Un corazón traicionado
- Автор: Hart Jessica
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Un corazón traicionado». Краткое содержание книги:
El irritante australiano Cal Jamieson reclamó el puesto y enseguida se instaló en su hogar. Ahora parecía dispuesto a demostrar que el trabajo del rancho no era adecuado para una mujer inglesa.
Juliet decidió enseñarle a Cal quién era el jefe… hasta que descubrió su verdadero motivo para haber ido al rancho. Era la excusa perfecta para despedirlo, así que ¿por qué no conseguía hacerlo?
– Yo sólo… no quiero que creas… -fue lo único que consiguió decir.
– ¿No quieres que crea que significa algo? No lo haré.
Los dedos de él se apretaron contra los de Juliet cuando se agachó para besarla en el hombro donde se curvaba hacia el cuello sonriendo cuando notó su escalofrío de respuesta.
– Ninguno de los dos quiere involucrarse -murmuró contra su barbilla.
– No jadeó Juliet ladeando la cabeza ante el devastador contacto de sus labios.
– Sólo somos nosotros dos -susurró deslizando los labios hacia su oreja-. No tenemos por qué explicárselo a nadie.
– No -acordó ella aunque apenas sabía lo que estaba diciendo y aún le importaba menos.
Los suaves besos de Cal le estaban produciendo deliciosos escalofríos de anticipación por la espina dorsal y, como si tuvieran voluntad propia, sus brazos le rodearon por el cuello para atraerlo más.
– No tenemos por qué cambiar -dijo él contra la comisura de sus labios-. Durante el día, yo seré tu capataz y tú mí jefa, pero por la noche… por la noche seremos sólo un hombre y una mujer.
Y entonces, por fin, sus labios encontraron los de ella en un beso embriagador. Juliet se fundió en él dejando que sus últimas dudas se disolvieran cuando los brazos de él la rodearon y la familiar excitación explotó dentro de ella.
– Vamos -dijo Cal con voz ronca acabando el beso con esfuerzo antes de tomarle de la mano y llevarla hasta su habitación.
Medio riéndose y medio desesperados para entonces, se apoyaron contra la puerta mientras él la atraía para besarla una vez más y echar el pestillo.
Mucho, mucho más tarde, Juliet se estiró con languidez al lado de Cal en la cama. Habían hecho el amor con una dulzura y un ardor que les había dejado sin respiración, pero esa vez no pareció un error, sino lo más perfecto del mundo.
Juliet estaba flotando embargada de contento. El alivio de no tener que negar más cuánto lo deseaba era indescriptible ¿por qué había perdido tanto tiempo sintiéndose irritable y miserable cuando aceptando lo inevitable se sentía mucho mejor? Lanzó otro suspiro de felicidad y se volvió hacia Cal, que la estaba mirando con indulgencia.
– Siento lo de esta tarde.
– ¿Qué pasó esta tarde? -preguntó perezoso sin importarle con tal de estar echado a su lado y ver aquella sonrisa soñadora en sus labios.
– Tuvimos una discusión terrible -le recordó Juliet-. Y todo fue culpa mía. Estaba irritada y enfadada porque no podía olvidar lo de la otra noche y tú sí.
Cal lanzó una carcajada y se apoyó en un codo para apartarle un mechón de la cara con dulzura.
– ¿Es eso lo que pensabas? ¿Qué me había olvidado?
– Pues si no lo habías hecho, dabas toda la impresión. Cualquiera hubiera pensado que ni siquiera me conocías.
Cal bajó la vista hacia Juliet. Su piel era perlada en la tenue luz y sus ojos suaves y oscuros.
– Intenté olvidarlo -dijo con seriedad-. Y lo intenté porque creía que era lo que querías tú pero no pude. No pude olvidar lo que había sido abrazarte. No pude olvidar ni un solo detalle.
Juliet alzó los brazos para atraerlo hacia abajo con un largo beso. Adoraba su fibroso cuerpo poderoso. Adoraba sentir su peso sobre ella, el sabor de su piel y la sensación callosa de sus manos, la forma en que sus músculos se contraían cuando deslizaba las manos sobre él.
– ¿Olvidar? -murmuró Cal entre besos mientras rodaban íntimamente enlazados. Enterró los dedos en el pelo de Juliet y la obligó a mirarlo a la cara-. Ningún hombre podría olvidar como estuviste aquella noche, Juliet. ¿Por qué crees que he estado de tan mal humor toda la semana?
