Otros días, otros ojos [Other Times, Other Eyes - es]
- Автор: Шоу Боб
- Год: 1983
- Язык: испанский
- Год: Mart
- ISBN: 84-270-0790-6
- Переводчик: Cesar Terron
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Otros días, otros ojos [Other Times, Other Eyes - es]». Краткое содержание книги:
A partir de esta idea, Bob Shaw construye una excelente y a la vez original novela. La profética visión de lo que podría ser un invento de estas características y la problemática social de su uso, desde el crimen casi perfecto hasta la verificación por parte de la justicia al cabo de cinco años— hacen de esta novela una obra maestra de ciencia ficción en el mas puro sentido de la palabra.
—Escucharía la radio real si quisiera hacerlo.
—La cuestión es… Olvídalo.
Garrod se esforzó en guardar silencio; cogió un libro y se puso a leer.
—¿Qué haces?
—Nada… Sólo leer.
—Alban, hay algo que me gustaría mucho hacer —dijo Esther unos quince minutos después.
—¿Qué es?
—¿Podríamos ver juntos algún programa de televisión?
—No sé a qué te refieres.
—Llevaremos gafas distintas. —Esther denotaba un ansia infantil—. Yo escucharé el sonido con mis auriculares, y si hay algún detalle de la imagen que no pueda captar, tú me explicarás lo que ocurre. De esa manera ambos tomaremos parte, juntos.
Garrod vaciló. La palabra juntos había aflorado de nuevo, como sucedía con mucha frecuencia aquellos días en las conversaciones con Esther. Ninguno de los dos había vuelto a referirse a la cuestión del divorcio.
—De acuerdo, cariño —dijo Garrod.
Se acercó a un cajón, sacó los accesorios tridimensionales y puso uno de los juegos en el rostro serenamente expectante de su esposa. El ascenso cuesta arriba, hacia la medianoche, se estaba haciendo más largo y empinado.
La cuarta mañana Garrod asió a Esther por los hombros y la mantuvo frente a sí.
—Lo acepto —dijo—. Acepto que tengo parte de culpa en que hayas perdido la vista, pero ya no aguanto más.
—Ya no aguantas más qué, Alban?
Esther parecía herida y sorprendida.
—Este castigo. —Garrod suspiró, tembloroso—. Estás ciega, pero yo no. Tengo que proseguir mi trabajo…
—Para eso tienes directivos.
—… y mi vida, Esther.
—¡Todavía quieres divorciarse!
Esther se retorció para desasirse, dio unos pasos y cayó en una mesa baja. No intentó levantarse; se quedó tendida en el suelo, sollozando en silencio. Garrod contempló a su esposa un instante, desesperado, y luego la cogió en sus brazos.
Aquella misma tarde recibió una llamada de McFarlane. El jefe de investigación estaba pálido y fatigado, pero sus ojos, empequeñecidos por las lentes cóncavas, destellaban igual que circones.
Empezó preguntando por Esther con un tono casual que no logró ocultar su excitación.
—Esther está bien —dijo Garrod—. Pasa por un periodo de adaptación…
—Lo imagino. Eh…, ¿cuándo volverás al laboratorio, Al?
—Pronto. Dentro de algunos días. ¿Me has llamado sólo para pasar el rato?
—No. En realidad…
—Lo has conseguido; ¿es eso, Theo?
Garrod sintió un presentimiento. McFarlane asintió con solemnidad.
—Hemos obtenido emisión acelerada controlada. Un efecto pendular bastante definido, aunque con una frecuencia variable controlada mediante realimentación de la frecuencia de los rayos X. Los chicos tienen un trozo de vidrio lento en el dispositivo, y ahora mismo lo están acelerando como si fuera una película casera. Acelerándolo hasta una hora por minuto, decelerándolo cuando les apetece, casi congelando las imágenes.
—¡Control perfecto!
—Te dije que lo conseguiríamos al cabo de tres meses, Al… y eso fue hace diez semanas.
McFarlane parecía intranquilo, como si hubiera dicho algo que prefería haber callado; Garrod lo captó inmediatamente. Si él no hubiera sido tan egoísta, si no hubiera intentado hacer el descubrimiento por su cuenta pese a llevar años de atraso en los avances de los laboratorios, su esposa aún conservaría la vista. La responsabilidad y la culpabilidad eran suyas, y de nadie más.
—Felicidades, Theo —dijo Garrod.
—Esperaba sentirme contento. La retardita ya está perfeccionada. La dilación fija era lo único que lo impedía. A partir de ahora un simple trozo de vidrio lento es superior a la cámara más costosa del mundo. Todo lo anterior no es nada comparado con lo que se avecina.
—Entonces, cuál es tu problema, Theo?
—Acabo de comprender que jamás volveré a estar completamente solo.
—No te preocupes por eso —dijo tranquilamente Garrod—. Todos tendremos que aprender a vivir así.
TERCERA LUZ SECUNDARIA:
Una cúpula de vidrio multicolor
La vida, cual cúpula de vidrio multicolor, mancilla el albo resplandor de la eternidad.