso? -le preguntó.

– Después del regalo.

– Qué avariciosa -bromeó él mientras le entregaba una cajita de madera.

Era vieja y estaba tallada. Ryan pasó un dedo por encima para sentir los sitios que el paso del tiempo había suavizado.

– Es muy bonita -murmuró. Luego abrió la caja y vio una cadena con un pequeño colgante de plata-. ¡Me encanta! -exclamó emocionada.

– Es egipcio -explicó Pierce mientras le ponía el collar-. Es un símbolo de vida. Y no es una superstición; sólo trae buena suerte -añadió con solemnidad.

Ryan recordó su penique aplanado y se lanzó en brazos de Pierce riendo.

– ¿Es que nunca te olvidas de nada?

– No. Y ahora me debes un beso.

Ryan accedió. Se olvidó incluso de que no estaban solos.

– Oye, que queremos probar la tarta -Bess pasó un brazo alrededor de la cintura de Link y sonrió cuando Ryan puso fin al beso.

– ¿Estará tan rica como parece? -se preguntó ésta en voz alta mientras agarraba un cuchillo para partir la tarta-. No sé el tiempo que hace que no pruebo una sarta de cumpleaños. Toma, el primer trozo para ti, Link.

Éste tomó el platito con la tarta y Ryan se chupó los dedos.

– Está buenísima -dijo mientras partía otro trozo-. No sé cómo te has enterado. Yo misma me había olvidado hasta que… ¡has leído la nota! -exclamó en tono acusador.

Pierce puso cara de no saber nada.

– ¿Qué nota?

Ryan resopló disgustada sin advertir que Bess le había quitado el cuchillo para seguir partiendo la tarta ella.

– Miraste en el bolso y leíste la nota.

– ¿Qué? -Pierce enarcó una ceja-. De verdad, Ryan, ¿crees que podría hacer algo tan indiscreto?

Se quedó pensativa unos segundos antes de responder:

– Sí.

Bess soltó una risilla mientras le entregaba una ración de tarta a Pierce.

– Los magos no necesitan rebajarse a meter mano en los bolsos de los demás para conseguir información.

Link soltó una risotada alegre que sorprendió a Ryan.

– ¿Lo dices por la vez que le quitaste la cartera del bolsillo a aquel hombre de Detroit? -le recordó a Pierce.

– ¿O por los pendientes de la mujer de Flatbush? -añadió Bess.

– ¿En serio hizo eso? -Ryan miró a Pierce, pero éste se limitó a meterse un trozo de tarta en la boca.

– Siempre lo devuelve todo al final del espectáculo -continuó Bess-. Pero suerte que no se decidiera por hacerse delincuente. Si es capaz de abrir los cerrojos de una caja fuerte desde dentro, imagínate de lo que sería capaz estando fuera.

– Fascinante -convino Ryan-. Contad más, contad.

– ¿Te acuerdas de cuando te fugaste de la cárcel ésa de Wichita, Pierce? -prosiguió Bess-. Sí, que te habían encerrado por…

– ¿No te apetece más champán? -interrumpió Pierce al tiempo que inclinaba la botella para llenarle la copa.

– Me habría encantado ver la cara del comisario al descubrir que la celda estaba vacía, con cerrojo y todo -añadió Link sonriente.

– ¿Te fugaste de una cárcel? -preguntó asombrada Ryan.

– Houdini lo hacía a menudo -Pierce le sirvió una copa de champán.

– Ya, pero lo ensayaba primero con los policías- Bess sonrió por la mirada con la que Pierce le contestó y cortó otro trozo de tarta para Link.

– Así que carterista y ex presidiario -dijo Ryan. Le hacía gracia la expresión incómoda que notaba en los ojos de Pierce. No solía verse en situaciones de ventaja con él y no estaba dispuesta a dejar pasar la oportunidad-. ¿Algo más que deba saber?

– En mi opinión, ya sabes más de lo necesario -comentó Pierce.

– Sí -Ryan le dio un beso sonoro-. Y es el mejor cumpleaños que he tenido en la vida.

– Vamos, Link-. Bess levantó la botella medio vacía de champán-. Ya nos terminamos esto y la tarta por ahí. Que Pierce se las arregle como pueda para salir de ésta por su cuenta… Tendrías que contarle lo del comerciante aquél de Salt Lake City.

– Buenas noches, Bess -la despidió Pierce con paciencia y se ganó otra risotada de su ayudante.

– Feliz cumpleaños, Ryan -Bess le lanzó una sonrisa radiante a Pierce y sacó a Link de la suite.

– Gracias, Bess. Gracias, Link -Ryan esperó hasta que dos hubieron salido antes de girarse hacia Pierce-. Antes de ver lo del comerciante de Salt Lake City, ¿cómo te apañaste para acabar en la cárcel? preguntó con tono burlón, mirándolo por encima de la copa.

– Fue un malentendido.

– Eso dicen todos -Ryan enarcó una ceja-. Un malentendido con un marido celoso, ¿quizá?

– No, con un agente de policía al que no le sentó bien encontrarse atado a un taburete de un bar con sus propias esposas -Pierce se encogió de hombros-. No se mostró nada agradecido cuando lo solté.

– Me lo creo -dijo ella, conteniendo las ganas de echarse a reír.

– Fue una pequeña apuesta-explicó Pierce-. Y perdió él.

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