Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Другие детективы » El pasado vuelve a Connemara
El pasado vuelve a Connemara - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El pasado vuelve a Connemara

Электронная книга - «El pasado vuelve a Connemara». Краткое содержание книги:

Los planes de Emily Radley para Navidad quedan en nada cuando se entera de que su tía Susannah se está muriendo. A pesar de que no tenían mucha relación, Emily decide ir hasta Irlanda para acompañarla en sus últimos días. A su vez, Daniel, el único superviviente de un naufragio a causa de una tormenta, busca cobijo en el hogar de Susannah. Emily acabará irremediablemente envuelta en la investigación de la muerte sin resolver de Connor, otra víctima de un naufragio, varios años atrás, y lo que descubrirá es que algunas personas serán capaces de hacer cualquier cosa para mantener a salvo sus secretos.
1 ... 19 20 21 22 23 24 25 26 27 ... 29
Перейти на страницу:

– Yo la ayudaré -prometió él.

Pero cuando Emily bajó la escalera descubrió todos los candiles de la cocina encendidos y un olor a horno en el ambiente. Maggie O'Bannion estaba en el fregadero lavando los platos, después de haber cocido y amasado la pasta.

Al oír los pasos de Emily se dio la vuelta.

– ¿Cómo está la señora Ross? -preguntó ansiosa.

Emily se sentía demasiado aliviada para mostrarle su enfado.

– Muy enferma -dijo con sinceridad-. Esta ha sido la segunda noche realmente mala. Me alegro sinceramente de que el señor O'Bannion cediera. No sabemos cómo arreglárnoslas sin usted.

Maggie pestañeó y apartó la mirada.

– He hecho un pastel de manzana para la cena -dijo, como si Emily le hubiera preguntado-. Y hay un buen pedazo de ternera en el horno. Apartaré un poco para hacerle un caldo a la señora Ross. A veces, cuando no se encuentra bien, es lo único que tolera. ¿Sabe usted si está despierta?

– No, duerme. Anoche casi no durmió. -Emily se alegró al ver que Maggie se sentía culpable-. Traeré la colada -continuó-. Ayer me ayudó Daniel, pero esta mañana hay más sábanas. -Miró la ropa blanca arrugada que colgaba del tendedero cerca del techo-. Nosotros no somos tan eficientes como usted -añadió, algo más amable.

Maggie no dijo nada, pero movió con más energía las manos y golpeó con violencia los platos del fregadero.

Emily puso los calentadores de platos sobre el hornillo, luego inclinó el tendedero hacia abajo y recogió dos sábanas. Maggie se puso automáticamente de espaldas a la pila para ayudarla a doblarlas bien. Sin mirar a Emily a los ojos, tensa y con un gesto de enorme abatimiento en los hombros.

Emily se preguntó si Daniel habría salido el día anterior por la tarde, tal vez mientras el padre Tyndale estaba allí, y fue a decirle a Maggie cuánto la necesitaban. ¿Y Maggie estaba tan tensa esta mañana porque Fergal y ella habían discutido por eso? ¿Qué le habría dicho Daniel para que ella desafiara a su marido?

Cuando las sábanas estuvieron dobladas y listas para la plancha, Emily empezó con las fundas de las almohadas, y después hizo una pequeña pausa para tomarse un té y una tostada. Se estaba preguntando si debía ir a ver si Susannah estaba despierta, cuando Daniel entró en la cocina.

– Buenos días, señora O'Bannion -dijo cordial- Le agradezco que haya vuelto más de lo que se imagina. Sin usted, no nos las arreglábamos demasiado bien.

Maggie le clavó los ojos, y ninguno de los dos miró a Emily.

– Susannah está despierta -prosiguió Daniel-. ¿Puedo subirle algo para desayunar, un poco de pan y mantequilla si hay, o al menos una taza de té recién hecho?

– Coma algo primero -le dijo Emily-. Yo se lo subiré a Susannah, y usted puede encargarse de estas sábanas. Pronto volveremos a necesitarlas. Maggie, si pudiera hablarle con cariño a la caldera y hacer que vuelva a funcionar, debemos lavar la muda de anoche para cuando nos haga falta, por favor.

– Sí, señora Radley, por supuesto -asintió Maggie; un tanto tensa y evitando a Daniel, empezó a cortar rodajitas de pan y mantequilla para Susannah, untó con cuidado la miga con la mantequilla reblandecida y después partió unas rebanadas tan finas que apenas se mantenían unidas. Luego untó y dividió por la mitad una segunda loncha y una tercera y las colocó con mucha delicadeza en un plato blanco y azul.

Emily le dio las gracias y cogió la bandeja. Se sintió muy feliz cuando Susannah se incorporó, tenía un poco de color en las mejillas, y se lo comió todo. Emily decidió que tenía que acordarse de cómo se hacía y prepararlo ella en otra ocasión.

