Seducido por una Desconocida
- Автор: Филлипс Карли
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Seducido por una Desconocida». Краткое содержание книги:
¡Aquello era increíble! Debajo de aquella estupenda profesional se escondía una auténtica diosa empeñada en seducirlo. Desde luego él no tenía la menor queja al respecto… El problema era que la nueva Mallory era tan diferente y desinhibida que Jack no podía evitar preguntarse si de verdad era la compañera a la que conocía desde hacía tanto tiempo. Lo que sí sabía era que no quería que aquello acabara… solo deseaba saber quién era la mujer con la que acabaría compartiendo la cama…
– Nadie que cuente.
Por el tono solemne, se dio cuenta de que el tiempo que pasaban juntos significaba más para él que una aventura de una noche, y eso la satisfizo.
– Si puedo hacerte sonreír, con eso me basta.
– Es exactamente a lo que me refiero, Eres hermosa por dentro y por fuera. Me acabas de demostrar lo primero. Y esos ojos y labios increíbles son prueba de lo segundo.
– Gracias -repuso con sencillez, bajando la cabeza.
– El placer ha sido mío, pero no solo mío, espero -ladeó la cabeza y puso expresión arrogante para provocarla.
A pesar de todos los preparativos, era ella quien recibía placer y quien empezaba a enamorarse de Jack Latham, un hombre generoso con quien no tenía futuro. Se pasó una mano por la cara mientras aceptaba los efectos a largo plazo de esa noche.
Jamás volvería a ver una playa sin pensar en él. Jamás volvería a inhalar el aroma fragante de aceite de coco sin recordar cómo sus manos le proporcionaban un placer inmenso. Se había tomado molestias por ella y quería devolverle el gesto.
– ¿Llegaste a pensar que te dejaría ir cuando aún queda medio bote de aceite? -recogió el frasco y lo agitó en el aire. -Ya casi es hora de ir al agua -señaló las puertas correderas donde el exterior los llamaba.
El sol se había ocultado detrás del horizonte. Mallory sabía, por la noche que ya había pasado en la cabaña, que la playa no tardaría en quedar desierta. Podrían compartir un paseo a la luz de la luna sin ser interrumpidos. «O nadar desnudos», indicó una voz perversa en su cerebro.
Jack enarcó una ceja.
– Dios me libre de negarte el placer.
Ella puso los ojos en blanco y soltó un suspiro exasperado.
– Ven aquí y aprende todo de ese espejo al que pareces tan aficionado.
Se unió a ella en la cama.
– Soy todo tuyo, cariño.
Deseó que fuera verdad, aunque de inmediato acalló ese sentimiento.
– Boca abajo, la cabeza aquí -palmeó el extremo de la cama y Jack se estiró.
Mallory se acomodó sobre la zona lumbar de él. Le sujetó la cintura con los muslos y el calor que irradiaba fue directamente desde sus piernas hasta su núcleo.
Él gimió.
Ella tensó aún más las piernas.
Su intención había sido provocarlo, pero terminó atormentándose a sí misma. Cada vez que estaban juntos, era más profundo e íntimo que la última vez. Se preguntó si en algún momento recuperaría el control que tanto anhelaba.
Puso a un lado la realidad, hizo acopio de valor, apoyó las manos en los hombros de él y se dedicó a mover las caderas en una oscilación circular.
Jack cerró los dedos en la colcha que tenía bajo el cuerpo. Sentir las piernas de Mallory alrededor de la cintura lo excitaba más allá de cualquier cosa soñada. Su calor femenino, pegado contra la espalda desnuda, alimentaba el deseo. La erección le palpitó contra el colchón y el corazón le martilleó en el pecho.
Quiso tumbarla, levantarle el pareo y enterrarse en su cuerpo ardiente y húmedo. El problema era que sabía que tenía las emociones demasiado a flor de piel y que liberaría algo más que energía sexual acumulada.
Buscando una distracción de las sensaciones intensas que Mallory despertaba, miró el espejo. Lejos de encontrar lo que buscaba, halló el paraíso. Gracias al cristal que tenía delante, no solo podía sentir la prensa de los muslos de Mallory, sino que también podía verlos.
El cuerpo le brillaba por el aceite de coco. Alzó la vista. El cabello oscuro le caía por los hombros, pero los ojos le refulgían mientras seguía sus movimientos en el espejo. De hecho, ver el juego de placer sexual que le cruzaba la cara mientras lo cabalgaba despertaba en él los instintos más carnales y básicos, Y cuando sus miradas se encontraron en el cristal, estuvo perdido.
