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Электронная книга - «Romance eterno». Краткое содержание книги:

La alegre Flora Mason había planeado trabajar durante un tiempo y, en cuanto hubiera reunido el dinero necesario, se marcharía a recorrer el mundo. Sus planes no incluían un romance con su atractivo jefe, Matt Davenport. Pero Flora necesitaba quedar bien con un antiguo novio y Matt necesitaba pareja para un par de días. Estaban hechos el uno para el otro. El problema era que las dos noches acordadas se convirtieron en tres, luego cuatro… y Flora comprendió que no quería un contrato temporal, sino un trabajo para toda la vida.
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– ¿Ya has conocido a su madre? -preguntó Seb mientras dejaba el vaso de Flora en la mesa y se sentaba junto a ella. El jardín del pub estaba lleno de bebedores que querían disfrutar del sol y Flora había cedido la mitad de su mesa a otra pareja-. ¡Así que va en serio!

– Ya te dije que era serio -declaró Flora. No pensaba decirle la verdad a Seb, de momento.

– Ya me di cuenta el sábado por la noche -admitió su amigo-. Al principio no podía creérmelo, pero la forma en que os mirabais en el baile era muy convincente -sonrió y lanzó a Flora una mirada de soslayo-. A mí nunca me miraste así. Me extraña que no le haya molestado a tu novio que comas conmigo.

– Matt confía en mí -dijo Flora y decidió cambiar de tema-. ¿Qué querías decirme?

Seb había pedido un puesto en Singapur, como corresponsal de su periódico, y al parecer tenía posibilidades de que se lo concedieran.

– Estoy cansado de cubrir sucesos. Quiero algo más serio.

– ¡Creí que querías quedarte en Londres! -Flora acusó la noticia, recordando sus interminables discusiones al respecto.

– Porque pensé que sería mejor para mi carrera. Pero ahora creo que es bueno que me marche.

– Pues buena suerte -dijo Flora y tendió su vaso para brindar con Seb que la miró con aire pensativo.

– Tiene gracia que rompiéramos porque querías marcharte a conocer mundo y que al final sea yo el que se marcha -comentó-. ¿Supongo que te quedarás aquí con Matt?

Flora evitó su mirada.

– Ya veremos cómo sale todo -dijo con cautela, mirando un grupo de clientes y recordando a Matt.

Hasta el momento nunca había dudado de sus deseos de conocer el mundo, pero la pregunta de Seb había despertado en ella una profunda melancolía. Pronto estaría separada de Matt y le costaba imaginar cómo sería la vida sin él. Lo único que sabía era que la idea de no verlo más la hacía sentirse casi enferma.

– Estabas muy guapa el sábado -siguió Seb-. Me sorprendí pensando que ojalá no hubiéramos cortado nunca. Loma no es tan divertida como tú, Flora.

– ¿Significa eso que te marchas solo a Singapur?

– Sí -Seb la miró a los ojos-. Si alguna vez pasas por allí, con o sin Davenport, ¿me buscarás, verdad?

Flora le devolvió la mirada.

– Claro que sí.

Tras la comida, Seb la acompañó a la oficina y se despidieron en la acera frente al edificio.

– Nos veremos antes de que te marches, ¿verdad? -preguntó Flora ante la puerta.

– Sí -Seb la rodeó con los brazos y la abrazó tiernamente-. ¿Lo hemos pasado bien juntos, no es cierto?

Flora lo miró con afecto. Era verdad. En más de un sentido, habían madurado juntos.

– Sí, muy bien.

– Y si algo sale mal, sabes dónde estoy.

– Sí -con un último abrazo, Flora cruzó la calle dirigiéndose al imponente edificio de la compañía, a tiempo de ver a Matt que se acercaba en su dirección.

Flora descubrió con pesar que su corazón saltaba ante la mera presencia de Matt y que sonreía a su pesar, olvidando que acababa de dejar en algún lado a una rubia de nombre imposible. La rabia la ayudó a dejar de sonreír cuando Matt llegó a su lado.

– ¿Buena comida? -inquirió fríamente.

– Muy buena -era difícil tener un tono más cortante. Matt se había pasado la comida ajeno a una importante conversación de negocios y preguntándose con quién comería Flora. Y cuando regresaba, antes de tiempo, caminando para despejarse, se había encontrado con Flora en los brazos de Seb, lo que le había puesto en un estado tal de furia que apenas podía hablar.

– ¿Y dónde has estado tú? -logró preguntar.

– He comido por ahí.

El rostro de Matt parecía de piedra.

– ¿Reconciliándote con tu novio?

