Torres de medianoche
- Автор: Джордан Роберт, Сандерсон Брендон
- Серия: La Rueda del Tiempo #13
- Год: 2007
- Язык: испанский
- Переводчик: Mila Lopez Diaz-Guerra
- Жанр: Эпическое фэнтези
Электронная книга - «Torres de medianoche». Краткое содержание книги:
Morgase se puso colorada.
—Lini, ¡que ya no tengo dieciocho años!
—No, cuando los tenías te casaste como era debido. ¿Voy a tener que agarraros de la oreja?
—Yo… —empezó Morgase.
—Ya vamos, Lini —dijo Tallanvor.
Morgase le asestó una mirada furibunda.
—¿Qué? —preguntó él, fruncido el entrecejo.
—No lo has preguntado.
Tallanvor sonrió y la estrechó contra sí.
—Morgase Trakand, ¿quieres ser mi esposa?
—Sí. Y ahora, vayamos a buscar a Perrin.
Perrin tiró de la rama del roble, que se partió soltando polvillo de madera en el aire. Al levantar la rama, del extremo cayó más serrín en la hierba marchita.
—Ocurrió anoche, milord —dijo Kevlyn Torr, que sostenía los guantes en la mano—. Toda esta zona del bosque, seca y muerta en una noche. Casi un centenar de árboles, calculo.
Perrin soltó la rama y se sacudió las manos.
—No es peor de lo que hemos visto con anterioridad.
—Pero…
—No te preocupes por esto —lo interrumpió Perrin—. Manda hombres para que recojan esta leña para las lumbres; creo que debe de arder muy bien.
Kevlyn asintió con la cabeza y se alejó a buen paso. Otros leñadores iban dando golpecitos a los árboles con aire inquieto. Ya era malo de por sí que robles, fresnos, olmos y nogales murieran de la noche a la mañana. Pero ¿que murieran y luego se secaran como si llevaran muertos años? Eso era en verdad inquietante. Sin embargo, lo mejor era tomárselo con calma e impedir que los hombres empezaran a asustarse.
Perrin regresó a pie hasta el campamento. A lo lejos se oía el repique de los yunques. Habían traído materias primas, hasta el último trozo de hierro o acero que pudieron conseguir en Puente Blanco. La gente estaba deseosa de conseguir comida a cambio, y Perrin había obtenido cinco forjas con hombres para moverlas e instalarlas, así como martillos, otras herramientas y carbón.
Quizás había salvado de morir de hambre a gente de la ciudad. Al menos durante un tiempo.
Los herreros seguían martilleando. Esperaba no estar exigiendo demasiado a Neald y a los otros. Armas forjadas con Poder darían a los suyos una ventaja crucial. Neald no había sido capaz de descifrar con exactitud qué había hecho para ayudarlo a forjar Mah’alleinir, pero a Perrin no le sorprendió que no pudiera. Esa noche había sido única. Pensando en Saltador, posó la mano en el arma y percibió el tenue calor que irradiaba.
Ahora bien, Neald sí había descifrado cómo forjar hojas que no se rompieran y que el filo no se embotara. Cuanto más practicaba, más agudos eran los filos que lograba crear. Los Aiel ya habían pedido esos filos para sus lanzas, y Perrin le había ordenado a Neald que se ocupara de sus armas primero. Estaba en deuda con ellos y era lo menos que podía hacer a cambio.
En la zona de Viaje, a un lado del enorme y crecientemente atrincherado campamento, Grady formaba un círculo con Annoura y Masuri para mantener abierto un acceso. Este era el último grupo de personas no combatientes que deseaban marcharse, el que se dirigía a Caemlyn. Entre ellos, enviaba un mensajero a Elayne. Tendría que reunirse con ella enseguida; no sabía si debía estar preocupado o no. El tiempo lo diría.
Algunos otros regresaban a través del acceso, trayendo consigo carros de comida comprados en Caemlyn, donde todavía podían conseguirse víveres. Por fin, vio a Faile dirigiéndose hacia él a través del campamento. Alzó una mano para atraer su atención y la llamó con un gesto. Sabía que había estado en la tienda del intendente.
—¿Todo va bien con Bavin? —le preguntó cuando Faile llegó a su lado.
—Todo bien.
—Llevo tiempo ya con intención de decirte una cosa… —Perrin se frotó el mentón, vacilante—. Creo que no es muy honrado que digamos.
—Bien, estaré pendiente y no le quitaré ojo —contestó; olía a regocijo.
