Dulces Pecados
- Автор: Mallery Susan
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Dulces Pecados». Краткое содержание книги:
Entoces Hawk entra en escena. El muy sexy ex jugador de fútbol americano le ofrece a Nicole saborear la libertad que tanto ansía. Tal vez Hawk sepa llegar, con los ojos cerrados, a su punto G, pero Nicole no está dispuesta a dejar que se le acerque lo bastante como para romperle el corazón. Claro está, que podría no tener otra alternativa si los secretos del pasado de Hawk se inmiscuyen en su presente.
– ¿Quién es Sheila?
– Una perra. La he llevado al veterinario y está preñada -dijo, y derramó más lágrimas-. Todo el mundo está embarazado menos yo. Quiero tener una familia. Siempre he querido tener una familia. No con Drew, sino con alguien bueno. Pero eso no va a suceder, y ahora, hasta la perra está embarazada. Además, creo que he asustado al veterinario echándome a llorar en su consulta.
– Lo superará. ¿Cuándo has adoptado una perra?
– Ayer. El veterinario es un jovenzuelo, y me he echado a llorar cuando me ha dicho que Sheila estaba embarazada.
– Eso hará que entienda que las mujeres somos criaturas complejas. Es una lección que todo hombre debe aprender, y cuanto antes, mejor.
Nicole lloró y rió a la vez, lo cual no era fácil. Después, le entró hipo.
– Estoy muy disgustada.
– No lo estés. Conocerás a alguien, Nicole. A alguien estupendo.
Nicole se dio cuenta, en aquel momento, de que todavía no había compartido las buenas, aunque falsas, noticias.
– Estoy saliendo con alguien -dijo-. Es un tipo estupendo. No tienes por qué sentir lástima por mí.
– No siento lástima por ti -dijo Claire, y se quedó desconcertada-. ¿Estás saliendo con alguien?
– Es algo posible. A los hombres les resulto atractiva.
– Ya lo sé. Lo que no sabía era que estabas lista para empezar a salir con alguien. Me parece muy bien.
Nicole todavía se sentía temblorosa, y disgustada, y en aquel momento, además, estaba a la defensiva.
– Es increíble. Un hombre guapo y divertido, con un cuerpo de ensueño. Da clases de fútbol americano en el instituto, y antes era jugador profesional. Se llama Eric Hawkins. Hawk.
– ¿Estás saliendo con un hombre? -repitió Claire-. ¿Y no me lo habías contado?
– He estado muy ocupada. Yendo a ver un par de partidos del equipo del instituto, llevándoles galletas y magdalenas a las proyecciones que hacen los domingos… y Hawk y yo hemos salido -explicó Nicole, sintiéndose un poco culpable por no habérselo contado antes a Claire-. Iba a decírtelo.
– ¿Cuándo?
– Pronto.
Irónicamente, había empezado aquella relación con Hawk para demostrarle al mundo que estaba perfectamente. Era difícil que el mundo lo supiera si ella no lo contaba.
– Entonces ¿te gusta? -preguntó Claire.
– Sí.
– Me alegro mucho por ti.
– No parece que estés muy contenta.
– Es que me he quedado muy sorprendida. Pensaba que estábamos formando vínculos más estrechos. Que me contarías algo así.
Nicole se estremeció.
– No quería excluirte de nada.
– Lo sé. No hay ningún problema.
Claire lo dijo muy rápidamente, lo cual quería decir que sí había un problema.
Justo lo que necesitaba. Otra relación estropeada.
– Lo siento muchísimo. Por favor, no te enfades conmigo.
– No estoy enfadada, de veras.
– No estoy segura de si creerte.
– Deberías. Saldremos los cuatro -dijo Claire.
– Hawk no tiene mucho tiempo libre, porque está en plena temporada de fútbol, pero hablaré con él.
– Estoy deseando conocerlo.
– Os va a caer muy bien a Wyatt y a ti.
Nicole no estaba fingiendo con respecto a eso. Estaba segura de que Hawk se iba a llevar muy bien con ellos. Era una pena que nada de aquello fuera real. Era sólo un juego, como un partido, y en cuanto terminara la temporada, todo acabaría.
– ¿Qué te parece? -preguntó Brittany mientras alzaba la cuchara. Estaba cocinando fideos chinos con pollo, y lo estaba haciendo bastante bien.
Nicole asintió mientras lo probaba.
