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Электронная книга - «Un Paseo Para Recordar». Краткое содержание книги:

Corre el a?o 1958. Landon Carter es el t?pico estudiante de secundaria. Lo ?nico que le interesa es salir con sus amigos, pasar el menor tiempo posible en el colegio y disfrutar de sus ?ltimos a?os de libertad antes de ir a la universidad. Jamie Sullivan, en cambio, no es una chica com?n. No sale por las noches, no acude a fiestas ni se maquilla como hacen las dem?s chicas de su edad. Hija del pastor del pueblo, se pasa los mediod?as leyendo la Biblia, las tardes como voluntaria en un orfanato y los veranos en el campamento de la parroquia. No podr?a haber dos personas m?s diferentes. Hasta que, una noche de Navidad, todo cambia. En apenas un mes, Landon descubrir? cosas que lleva una vida entera aprender, verdades acerca de la naturaleza de la belleza, la alegr?a de vivir, el dolor de la p?rdida y, sobre todo, el poder real y milagroso del primer amor…
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"Tú sabes", dije con toda tranquilidad, "fue realmente lindo esta noche cuando estábamos sentados al lado del árbol".

"Sí, lo fue", dijo. Su mente todavía estaba en otro lado.

"Y te veías realmente linda también".

"Gracias".

Eso no estaba yendo demasiado bien.

"¿Puedo hacerte una pregunta?" Dije finalmente, con esperanzas tenerla de vuelta.

"Sí", dijo. Tomé una respiración honda.

"Después de la iglesia mañana, y, bueno… Después de que hayas pasado un poco de tiempo con tu padre… Digo…" Pausé y la miré. "¿Te agradaría venir a casa para la cena de Navidad?".

Aunque su cara todavía estaba hacia la ventana, podía ver los rastros débiles de una sonrisa tan pronto como lo había dicho.

"Sí, Landon, me agradaría mucho".

Suspiré con alivio, no creyendo lo que le había preguntado en realidad y todavía preguntándome cómo había ocurrido todo eso. Conduje por las calles donde las ventanas fueron decoradas con luces de Navidad, y por la plaza de Beaufort. Un par de minutos más tarde cuando a través del asiento tomé su mano, para así completar la noche perfecta, ella no la separó.

Cuando paramos en frente de su casa, las luces en la sala todavía estaban encendidas y podía ver a Hegbert detrás de las cortinas. Supuse que estaba esperando despierto porque quería escuchar cómo había sido la noche en el orfanato. Eso, o él quería asegurarse de que no besara su hija sobre el umbral. Sabía que desaprobaría eso.

Estaba pensando sobre eso – sobre como nos íbamos a despedir esa noche – cuando salimos del auto y nos dirigimos hacia la puerta. Jamie iba callada y contenta al mismo tiempo, y pienso que era feliz por que le había pedido que fuera el día siguiente a casa. Debido a que había sido tan lista como para saber lo qué había hecho para los huérfanos, pensé que tal vez también había sido lista como para darse cuenta del porque la invité al baile. En su mente, pienso que ella se dio cuenta de que esa era la primera vez en que le había pedido que se reuniera conmigo por propio gusto.

Justo cunado estábamos a unos pasos, vi a Hegbert echar una ojeada desde atrás de las cortinas y esconder su cara. Como algunos padres, como los de Angela, por ejemplo, eso quería decir que sabían que uno estaba en casa y tenías aproximadamente otro minuto o poco más antes de que abrieran la puerta. Por lo general esto daba a ambos el tiempo para quitarse los nervios y darse un beso. Pero eso por lo general tomaba más tiempo.

Ahora yo no sabía si Jamie me besaría; a decir verdad, dudaba que lo hiciera. Pero con ella viéndose tan bonita, con su pelo caído y todo, y todo lo que había ocurrido esa noche, no quería dejar pasar la oportunidad si se acercara. Podía sentir las mariposas empezar a formarse en mi estómago cuando Hegbert abrió la puerta.

"Los escuché llegar", dijo con voz un poco baja. Su piel tenía ese color amarillento, como de costumbre, pero parecía cansado.

"Hola reverendo Sullivan", dije con desaliento.

"Hola, papá", dijo Jamie con felicidad un segundo después. "Desearía que pudieras haber venido esta noche. Fue estupendo".

"Estoy tan feliz por ti". Parecía triste y luego aclaró su garganta.

"Les daré un poco de tiempo para decir buenas noches. Dejaré la puerta abierta para ti".

Dio media vuelta y se metió en la sala. En donde se sentó, sabía que todavía podía vernos. Fingió estar leyendo, aunque no podía ver qué estaba en sus manos.

"Hoy pasé una noche estupenda, Landon", dijo Jamie.

"Igual yo", contesté, sintiendo los ojos de Hegbert sobre mí. Me preguntaba si sabía que había estado sujetando su mano durante el trayecto a casa.

"¿A qué hora debo ir mañana?" Preguntó.

La ceja de Hegbert se levantó sólo un poco.