– Pensé que era sólo porque yo estaba siendo tan poco razonable. Ha sido todo tan estúpido -suspiró-. Lo primero que quiero que hagas mañana es decirles a los hombres que no hagan caso de lo que les dije y que hagan lo que les mandaste tú.
– Ya lo he hecho -dijo Cal.
Juliet se apartó un poco.
– ¿Que qué?
– Que ya se lo he dicho -confesó él-. Estaba tan enfadado después de hablar contigo que me fui directamente adonde estaban los hombres y les dije que sólo hicieran lo que yo los ordenara.
Entonces paró la protesta de Juliet con un beso.
– Yo también siento lo de esa discusión -dijo abrazándola-. Nunca debería haberte dicho esas cosas. Estaba descargando contigo porque pensaba que estabas buscando una excusa para deshacerte de mí.
Juliet sacudió la cabeza de asombro. ¿Cómo podía estar tan ciego? Pero tampoco ella había estado pensando con mucha claridad.
– Yo no quería que te fueras, Cal -admitió por fin-. Y sigo sin quererlo. Y no sólo por esto -añadió con honestidad deslizando la mano por su hombro-. Sé lo mucho que te necesito para que dirijas el rancho. Yo no podría hacerlo sola.
– Es lo mismo -dijo Cal deslizando la mano por su espina dorsal con una sonrisa al notar su sobresalto-. ¿Quiere eso decir que voy a ser tu diversión de momento? -bromeó.
– Bueno, siempre que me hagas un servicio…
Su acusación le había dolido tanto esa tarde, que ahora le parecía increíble estar bromeando de ello mientras se acurrucaba en la curva de su cabeza y apoyaba la cabeza en su hombro. Cal deslizó la mano con pereza sobre su piel y permanecieron así un rato cálidos y relajados, escuchando el sonido de su respiración.
– ¿Cal?
Juliet deslizó la mano por su torso.
– ¿Hum?
– Acerca de esa discusión…
Él abrió un ojo y le guiñó.
– Pensé que habíamos terminado con eso.
– Sólo quería saber si decías en serio que estaba todo el día en medio.
Aquello era lo que más le había dolido.
– ¿Quieres saber la verdad?
– Sí.
Cal se movió hasta tenerla bajo él.
– La verdad es que has sido de mucha utilidad -dijo sonriendo-. No te has metido en medio para nada. Lo que has estado haciendo es distraerme, como estás haciendo ahora.
Juliet se estiró de forma provocativa y deslizó las manos de forma seductora hacia abajo.
– Si realmente soy de utilidad, ¿puedo seguir distrayéndote?
– Tú eres la jefa. Puedes hacer lo que quieras.
Los ojos de Juliet brillaron de picardía al bajar aún más las manos.
– Pues lo haré, si no te importa.
– Si sigues haciendo eso, Juliet no me importará nada -dijo él entre risas y un bramido de placer mientras se abandonaban al sensual placer de explorarse el uno al otro de nuevo.
Cuando acabaron, Juliet paladeó la maravillosa sensación del peso de Cal sobre ella y su cara enterrada entre su cuello.
– Debería volver a mi habitación.
– ¿Tienes que irte de verdad?
– Si no lo hago, me quedaré dormida y no quiero que Natalie o los gemelos me pillen saliendo de tu habitación.
– Supongo que tienes razón.
Cal se apartó de ella con un suspiro de desgana y la ayudó a recoger su ropa. Entonces abrió la puerta y la tomó en sus brazos para besarla.
– Hasta mañana.
Ella asintió, se alzó para darle un último beso y se fue de puntillas a su habitación.
Juliet despertó con una sonrisa a la mañana siguiente. Al principio, el brillo de la habitación le pareció un reflejo de su buen humor, pero cuando hizo acopio de energía como para mirar el despertador, lanzó un gemido y se incorporó con brusquedad. ¡Las nueve y media! ¿Cómo podía ser tan tarde?
Vistiéndose apresurada bajó a la cocina todavía abrochándose el cinturón.
– Siento llegar tan tarde.
– Cal dijo que te dejara dormir -dijo Maggie que estaba batiendo mantequilla y azúcar en un cuenco-. Dijo que estabas muy cansada.
Juliet sintió un leve sonrojo.
– Eh, sí.
– Han ido a arreglar una tubería a Five Mile Bore si quieres reunirte con ellos -continuó Maggie sin comentar sus conclusiones ante el cambio de ambiente-. Si no te verá más tarde.