– Te estás haciendo una experta.
– ¿En la cocina? Es divertido, porque no tengo que hacerlo todos los días. Hablé con mi padre y le dije que cocinaría una vez a la semana si me dejaba llegar media hora más tarde.
– Interesante negociación. ¿Qué dijo?
Brittany arrugó la nariz.
– Se rió un rato, y después me dijo que no cocinaba tan bien, pero que había sido un buen intento.
Nicole reprimió la sonrisa.
– No se lo tragó, ¿eh?
– No, y me molestó mucho. Yo creía que era un gran trato.
Después de ayudar a Brittany a preparar la cena, Nicole dejó a los chicos y subió a su habitación. Oía el murmullo de sus voces, y después, un largo silencio. Los fideos chinos con pollo estaban buenos, pero no tanto.
– ¿Estás pensando lo mismo que yo? -preguntó a Sheila, que la había seguido hasta a su habitación y estaba acurrucada sobre la cama. Sheila no respondió. Nicole tomó el teléfono.
– ¿Tengo que vigilarlos muy estrechamente? -preguntó a Hawk cuando éste respondió.
– ¿Dónde estás?
– En mi dormitorio. Ellos están cenando abajo, pero se han quedado muy callados.
– ¿Cuánto tiempo?
– Unos quince minutos.
– Ahora voy para allá.
Hawk llegó quince minutos más tarde, con dos bolsas de comida mexicana. Brittany miró a su padre con cara de pocos amigos.
– Es una cena privada.
– Mmm. Nosotros cenaremos en la cocina.
– No necesito que me vigiles.
Hawk hizo unos ruiditos burlones y entró en la cocina, donde Nicole había puesto la mesa pequeña junto a la ventana. Ella abrió dos cervezas.
– ¿Estás nervioso por lo que pueda ocurrírseles?
– Un poco. Me acuerdo de cuando tenía la edad de Raoul. Sé lo que es meterse en líos -dijo él, y le dio un plato-. Tienes una perra.
– Sheila. Es la perra de Raoul.
– Pues no se separa de ti.
Era cierto. Sheila la seguía por toda la casa.
– Sabe quién compra la comida.
– Me gustan los perros. Yo me crié con ellos. A Serena no le gustaban, así que nunca tuvimos.
– Sheila va a tener cachorros. Quédate uno.
– Me gustan los perros grandes.
– No conocemos al padre. Puede que sean enormes.
Él miró a Sheila.
– Espero que no, por su bien -dijo. Después cambió de tema-. ¿Cómo van las cosas con Raoul? ¿Qué tal se te da vivir con un adolescente?
– Bien. Él lo facilita mucho. Es silencioso, ordenado y ensalza mi comida. Trabaja duro. Lo ha pasado mal, pero lo está superando. Yo respeto eso. Ojalá mi hermana se pareciera más a él.
– ¿La pianista?
– No, mi hermana pequeña. Jesse. No se parece en nada a Raoul. No entiendo si nació inútil, o se hizo así.
– ¿Cuántos años tiene?
– Veintidós. Le costó mucho terminar el instituto. Siempre estaba de juerga, y después descubrió a los chicos. Yo estaba constantemente aterrada por si se quedaba embarazada. Lo intenté con sermones, sobornos, amor, perdón. No hubo nada que funcionara. Va a heredar la mitad de la pastelería cuando cumpla veinticinco años, y eso va a ser una pesadilla para las dos. No está interesada en el negocio, así que ya estoy ahorrando para comprársela.
Nicole hizo una pausa y tomó una patata frita.
– Deberíamos cambiar de tema.
– ¿Por qué?
– Jesse no es muy divertida, ni en la vida ni en una conversación.
– Parece una chica problemática.
En más sentidos de los que él pensaba.
– ¿Dónde vive ahora? -quiso saber Hawk.
– En el barrio de la universidad. Nunca ha tenido trabajo, salvo en la pastelería, y eso no cuenta. Si no hubiera sido de mi familia, la habría despedido. Lo cierto es que no entiendo en qué me confundí, ni qué puedo hacer para arreglarlo.
– Hay algunos problemas que no tienen arreglo.
– Es mi hermana. La crié yo, prácticamente. Me temo que hice un mal trabajo.
– Te he visto en acción, así que eso no es posible.
– Me has visto en los días buenos. Puedo ser una bruja.