– Algo así -Flora se encogió de hombros, sin preocuparse lo más mínimo por lo que Matt había visto-. Invitarte al baile fue más eficaz de lo que hubiera pensado -declaró con una sonrisa-. Ha roto con Loma y ha aceptado un trabajo en Singapur.

Matt tuvo la desagradable sensación de que algo duro y frío le había golpeado en el pecho.

– Irás a visitarlo, supongo -dijo sin poder evitarlo.

– Será mi primera parada en el viaje por el mundo que vas a pagarme -dijo ella con la misma desenvoltura.

Capítulo 8

Sólo Nell disfrutó de la velada teatral. Flora había logrado hacerse con unas entradas para el musical de moda, pero su concentración era la misma que si hubiera estado mirando la pantalla apagada de un ordenador. Sólo tenía conciencia de la presencia de Matt, sentado junto a ella en la oscuridad.

Había estado de pésimo humor toda la tarde y Flora estaba cada vez más deprimida. Era una buena cosa que hubiera dejado claro que sólo le interesaba viajar y que por nada del mundo iba a cometer la estupidez de enamorarse de él, pero durante aquella tarde tuvo que contenerse en varias ocasiones para no correr y contarle que no era cierto que estuviera reconciliándose con su ex-novio, que no tenía la intención de reunirse con él en Singapur.

Matt tampoco estaba muy interesado por el espectáculo. Los actores cantaban y bailaban incesantemente mientras él se decía que en tres días su madre se marcharía a Italia y todo habría terminado. Flora regresaría a su caótico piso compartido y él tendría el hotel para sí. Paige volvería pronto y Flora se marcharía de viaje con su novio y todo estaría olvidado… O no.

De alguna forma lograron superar la velada. Nell se ocupó de la conversación durante la cena y para alivio de Matt simuló ignorar el ambiente tenso, aunque en varios momentos se dio cuenta de que lo miraba con aquella mirada divertida y lúcida que siempre le ponía nervioso.

Por fin regresaron al hotel. Como no tenían el enfado para defenderlos de la intimidad del cuarto, se refugiaron en una cortesía de extraños en el compartimento de un tren. Matt permaneció con los ojos abiertos mucho tiempo, intentando recordar por qué motivo había decidido seguir soltero, mientras Flora daba vueltas en la cama y se imaginaba bajando del avión en Singapur y viendo a Seb. Hizo los mayores esfuerzos para que la idea le resultara atractiva, pero había perdido todo brillo.

– Será mejor que te regale un anillo -dijo Matt rompiendo el silencio mientras iban juntos a la oficina-. Tengo la sensación de que mamá no está tan convencida de nuestro numerito. Puede que unos diamantes hagan el resto.

Habían quedado a comer con Nell, así que llevó a Flora a una joyería de camino al restaurante. Caminaron unas calles por el centro antes de llegar a una tienda pequeña, discreta y seguramente carísima, aunque nada tan vulgar como un precio perturbaba la hermosura brillante de las gemas.

Flora se sentó mientras Matt miraba con ojos de conocedor los anillos.

– ¿Probamos éste? -propuso, eligiendo un anillo espectacular de zafiros y diamantes.

Nada podía ser menos propio de un amante como la forma en que tomó su mano y le puso el anillo. Le quedaba perfecto y Matt gruñó su aprobación.

– ¿Te gusta?

¿Importaba algo que le gustara o no? Flora miró el anillo y se preguntó cómo se sentiría si la comedia fuera verdad y Matt le estuviera comprando el anillo como prueba de amor, y no para engañar a su madre.

– Es bonito -dijo y miró a Matt que tenía una expresión tan ilegible como intensa. Flora se quedó sin aliento ante su mirada y sus ojos azules quedaron prendados de los de Matt, y durante un tiempo eterno se miraron, sin sonreír, casi con odio, hasta que algo empezó a temblar dentro de Flora. Pero de pronto el joyero tosió discretamente. Matt se dio la vuelta y todo había terminado.

– Te lo devolveré en cuanto tu madre se vaya, claro -dijo Flora cuando se encontraron en la calle.

Matt iba caminando rápido, con la mandíbula apretada para ocultar el hecho de que se encontraba inquieto, desasosegado como no lo había estado nunca. Sólo había pretendido completar la comedia ante su madre con un toque realista, pero algo había sucedido en la tienda. Algo relacionado con la imagen de Flora con el anillo, con la mirada de sus ojos azules. Como si de pronto todo le hubiera parecido diferente. Como si el menor detalle pudiera hacerle perder el control. Una sensación que Matt odiaba.

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