"Vendré para llevarte. ¿A las cinco está bien?".

Miraba sobre su hombro. "Papá, ¿me permitirías visitar a Landon y sus padres mañana?".

Hegbert se llevó su mano a sus ojos y empezó a frotarlos. Suspiró.

"Si es importante para ti, puedes ir", dijo.

No fue el más conmovedor voto de confianza que había escuchado, pero bueno era suficientemente para mí.

"¿Qué debo llevar?" Preguntó. En el sur era una tradición hacer esa pregunta siempre.

"No necesitas traer algo", contesté. "Te recogeré al cuarto para las cinco". Estuvimos de pie allí por un momento sin decir otra cosa, y pude ver que Hegbert se estaba poniendo un poco impaciente. No había pasado una página del libro desde que habíamos estado parados allí.

"Te veré mañana", dijo definitivamente.

"Está bien", dije.

Echó un vistazo a sus pies por un momento, entonces me miró de nuevo. "Gracias por traerme a casa", dijo.

Con eso, dio media vuelta y caminó dentro. Pude ver una sonrisa leve a un lado de sus labios cuando echó una ojeada por la puerta, justo cuando estaba a punto de cerrar.

El día siguiente la recogí a la hora que quedamos y fue una grata sorpresa ver que su pelo estuviera suelto otra vez. Llevaba el suéter que le había regalado, justo como lo había prometido.

Tanto mamá como papá estaban un poco sorprendidos cuando les había preguntado si estaría bien si Jamie nos visitara para la cena. No era gran cosa – cuando papá estaba por aquí, mamá tendría a Helen, nuestra cocinera, para hacer suficiente comida como para un ejército pequeño.

Supongo que no les había mencionado antes sobre la cocinera, creo. En nuestra casa teníamos una empleada y una cocinera, no sólo porque mi familia podía permitírselos sino también porque mi mamá no era la mejor ama de casa del mundo entero. Era más o menos buena para hacer sándwiches para mi almuerzo de vez en cuando, pero había habido veces cuando la mostaza mancharía sus uñas, y tardaría al menos tres o cuatro días hablando de eso. Sin Helen habría crecido comiendo puré de papas quemadas y filete tostado. Mi padre, afortunadamente, se había dado cuenta de eso tan pronto como se casaron, y tanto la cocinera como la empleada habían estado con nosotros desde antes de que yo hubiera nacido.

Aunque nuestra casa era más grande que la mayoría, no era un palacio o algo, y ni la cocinera ni la empleada vivieron con nosotros porque no teníamos habitaciones para la servidumbre o eso. Mi padre había comprado la casa debido a su valor histórico. Aunque no fue la casa donde Barba Negra había vivido una vez, que habría sido más interesante para alguien como yo, la nuestra era una de las casas de Richard Dobbs Spaight, que había firmado la Constitución. Spaight poseía una granja fuera de New Bern, que estaba aproximadamente a 60 kilómetros de aquí, y que era donde fue enterrado. Nuestra casa no podría haber sido tan famosa como donde Dobbs Spaight fue enterrado, pero todavía daba algo de que presumir a mi padre en los salones del congreso, y siempre que caminaba por el jardín, podía verlo soñar con el legado que quería dejar. En cierto modo me puso triste, porque no importaba que hiciera, nunca superaría al viejo Richard Dobbs Spaight.

Los eventos históricos como firmar la Constitución llegan solamente unas pocas veces cada algunos cientos de años, y no importa como lo intentes, es difícil ser de los pocos privilegiados.

Incluso alguien como yo sabía eso.

La casa estaba en el Registro Histórico Nacional – sigue ahí, supongo – y aunque Jamie había estado ahí una vez, todavía estaba un poco impresionada cuando caminó dentro. Mi madre y padre estaban tan bien vestidos, como yo, y mi madre le dio un beso a Jamie en la mejilla. Mi madre había marcado un tanto antes de que yo lo hiciera, no podía dejar de pensarlo cuando la observé hacerlo.

Tuvimos una buena cena, bastante formal con cuatro platillos, aunque no estaba lleno ni nada. Mis padres y Jamie llevaban una buena conversación y aunque traté de inyectar mi propio sentido del humor, no fue recibido demasiado bien, por lo menos no por mis padres. Jamie, sin embargo, se reiría, y tomé eso como una buena señal.

Después de la cena invité a Jamie a caminar alrededor del jardín, aunque era invierno y nada estaba floreciendo. Después de ponernos nuestros abrigos, caminamos en el aire de invierno helado. Podía ver nuestras respiraciones convertirse en nubes pequeñas.

"Tus padres son personas estupendas", me dijo. Supongo que no llevaba los sermones de Hegbert en el corazón.

"Son agradables", respondí, "muy a su manera. Mi mamá es especialmente amable". Dije eso no sólo porque era verdadero sino también porque fue la misma cosa que los niños dijeron sobre Jamie.

Paró para mirar los rosales. Parecían palos retorcidos, y no supe qué le interesaba de ellos.

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