Cielo en llamas
- Автор: Джордан Роберт
- Серия: La Rueda del Tiempo #5
- Год: 2005
- Язык: испанский
- Переводчик: Mila Lopez Diaz-Guerra
- Жанр: Эпическое фэнтези
Электронная книга - «Cielo en llamas». Краткое содержание книги:
—Si son para mí, ¿cómo es que han ido a parar a tus manos?
Una iba dirigida a «Rand al’Thor» en una letra precisa y angulosa, y la otra a «El lord Dragón Renacido» en una caligrafía de trazos suaves y fluidos pero no por ello menos meticulosa. Los sellos estaban intactos. Una segunda ojeada lo hizo parpadear. Los dos parecían hechos con la misma cera roja, y uno mostraba la impronta de la Llama de Tar Valon mientras que en el otro se veía una torre sobrepuesta en lo que identificó como la isla de Tar Valon.
—Quizá por venir de donde vienen —contestó Moraine—, y de quién. —No era una explicación, pero no sacaría más a la Aes Sedai a menos que se lo exigiese, e incluso entonces tendría que azuzarla a cada paso para que ampliara la información. Mantenía el juramento hecho, pero a su modo—. No hay agujas envenenadas en los sellos. Ni trampas entretejidas.
Rand se quedó con el pulgar suspendido sobre la Llama de Tar Valon —ni lo uno ni lo otro se le había pasado siquiera por la cabeza— y después lo rompió. Otra Llama en cera roja aparecía al pie del documento junto a la firma de Elaida do Avriny a’Roihan, garabateada apresuradamente encima de sus títulos. El resto de la misiva estaba escrito en una caligrafía angulosa.
«No puede negarse que sois el anunciado por las Profecías, pero aun así son muchos los que intentarán destruiros por las otras cosas que sois. Por el bien del mundo, esto no puede permitirse. Dos naciones han hincado la rodilla ante vos, así como los salvajes Aiel, pero el poder de los tronos es como polvo comparado con el Poder Único. La Torre Blanca os acogerá y os protegerá contra aquellos que rehúsan aceptar lo que ha de ser. La Torre Blanca se ocupará de que viváis para ver el Tarmon Gai’don. Nadie más puede hacer eso. Una escolta de Aes Sedai llegará para conduciros a Tar Valon con el honor y el respeto que merecéis. Tenéis mi promesa».
—Ni siquiera lo pide —dijo Rand, sarcástico. Recordaba bien a Elaida ya que la había visto en una ocasión. Una mujer dura, tanto como para hacer que Moraine pareciese una gatita. El «honor y respeto» que merecía. Rand habría apostado a que la escolta de Aes Sedai daba la casualidad de ascender justo a trece.
Le pasó la carta de Elaida a Moraine y abrió la otra. El papel estaba escrito por la misma mano que había puesto el nombre a quien iba dirigida.
«Con todo respeto suplico humildemente darme a conocer al gran lord Dragón Renacido, a quien la Luz bendice como salvador del mundo».
»La humanidad entera debe sentir un temor reverencial ante vos, que habéis conquistado Cairhien en un día, como hicisteis con Tear. Sin embargo, tened cuidado, os lo suplico, porque vuestro esplendor despertará la envidia hasta en aquellos que no trabajan con afán bajo la Sombra. Incluso aquí, en la Torre Blanca, se encuentran los ciegos que no pueden ver vuestro verdadero esplendor que nos iluminará a todos. Empero, sabed que algunos nos regocijamos en vuestra llegada y nos deleitaremos sirviéndoos para vuestra mayor gloria. No somos de esos que os quitarían lustre para sí mismos, sino de los que se arrodillarían para disfrutar de vuestra magnificencia. Salvaréis al mundo, según las Profecías, y el mundo será vuestro.
»Para mi vergüenza, debo pediros que no dejéis que nadie vea esta carta y que la destruyáis tan pronto como la hayáis leído. Privada de vuestra protección, me encuentro entre quienes usurparían vuestro poder, y me es imposible saber quiénes de los que os rodean son tan leales como yo. Me han dicho que Moraine Damodred podría estar con vos. Es posible que os sirva fielmente, obedeciendo vuestras palabras como una ley, igual que haré yo, pero no puedo saberlo con certeza, ya que la recuerdo como una mujer reservada, muy dada a los secretos y a las intrigas, como son los cairhieninos. No obstante, aun en el caso de que estéis convencido de que es criatura vuestra, como yo, os suplico que guardéis en secreto esta misiva, incluso para ella. Mi vida está en vuestras manos, milord Dragón Renacido, y soy vuestra sierva.