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Velo de Medianoche

Электронная книга - «Velo de Medianoche». Краткое содержание книги:

Entrenada en el manejo de armas y explosivos, a Renata es muy difícil que la supere cualquier hombre… ya sea mortal o vampiro. Pero su baza más poderosa es su extraordinaria habilidad psíquica -un extraño y mortífero don. Ahora un desconocido amenaza la independencia que tanto le ha costado conseguir, un vampiro de cabellos dorados que la introducirá en un reino lleno de oscuridad… y placeres inimaginables.
Un adicto a la adrenalina y los combates, Nikolai imparte con mano dura su propia justicia a los enemigos de la Estirpe y ahora ha puesto su mira en una mujer de armas tomar, seductora y fría como el hielo. Ella no está dispuesta a someterse pero sus poderes serán puestos a prueba cuando la vida de un niño se ve amenazada y se ve obligada a pedir ayuda a Niko.
Ahora, unidos en una causa común, y mientras el deseo se hace mucho más profundo y ardiente, Renata se verá asediada por un hombre que le ofrece el exquisito placer de un lazo de sangre… y una pasión que puede salvarlos o condenarlos para siempre.
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Su mano se deslizó por abajo de la abertura de su camisa de seda, sus largas y pintadas uñas jugando sobre las crestas de su musculado abdomen. Aunque sus pensamientos eran nefastos, su cuerpo respondió a su toque experto. Sus dermaglifos comenzaron a llenarse de color, y su visión se afiló con una ráfaga color ámbar que estaba rápidamente llenando sus iris. Más abajo aún, su pene se puso erecto, creciendo donde ahora descansaba su palma.

“No debería quedarme” murmuró ella, su voz ronca y burlona. “No quiero llegar tarde al trabajo”.

Cuando ella comenzó a levantarse, Reciehn la retuvo. “No te preocupes por eso. Conozco a la mujer que lleva el lugar. Pediré disculpas por ti. Se de buena tinta que le gusto mucho”.

“¿Tu le gustas ahora?”

Reichen gruñó, dejando al descubierto los extremos de sus colmillos con su amplia sonrisa. “La pobre está loca por mí”.”¿Loca por una cosa arrogante como tu?” se burló Helene. “Cariño, no te halagues. Ella podría quererte solo por tu decadente cuerpo”.

“Suficientemente cierto” contestó el, “pero no me oirás quejarme de ninguna manera”.

Helene sonrió, sin resistirse al final mientras el la empujaba sobre su regazo durante un profundo y hambriento beso.

Al anochecer, Lex estaba completamente recobrado de la angustia con que le había tratado Renata. Su ira- su purulento odio por ella- permanecía.

El la maldijo una y otra vez en su mente mientras el se inclinaba sobre una putrefacta pared de una casa infectada de ratas en la peor barriada de Montreal, mirando como un joven apretaba su brazo con un viejo cinturón de piel. La cola suelta mientras cogida entre un chapurreo de dientes decaídos y rotos, el drogadicto clavó la aguja de una mugrienta jeringa en el campo de costras y moretones que recorrían su escuálido brazo. El se quejó mientras la heroína entraba en su riego sanguíneo.

"Ah, joder, hombre," el raspó un tembloroso suspiro mientras liberaba su torniquete y caía hacia atrás contra un podrido colchón en el suelo. El movió sus manos tatuadas sobre su pálida cara llena de espinillas y su cabello castaño y grasiento. "Ah, Jesús…es una excelente mierda, cariño”.

"Sí," Lex dijo, su voz sin aliento en la fría y húmeda oscuridad.

El no había reparado en gastos en drogas; el dinero era poca preocupación para él. Sin duda la vida barriobajera de drogadicto que había elegido vendiendo su cuerpo en la calle nunca había tenido una tan cara. Lex estaba dispuesto a apostar que los servicios personales del joven nunca habían traído una suma tan rica. El tenía todo pero saltó al interior del coche cuando Lex paró y le mostró cien dólares y una bolsa de heroína enfrente de su cara.

Lex movió su cabeza y miró como el humano saboreaba su dosis. Ellos estaban solos en la miserable habitación del abandonado edificio de apartamentos. El lugar había sido invadido por vagabundos y adictos cuando llegaron, pero solo tomó unos minutos a Lex -y una irresistible orden mental, cortesía de su linaje de segunda generación de la Raza- conducir a los humanos fuera para poder llevar su negocio en privado.

Aún así reclinándose sobre el suelo, el drogadicto se quitó su camisa sin mangas, entonces comenzó a desabotonar sus holgados y mugrientos vaqueros azules. El se acarició mientras trabajaba los ojos abiertos y legañosos rodando en su cráneo, buscando apáticamente a través de la oscuridad.

“Así que, ¿quieres que te chupe la polla o qué, tío?”