Una hora después, Susannah se quedó adormilada y Emily bajó a adelantar alguna de las tareas domésticas que tenía atrasadas y que le llevaban mucho más tiempo que a Maggie.

Se detuvo en la puerta de la cocina al oír las voces, y después las risas de un hombre y de una mujer. Era un sonido vivaz del que emanaba cierta felicidad.

– ¿En serio?-dijo Maggie sin dar crédito.

– Lo juro -contestó Daniel-. El problema es que no recuerdo cuánto tiempo hace, ni por qué estaba yo allí.

– Suena maravilloso -dijo Maggie con melancolía-. A veces sueño con ir a sitios como ese, pero no creo que lo haga nunca.

– Podría, si quisiera -le aseguró Daniel.

Emily se quedó quieta, sin hacer ruido. Veía la cara con la que Maggie miraba a Daniel. Sonreía, pero en sus ojos había una nostalgia que revelaba sus sueños, y que los consideraba imposibles de alcanzar.

– No basta con pedir para conseguir las cosas -le dijo a él-. Lo prudente es saber a qué agarrarse, y distinguirlo de lo que solo puede perjudicarte.

– Eso no es ser prudente -replicó Daniel con suavidad-. Es aceptar el fracaso incluso antes de haberlo intentado. ¿Cómo sabe usted hasta dónde puede llegar si no alarga la mano?

– Habla usted como un soñador -dijo ella con tristeza-. Como alguien que no tiene responsabilidades ni los pies en el suelo.

– ¿Es eso lo que la mantiene firme, con los pies en la tierra? ¿O se refiere a los pies de Fergal? -replicó él.

Maggie vaciló.

Emily seguía inmóvil en la entrada. ¿Daniel le había estado contando anécdotas de aventuras y viajes, perturbando su bienestar con un hambre que jamás podría satisfacerse?

– ¿Quizá podría irse a Europa? -sugirió Daniel-, encontrar un aliciente que alimentará su corazón por siempre jamás. Hay lugares mágicos, Maggie. Lugares donde sucedieron cosas maravillosas, grandes batallas, ideas que iluminan el mundo, e historias de amor que te rompen el corazón y después lo reconstruyen con una forma nueva. ¡Habrá música y se reirá tanto que se le cortará la respiración! Hay comidas que no puede imaginar y leyendas capaces de acompañarla durante las noches de invierno de todos los años venideros. ¿Le gustaría eso?

Emily se dispuso a entrar con la intención de interrumpirlos, pero entonces vio la cara de Maggie y cambió de idea. Expresaba una vulnerabilidad que resultaba alarmante, pero no estaba mirando a Daniel, sino que meditaba algo en su interior.

De pronto Emily se quedó helada. Recordó lo amable que Daniel había sido con ella cuando volvieron paseando de la iglesia, lo delicadas y naturales que fueron sus preguntas. Y no obstante habían penetrado en su interior más de lo que deseaba, revelando debilidades de sí misma que ella nunca había admitido. Ahora él estaba haciendo lo mismo con Maggie. Sacaba a la luz lo sola y decepcionada que estaba. Emily había visto a Fergal O'Bannion, un hombre bueno pero sin imaginación, que se mostraba posesivo con Maggie. ¿Era porque la había visto reírse con Connor Riordan, escucharle, participar de sus historias y sus sueños? ¿Y ahora Maggie escuchaba a Daniel, a pesar de que Fergal le había ordenado que no fuera a aquella casa, y ella le había desobedecido?

Emily recordó comentarios extraños y muy sutiles, tan solo miradas, pero ¿eran indicios de un hecho desagradable? ¿Se había saltado Maggie las fronteras que delimitaban su vida por una pasión fugaz con Connor, y Fergal lo había sabido? ¿Por eso había asesinado a Connor? ¿Por el motivo más antiguo de todos?

¿Maggie lo sabía? ¿O lo temía, al menos?

Y sin embargo la señora Flaherty temía que fuera Brendan quien había matado a Connor, y Brendan había desaparecido.

– ¿No le gustaría ir, Maggie? -repitió Daniel, con voz dulce.

Emily dio un paso al frente y le vio. Estaba sonriendo y cuando dobló la sábana, mantuvo un momento su mano enjuta sobre la de Maggie.

Emily sintió arder un fuego interior y reprimió el impulso de hablar.

– Yo ya tengo con qué llenar mis noches de invierno, y muchos sueños -repuso Maggie-. No quiero que usted forme parte de ellos. Me gustan esas historias sobre los sitios donde ha estado, y confío en que al contarlas pueda recordar un par de cosas sobre quién es. Eso es todo. ¿Me entiende?

1 ... 19 20 21 22 23 24 25 26 27 ... 29
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)