—Berelain pasa más tiempo ahora con los Capas Blancas —comentó Perrin—. Parece que ha puesto los ojos en Damodred. Me ha dejado en paz por completo.
—¿Sí? No me digas.
—Sí. Y publicó esa proclamación en que condenaba los rumores sobre ella y yo. Luz, es que parecía que la gente lo creía de verdad. ¡Estaba preocupado por si lo entendían como una señal de desesperación!
Faile olía a satisfecha. Perrin le puso la mano en el hombro.
—No sé qué hiciste, pero gracias —le dijo.
—¿Sabes la diferencia entre un azor y un halcón, Perrin?
—Pues, no muy bien. De hecho, casi todo el mundo llama «halcón» a los dos. En el tamaño, sobre todo, supongo —dijo—. Y también la envergadura de alas. El halcón tiene un aspecto más semejante a una flecha.
—El halcón es un volador más ágil. Mata con el pico y puede volar con rapidez. El azor es más lento y más fuerte; se distingue por conseguir presas que se desplazan por el suelo. Le gusta matar con las garras, atacando desde arriba.
—De acuerdo —dijo Perrin—. Pero ¿significa eso que si ambos ven un conejo en el campo, al azor se le dará mejor atraparlo?
—Eso es exactamente lo que significa. El azor es mejor cazando al conejo. Pero ¿sabes? —Faile sonrió con picardía—, el halcón es mejor cazando al azor. ¿Has enviado el mensajero a Elayne?
Mujeres. Nunca conseguía entender sus razonamientos. Por una vez, sin embargo, esa incapacidad le pareció muy conveniente.
—Sí. Con suerte, podremos reunirnos con ella pronto.
—Ya se habla por el campamento respecto a quién irá contigo.
—¿Y por qué se habla de eso? Serás tú quien me acompañe. Eres la que mejor sabrá cómo tratar con Elayne, aunque tener al lado a Alliandre tampoco estaría de más.
—¿Y Berelain?
—Que se quede en el campamento. Vigilando las cosas. Ya fue la última vez.
El efluvio a satisfacción de Faile se hizo más intenso.
—Deberíamos… —empezó su mujer, pero enmudeció y frunció el entrecejo—. Vaya, al parecer, la última hoja cayó por fin.
—¿Qué? —preguntó Perrin al tiempo que se daba la vuelta.
Faile miraba a un grupo que se dirigía hacia ellos. La anciana Lini, y detrás de ella caminaban Morgase y Tallanvor, que se miraban el uno al otro como una pareja que acaba de pasar junta su primer Bel Tine.
—Creía que a ella no le gustaba —dijo Perrin—. O, si le gustaba, que no iba a casarse con él de todos modos.
—Se cambia de parecer mucho más rápido que de sentimientos —comentó Faile.
Ahora olía un poco a estar enfadada, aunque lo controlaba. No había perdonado del todo a Morgase, pero ya no se mostraba abiertamente hostil con ella.
—Perrin Aybara —dijo Morgase—, eres lo más parecido a un señor que tenemos en este campamento, aparte de mi hijastro. Pero no sería correcto que un hijo casara a su madre, así que supongo que tendrás que hacerlo tú. Este hombre ha pedido mi mano. ¿Querrás llevar a cabo la ceremonia para unirnos en matrimonio?
—Tenéis un modo un tanto sesgado de pedir las cosas, Morgase —contestó.
La mujer lo observó con los ojos entrecerrados. Y Faile lo miró y también olió a enfado. Perrin suspiró. Por mucho que entre ellas se pelearan, no perdían ocasión de caer sobre un hombre por decir lo que no debía, aunque fuera verdad. No obstante, Morgase se tranquilizó.
—Lo lamento. No era mi intención menospreciar tu autoridad.
—No importa —contestó Perrin—. Supongo que tenéis razones para cuestionarla.
—No —dijo Morgase, que se puso erguida. Luz, podía parecer una reina cuando quería. ¿Cómo se le había pasado eso por alto antes?—. Eres un señor, Perrin Aybara. Tus actos lo ponen de manifiesto. Dos Ríos es afortunado de tenerte y, tal vez, el reino de Andor también. Siempre y cuando sigas siendo parte de él.
—Esa es mi intención —prometió Perrin.
—Bien, pues, si tú me haces este favor —continuó Morgase, mirando a Tallanvor—, entonces estaré dispuesta a interceder por ti ante Elayne. Se puede llegar a arreglos, y los títulos, me refiero a los legales, se pueden otorgar.