Jack supo que no podría soportar la continuación del masaje sin avergonzarse en el proceso.
– ¿Qué te parece si nos vamos a nadar? -la voz le sonó áspera a los oídos.
– Estupendo -ella también pareció demasiado ansiosa de escapar de él.
Jack despertó con un gemido. Se estiró, bostezó y se puso a hacer unas flexiones de brazos antes de bajar. Pero ni siquiera el sol de la mañana que iluminaba el restaurante pudo ayudar a despertarlo. Otra vez había acompañado a Mallory hasta su habitación después de separarse de mutuo acuerdo al finalizar el paseo en la playa. Nunca antes había deseado tanto estar con una mujer.
Debería haberle cedido el control y satisfecho el anhelo que solo ella inspiraba. El único motivo que tenía para apartarla era el miedo. El temor a meterse demasiado hondo, algo que nunca antes lo había preocupado, pero sí en ese momento.
Aunque no lo suficiente como para permanecer lejos de ella.
– Tenemos que dejar de encontrarnos de esta manera.
La suave voz de Mallory en su oído lo sobresaltó. Miró por encima del hombro antes de que rodeara la mesa y ocupara el sitio habitual frente a él.
– No podía dormir -continuó ella-, y me fui a dar un paseo por la playa.
Miró los pantalones a medida de Mallory, remangados en el bajo, y la ligera blusa de color lavanda.
– ¿Vestida de esa manera?
– No empieces -rio.
– No me atrevería -adelantó el torso. -¿Te ha dicho alguien que se te ve más sexy cuando no intentas serlo?
– No deberías provocarme a plena luz del día -bromeó, aunque con voz suave. -Mientras tenga que mantener las apariencias, te agradecería que no volvieras a cuestionarlo -él asintió. -Y te agradezco que seas tan servicial -calló, frunció los labios y sopló el café antes de beber un poco.
Él bebió agua y sintió un movimiento cálido contra la pierna. Pasó un segundo antes de darse cuenta de que el contacto no era accidental sino una caricia deliberada del pie de Mallory en su pierna desnuda.
Alzó la vista y la vio leyendo el menú, aunque sonreía sin poder contenerse.
Enganchó un pie en su pantorrilla y le separó las piernas; luego, acomodó el arco contra su muslo. Tenía los dedos peligrosamente cerca de dar en el blanco.
– Mallory -incluso él reconoció el tono de advertencia.
– ¿Mmm? -lo miró con los ojos muy abiertos.
– ¿Qué te parece si recuerdas esas apariencias de las que me hablabas? -pero al parecer solo la preocupaban las apariencias, porque por debajo de la mesa, donde nadie podía verla, había tomado el mando su lado más pícaro.
Ella se encogió de hombros.
– Mira a tu alrededor, Jack. Nadie me presta la más mínima atención. He conseguido uno de mis objetivos -una sonrisa inesperada iluminó su cara. -Y ahora voy a conseguir otro -movió el pie con provocación, excitándolo.
Jack no podía hablar para no abochornarse con un gemido, y tampoco podía cambiar de postura sin ofrecerle mayor acceso. Trató de concentrarse en otra cosa.
– ¿Recuerdas esa tensión que anoche no me permitiste aliviar? -ronroneó Mallory.
Lo recordaba muy bien. Esa misma tensión había vuelto a crecer en su interior.
– Buenos días -saludó La voz atronadora de Paul Lederman en el salón tranquilo. -¿Les importa si me uno a ustedes?
Jack no podía responder, ni aunque en ello le fuera la vida.
– Por favor -indicó Mallory, hablando por él. Pero no quitó el pie de donde estaba.
– Espero que haya tenido un buen viaje -Jack se movió en el asiento, sin lograr soslayar La presión del arco del pie de Mallory en la entrepierna ni la descarga de calor que dejaba a su paso.
– El mejor -Lederman eligió el asiento junto a Mallory.
Al menos de ese modo Jack no tendría que preocuparse de que La pierna diera en el blanco erróneo, aunque aún necesitaba espacio para respirar o estallaría como una granada.
– Quiero comprar otro centro. En Nantucket -explicó.
Jack tomó nota mental para cotejar con los socios si conocían ese supuesto negocio.