"No," Lex dijo, asqueado solo con la idea.

El se alejó de su posición cruzando la habitación y caminó lentamente hacia el drogadicto. ¿Por donde comenzar con él? Se preguntó ociosamente. El tenía que agotar esta cosa con cuidado o el estaría de vuelta en la calle, buscando a alguien más. Malgastando tiempo precioso.

"¿Prefieres mi culo, entonces, cariño?" comentó el hombre puto. "Sí quieres joderme, tienes que pagar doble. Esa es mi regla”.

La risa de Lex fue baja, genuinamente divertida. “No estoy interesado en follar contigo. Ya es suficientemente malo que tenga que mirarte, que tenga que oler tu repugnante olor. El sexo no es la razón por la que estás aquí”.

"Bien, ¿qué demonios entonces?" Una nota de pánico afiló el aire viciado, un súbito golpe de adrenalina humana que los sentidos de Lex fácilmente detectaron. “Estás seguro que no me trajiste aquí para una pequeña conversación educada”."No," Lex estuvo de acuerdo con agrado.

"Está bien. Está bien, ¿qué coño parezco para ti, gilipollas?"

Lex sonrió. "El cebo."

Con movimientos tan rápidos que ni siquiera el ojo humano más despierto pudiera seguirles, extendió la mano y derribó de repente al drogadicto al suelo. Lex tenía un cuchillo en su mano. El lo clavó en la demacrado abdomen del humano y destripó una raja a través de su media sección”.

La sangre surgió fuera de la herida, caliente – húmeda y fragrante.

"¡Oh, Jesús!" gritó el humano. "¡Oh, dios mío! ¡Me apuñalaste!"

Lex retrocedió y dejó que el hombre cayera sin vida sobre el suelo. Era todo lo que podía hacer para ocultarse de embestirle en una sed ciega.

La transformación física de Lex fue rápida, traída por la súbita presencia de sangre fresca fluyendo. Su visión se agudizó con la estrechez de sus pupilas, un brillo ámbar lavando la habitación mientras sus ojos cambiaban a los de un depredador. Sus colmillos se alargaron detrás de sus labios, la saliva tragándose en su boca mientras la urgencia de alimentarse crecía.

El drogadicto estaba sollozando ahora, emitiendo sonidos patéticamente mientras apretaba la enorme herida en su estómago. “¿Estás loco, jodido gilipollas? ¡Podrías haberme matado!”

“Todavía no” contestó Lex de manera densa alrededor de sus colmillos.

“Tengo que salir de aquí” murmuró el hombre. “Tengo que conseguir ayuda…”

“Quédate” le ordenó Lex, sonriendo mientras la mente del febril hombre se marchitaba bajo su orden.

El tuvo que obligarse a mantener su distancia. Dejar que la situación jugara mientras el lo intentara. Una herida de estómago sangraba rápido, pero la muerte vendría lentamente. Lex le necesitaba vivo durante un tiempo, el suficientemente largo para que su esencia viajara por la calle y entrara en los callejones de los alrededores.

El humano que había comprado esta noche era meramente compinche para ser arrojado dentro del agua. Lex estaba buscando atraer un pez más grande.

El sabía tan bien como cualquier otro miembro de la Raza que nada percibía un vampiro más rápido, o más seguramente, que el prospecto de una presa humana sangrando. Esto profundo en el punto débil de la ciudad, donde incluso la escoria de la sociedad humana se apuraban dentro de un estado de terror secreto, Lex estaba contando con la presencia de Renegados.

El no fue decepcionado.

Los dos primeros vinieron olfateando alrededor de la casa agrietada en minutos. Los Renegados eran adictos desesperanzados, tanto como el drogadicto que ahora se acurrucaba en posición fetal y barría tranquilamente el suelo mientras su vida se apagaba lentamente.

Aunque pocos de la Raza perdidos en la lujuria de sangre -la permanente e insaciable sed de sangre- los únicos que raramente hacían, si alguna vez, volvían de ello. Vivían en las sombras, salvajes monstruos sin raíces cuyo único objetivo era vivir alimentando su hambre.

Lex se deslizó hacia atrás en la esquina de la habitación mientras los dos depredadores se arrastraban dentro. Ellos inmediatamente cayeron sobre el humano, rasgándole con colmillos que nunca se desvanecían, ojos ardiendo con el color y calor del fuego.

Otro Renegado encontró la habitación. Este era más grande que los otros, más brutal mientras se arrojaba hacia la matanza y comenzaba a alimentarse. Una refriega estalló entre los asilvestrados vampiros. Los tres se giraron sobre sí como perros rabiosos. Los puños palpitando, los dedos rasgando, los colmillos destripando la carne y los huesos, cada macho poderoso luchaba viciosamente para ganar a su presa.

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