Dune [es]
- Автор: Херберт Фрэнк
- Серия: dune (es) #1
- Год: 1975
- Язык: испанский
- Год: Acervo
- ISBN: 84-7002-181-8
- Переводчик: Domingo Santos
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Dune [es]». Краткое содержание книги:
—¿Tan sólo eso, Señor? Conozco lo que pagaban los Harkonnen. Y con hombres que tienen la liquidación de sus pagas en el bolsillo y desean irse a otros horizontes… bien, Señor, un veinte por ciento no me parece un atractivo suficiente para inducirles a quedarse aquí.
—Entonces utiliza tu propia discreción en cada caso particular —dijo Leto impacientemente—. Pero recuerda que el tesoro no es un pozo sin fondo. Manténte dentro del veinte por ciento en la medida de lo posible. Necesitamos especialmente conductores de especia, meteorólogos, hombres de las dunas… cualquiera que tenga una probada experiencia con la arena.
—Comprendo, Señor. «Acudirán a la llamada de la violencia: sus rostros se ofrecerán al viento del este, y recogerán la cautividad de la arena.»
—Una notable observación —dijo el Duque—. Confía el mando de tu grupo a un lugarteniente. Cuida de que todos reciban una lección acerca de la disciplina del agua, y haz que los hombres pasen esta noche en los barracones adjuntos al campo. El personal del campo les guiará. Y no olvides los hombres para Hawat.
—Trescientos de los mejores, Señor. —Tomó de nuevo su saco espacial—. ¿Dónde debo reportarme a vos, una vez cumplido mi trabajo?
—He hecho preparar una sala del consejo arriba. Tendremos una reunión allí. Quiero poner a punto un nuevo orden de dispersión planetaria, con las escuadras blindadas en primer término.
Halleck se detuvo bruscamente y se volvió, observando la mirada de Leto.
—¿Habéis anticipado ese tipo de dificultades, Señor? Creía que se había designado un Arbitro del Cambio.
—Un combate abierto y clandestino —dijo el Duque—. Se verterá mucha sangre aquí antes de que hayamos terminado.
—«Y el agua que bebáis del río se convertirá en sangre sobre la tierra seca» —recitó Halleck.
—Apresúrate, Gurney —suspiró el Duque.
—De acuerdo, mi Señor —la violácea cicatriz se contrajo bajo su sonrisa—. «He aquí al asno salvaje del desierto precipitándose hacia su trabajo». —Se volvió, alcanzó a largos pasos el centro de la sala, hizo una pausa para transmitir sus órdenes, y se alejó luego apresuradamente entre los hombres.
Leto inclinó la cabeza mientras le contemplaba alejarse. Halleck era una sorpresa continua: una cabeza repleta de canciones, citas y frases floridas… y el corazón de un asesino cuando se trataba de algo referente a los Harkonnen.
Se dirigió sin apresurarse hacia el ascensor, atravesando la sala en diagonal, respondiendo a los saludos con un gesto casual de la mano. Reconoció a uno de los hombres del grupo de propaganda, y se detuvo para comunicarle un mensaje que sabía iba a ser difundido por varios canales: aquellos que habían traído a sus mujeres estarían ansiosos por saber que estas estaban a seguro y dónde podrían hallarlas. Para los demás seria interesante saber que la población local contaba al parecer con más mujeres que hombres.
El Duque palmeó al hombre de propaganda en el brazo, una señal que indicaba que el mensaje tenía absoluta prioridad y que debía ser puesto inmediatamente en circulación, y continuó su camino a través de la sala. Respondió a los saludos de los hombres, intercambió una frase divertida con un subalterno.
El que manda debe parecer siempre confiado, pensó. Esta confianza es un peso sobre mis espaldas, pero debo enfrentarme al peligro sin exteriorizarlo.
Suspiró aliviado cuando se metió en el ascensor y se sintió rodeado por las superficies gélidas e impersonales de la cabina y la puerta.
¡Ellos han intentado arrebatar la vida de mi hijo!
CAPÍTULO XII
A la entrada del campo de aterrizaje de Arrakeen, groseramente grabada, como si hubiera sido hecha con un instrumento rudimentario, se hallaba una inscripción que Muad’Dib se repetiría muy a menudo. La descubrió aquella noche en Arrakis, mientras se dirigía al puesto de mando ducal para asistir a la primera reunión del estado mayor. Las palabras de la inscripción eran una súplica a aquellos que abandonaban Arrakis, pero a los ojos de un muchacho que acababa de escapar a la muerte adquirían un significado mucho más tenebroso. Decía: «Oh tú que sabes lo que sufrimos aquí, no nos olvides en tus plegarias.»