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Электронная книга - «Los testamentos traicionados». Краткое содержание книги:

Testamentos Traicionados es escrito como una novela: los mismos personajes aparecen y reaparecén a lo largo de las nueve partes del libro, así como los temas principales que preocupan al autor. Kundera una vez más, celebra el arte de la novela, desde su nacimiento con un espíritu de humor único a la cultura y sensibilidad europea – ilustrada por algunos maravillosos ejemplos del trabajo de Rabelais y Cervantes – a través de su florecimiento en siglos sucesivos. Él anota los misterios de la novela musical y la evolución paralela (pero no simultánea) de las dos artes en occidente, así como la sabiduría particular que la novela ofrece acerca de la existencia humana. El arte de la traducción es el sujeto de una de las partes del libro, iluminando el significado de su título. Kundera es un apasionado defensor de los derechos morales del artista y el respeto debido a un trabajo de arte y a los deseos de su creador. La traición de ambos – algunos por las más apasionadas partidarios – es uno de los principales temas de Testamentos Traicionados. Testamentos traicionados es un libro rico en ideas acerca del tiempo que estamos viviendo y como nos hemos convertido en lo que actualmente somos, de la cultura occidental en general. Es también un ensayo personal en el cual Kundera discute la experiencia del exilio – y el ataque apasionado de los juicios moral cambiantes y las persecusiones del artista y su arte.
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Resumamos el resumen:

1) En la interpretación del profesor norteamericano, el cuento se convierte en una lección de moraclass="underline" se juzga a los personajes según sus relaciones con el aborto, que a priorí se considera un maclass="underline" así pues, la mujer («imaginativa», «conmovida por el paisaje») representa lo natural, lo vivo, el instinto, la reflexión; el hombre («egocéntrico», «prosaico») representa lo artificial, lo racional, el parloteo, la morbidez (fijémonos de paso que, en el discurso moderno de la moral, lo racional representa el mal y el instinto representa el bien);

2) la relación con la biografía del autor (y la insidiosa transformación de girl en woman) deja suponer que el protagonista negativo e inmoral es el propio Hemingway, quien, sirviéndose del cuento, hace una especie de confesión; de ser así, el diálogo pierde todo su carácter enigmático, los personajes carecen de misterio y, para quien ha leído esta biografía de Hemingway, están perfectamente determinados y claros;

3) no se toma en consideración el carácter estético original del cuento (su apsicologismo, la ocultación intencionada del pasado de los personajes, el carácter no dramático, etc.); peor aún, se anula este carácter estético;

4) a partir de los datos elementales del cuento (un hombre y una mujer van a abortar), el profesor inventa su propia novela: un hombre egocéntrico está forzando a su mujer a abortar; la mujer desprecia al marido, al que ya no podrá volver a querer;

5) este otro cuento es absolutamente llano y hecho de tópicos; no obstante, al compararlo sucesivamente con Dostoievski, Kafka, la Biblia y a Shakespeare (el profesor ha conseguido reunir en un único párrafo a las más destacadas autoridades de todos los tiempos), conserva su estatuto de gran obra y justifica así el interés que, pese a la indigencia moral de su autor, le otorga el profesor.

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Así es como la interpretación kitschizante condena a muerte las obras de arte. Unos cuarenta años antes de que el profesor norteamericano impusiera al cuento este significado moralizante, «Colinas como elefantes blancos» se tradujo en Francia con el título de «Paraíso perdido», título que no es de Hemingway (en ningún otro idioma en el mundo lleva el cuento este título) y que sugiere el mismo significado (paraíso perdido: inocencia antes del aborto, felicidad de la maternidad prometida, etc.).

La interpretación kitschizante, en efecto, no es la tara personal de un profesor norteamericano o de un director de orquesta praguense de principios de siglo (después de él, otros y otros directores de orquesta ratificaron estos retoques de Jenufa); es una seducción que proviene del inconsciente colectivo; una exhortación del apuntador metafísico; una exigencia social permanente; una fuerza. Esta fuerza no tiene por objetivo únicamente el arte, tiene por objetivo también la realidad misma. Hace lo contrario de lo que hacían Flaubert, Janácek, Joyce, Hemingway. Arroja el velo de los lugares comunes sobre el instante presente con el fin de que desaparezca el rostro de lo real.

Para que jamás sepas lo que has vivido.

Sexta Parte. De obras y arañas

1

«Yo pienso.» Nietzsche pone en duda esta afirmación dictada por una convención gramatical que exige que todo verbo tenga un sujeto. En efecto, dice, «un pensamiento viene cuando “él” quiere, de modo que es un falseamiento de la realidad decir: el sujeto “yo” es la condición del predicado “pienso”». Un pensamiento llega al filósofo «como desde fuera, como desde arriba y desde abajo, constituyendo su especie peculiar de acontecimientos y rayos». Viene a paso ligero. Porque a Nietzsche le gusta «una intelectualidad osada y exuberante, que corre presto» y se burla de los doctos a quienes el pensamiento les parece «una actividad lenta, vacilante, algo como una pesada tarea, a menudo digna del sudor de los heroicos sabios, y en absoluto esa cosa ligera, divina, de tan cercano parentesco con la danza y la exuberante alegría».

Según Nietzsche, el filósofo «no debe falsificar, mediante un falso arreglo de deducción y dialéctica, las cosas y los pensamientos a los que ha llegado por otro camino. […] No se debería ni disimular ni desnaturalizar la manera efectiva mediante la cual nos han llegado nuestros pensamientos. Los libros más profundos y los más inagotables siempre tendrán sin duda algo del carácter aforístico y repentino de los Pensamientos de Pascal».

«No desnaturalizar la manera efectiva mediante la cual nos han llegado nuestros pensamientos»: este imperativo me parece extraordinario; y noto que, a partir de Aurora, en todos sus libros, todos los capítulos están escritos en un único párrafo: para que un pensamiento se diga de un tirón; para que quede fijado tal como se le apareció cuando acudía al filósofo, rápido y danzante.

2

La voluntad de Nietzsche de preservar la «manera efectiva» mediante la cual le llegaron los pensamientos es inseparable de su otro imperativo, que me seduce tanto como el primero: resistirse a la tentación de transformar sus ideas en sistema. Los sistemas filosóficos «se presentan hoy en un estado lastimoso y descompuesto, si es que puede decirse que son todavía presentables». El ataque tiene por objeto tanto el inevitable dogmatismo del pensamiento sistemático como su forma: «una comedia de los sistemáticos: al querer rellenar su sistema y redondear el horizonte que los rodea, intentan a la fuerza poner en escena sus puntos flojos según el mismo estilo que sus puntos fuertes».

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