Homínidos [Hominids - es]
- Автор: Сойер Роберт Джеймс
- Год: 2004
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 978-84-666-1912-7
- Переводчик: Rafael Marin
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Homínidos [Hominids - es]». Краткое содержание книги:
Homínidos es el inicio de una prodigiosa exploración cultural, un nuevo tipo de ficción antropológica que centra sus mejores virtudes no sólo en la más actual ciencia moderna, sino, y sobre todo, en las complejas consecuencias culturales, humanas y antropológicas de un inesperado cruce de culturas.
Jasmel no ocultó su frustración. Miró al hombretón.
—Bueno, ¿y si baja usted con nosotros? Así verá qué hace Adikor.
—¿Bajar ahí? —Dut rió—. ¿Quiere que baje al único sitio donde mi Acompañante no puede ser controlado… y que lo haga con la persona que puede haber cometido allí un asesinato anteriormente? Me está cepillando el pelo de la espalda.
—Tiene que dejarle bajar —insistió Jasmel.
Pero Dut negó con la cabeza.
—No. Lo que tengo que hacer es impedirle que baje.
Adikor sacó la mandíbula.
—¿Cómo? —dijo.
—¿Qqué… qué dice? —replicó Dut.
—¿Cómo? ¿Cómo va a impedirme que baje?
—Usando todos los medios necesarios —dijo Dut, con tranquilidad.
—Muy bien, pues —dijo Adikor. Permaneció inmóvil un momento, como pensando si realmente quería intentar hacer eso—. Muy bien, pues —repitió, y empezó a caminar resueltamente hacia la entrada del ascensor.
—Alto —dijo Dut, sin ningún énfasis.
—¿O qué? —dijo Adikor, sin mirar atrás. Trató de parecer intrépido, pero la voz le falló y no produjo el efecto que quería—. ¿Va a darme un golpe en el cráneo?
A su pesar, los músculos de su cuello se contrajeron, preparándose para el golpe.
—Ni hablar —dijo Dut—. Lo dormiré con un dardo tranquilizante. Adikor dejó de andar y se dio media vuelta.
—Oh.
Bueno, nunca se había topado con la ley antes… ni conocía a nadie que lo hubiera hecho. Supuso que tenía sentido que tuvieran un modo de detener a la gente sin causarle daño.
Jasmel se interpuso entre Adikor y el lanzador de dardos que Dut sostenía ahora en la mano.
—Tendrá que dispararme a mí primero —dijo—. Va a bajar.
—Como quiera. Pero se lo advierto: despertará con un dolor de cabeza terrible.
—¡Por favor! —dijo Jasmel—. Está intentando salvar a mi padre, ¿no lo entiende?
Por una vez, la voz de Dut tuvo algo de calor.
—Está agarrando usted humo. Sé que debe de ser muy duro, pero tiene que aceptar la realidad. —Hizo un gesto con el lanzador para que los dos se marcharan de la mina—. Lo siento, pero su padre está muerto.
17
El laboratorio de genética de la Universidad Laurentian no disponía del equipo especial para extraer ADN degradado de especímenes antiguos, como el laboratorio de Mary en York. Pero nada de eso haría falta. Era una cuestión sencilla tomar las células de la boca de Ponter y extraer ADN de una de las mitocondrias: en cualquier laboratorio genético del mundo podría haberlo hecho.
Mary introdujo dos imprimaciones, pequeñas piezas de ADN mitocondrial que encajaban con el principio de la secuencia que había identificado hacía años en el fósil del Neanderthal alemán. Luego añadió la enzima polimerasa ADN y disparó la reacción en cadena de polimerasa, que haría que la sección en la que estaba interesada se ampliara, reproduciéndose una y otra vez, duplicándose en cada ocasión. Pronto tendría millones de copias de la cadena para analizar.
Como había dicho Reuben Montego, el laboratorio realizaba mucho trabajo forense, y por eso tenían cinta selladora para cristal. La cinta se usaba para que los genetistas pudieran declarar sin ningún género de duda que no había manera de que el contenido de un frasco hubiera sido alterado cuando no lo tenían delante. Mary selló el bote donde estaba teniendo lugar la amplificación RCP y firmó en la cinta.
Usó entonces uno de los ordenadores del laboratorio para acceder a su correo en York. Había recibido más correo electrónico en el último día que en todo el mes anterior, y muchos mensajes eran de expertos en Neanderthal de todo el mundo que de algún modo se habían enterado de que ella estaba en Sudbury. Había mensajes de la Universidad de Washington, la Universidad de Michigan, la UCB, la UCLA, Brown, SUNY Stony Brook, Stanford, Cambridge, el Museo de Historia Natural de Inglaterra, el Instituto de Prehistoria Cuaternaria y Geología de Francia, de sus viejos amigos del Rbeinisches Landesmuseum, y más, todos pidiendo muestras del ADN del Neanderthal, al mismo tiempo que hacían bromas al respecto, como si, naturalmente, aquello no pudiera estar sucediendo de verdad.
Ella ignoró todos aquellos mensajes, pero sintió la necesidad de enviar una nota a su estudiante graduada en York:
Daria:
Lamento dejarte en la estacada, pero sé que puedes encargarte de todo. Estoy segura de que has visto los informes en la prensa, y todo lo que puedo decir es, sí, parece que existe la posibilidad de que sea un Neanderthal. Ahora mismo estoy haciendo pruebas de ADN para averiguarlo con seguridad.
No sé cuándo volveré. Probablemente me quede aquí unos cuantos días más, como mínimo. Pero quería decirte…, advertirte, en realidad…, que creo que un hombre intentó seguirme cuando salí del laboratorio el viernes por la noche. Sé precavida… si vas a trabajar hasta tarde, haz que tu novio venga a recogerte al final del día o que alguien te acompañe hasta la residencia.
Ten cuidado.