El ojo del mundo
- Автор: Джордан Роберт
- Серия: La Rueda del Tiempo #1
- Год: 2004
- Язык: испанский
- Переводчик: Maria Dolors Gallart
- Жанр: Эпическое фэнтези
Электронная книга - «El ojo del mundo». Краткое содержание книги:
La huida sólo será el comienzo de sus problemas, ya que Moraine, miembro de la antiquísima orden de las Aes Sedai, cree que Rand Al’Thor está destinado a desempeñar un papel protagonista en los acontecimientos que se avecinan y de los que dependerá la supervivencia del mundo.
—Si eres tan amable, Loial. —Moraine hizo ademán de acallarlo. Él, sin embargo, se aclaró la garganta de improviso y continuó hablando más deprisa, como si temiera que ella fuera a interrumpirlo.
—Acabo de recordar algo, Aes Sedai, algo que siempre he querido preguntar a una Aes Sedai si algún día conocía a una, dado que tenéis tan amplios conocimientos y bibliotecas tan surtidas en Tar Valon, y ahora tengo la oportunidad, claro, y… ¿me permitís?
—Si lo exponéis de modo breve… —condicionó Moraine.
—De modo breve —repitió el Ogier, como si se preguntara el significado de tales palabras—. Sí. Bien, breve. Hubo un hombre que fue al stedding Shangtai hace algún tiempo. Ello no era extraordinario en sí, en aquel entonces, dado que una gran cantidad de refugiados habían acudido a la Columna Vertebral del Mundo huyendo de lo que los humanos llamáis la Guerra de Aiel. —Rand sonrió. «Hace algún tiempo: casi veinte años».— Estaba agonizando, aunque no presentaba ninguna herida ni cicatriz. Los mayores pensaron que posiblemente fueran las Aes Sedai quienes habían querido darle muerte. —Loial dedicó a Moraine una mirada de disculpa—, dado que se recuperó tan pronto como se encontró en el interior del stedding; en pocos meses. Una noche, cuando la luna estaba oculta, se marchó sin decir una palabra a nadie. —Miró a Moraine a la cara y volvió a aclararse la garganta—. Sí, seré breve. Antes de irse, nos contó una curiosa historia que, según él, pretendía transmitir a Tar Valon. Dijo que el Oscuro pretendía cegar el Ojo del Mundo y dar muerte a la Gran Serpiente, destruir el propio tiempo. Los mayores opinaban que se hallaba sano de mente y cuerpo, pero eso fue lo que relató. Lo que yo quería preguntar es, ¿puede el Oscuro realizar tal cosa? ¿Destruir el propio tiempo? ¿Y el Ojo del Mundo? ¿Puede cegar el ojo de la Gran Serpiente? ¿Qué significa eso?
Rand esperaba cualquier reacción en Moraine, menos la que en realidad tuvo. En lugar de dar una respuesta a Loial o decirle que entonces no tenía tiempo para aquello, permaneció allí de pie, mirando al Ogier con el rostro ceñudo en actitud pensativa.
—Eso es lo que nos contaron los gitanos —señaló Perrin.
—Sí —confirmó Egwene—, la historia de las Aiel.
Moraine volvió lentamente la cabeza, sin mover ningún otro miembro de su cuerpo.
—¿Qué historia?
La mirada que les dirigió era inexpresiva y, sin embargo, hizo inspirar profundamente a Perrin, a pesar de que su voz sonó tan firme como siempre.
—Algunos gitanos que cruzaban el Yermo (dijeron que podían hacerlo desarmados) encontraron a unas Aiel moribundas tras un enfrentamiento con los trollocs. Antes de perecer, la última Aiel con vida dijo a los gitanos lo mismo que ha contado Loial. El Oscuro, que ellas llamaban Cegador de la Vista, tiene intención de cegar el Ojo del Mundo. Esto sucedió hace únicamente tres años. ¿Significa algo?
—Tal vez la totalidad de las cosas —respondió Moraine.
Su rostro era apacible, pero Rand tenía la impresión de que su mente no cesaba de cavilar bajo aquellos ojos oscuros.
—Ba’alzemon —dijo de súbito Perrin. Aquel nombre hizo enmudecer el más leve sonido en la estancia. Perrin miró a Rand y luego a Mat, con los ojos extrañamente calmados y más amarillentos que nunca—. Entonces ya me pareció haber escuchado aquel nombre antes…, el Ojo del Mundo. Ahora lo recuerdo. ¿Vosotros no?
—No quiero acordarme de nada —replicó rígido Mat.
—Debemos contárselo —prosiguió Perrin—. Ahora es importante. No podemos continuar guardando el secreto. ¿Lo comprendes, verdad, Rand?
—¿Contarme qué? —La voz de Moraine era áspera y parecía respirar con dificultad. Su mirada taladraba a Rand.
El no quería responder. No quería recordar, al igual que Mat, pero lo recordaba… y sabía que Perrin estaba en lo cierto.
—Tuve… —Miró a sus amigos. Mat asintió, reacio, y Perrin con decisión. No tenía por qué enfrentarse a ella a solas—. Tuvimos… sueños. —Se frotó el punto del dedo donde se le había clavado una espina, trayéndole el recuerdo de la sangre que vio al despertar. Después también le vino a la memoria el sofocante calor que le quemaba el rostro—. Pero en realidad no eran sueños, en el sentido exacto de la palabra. Ba’alzemon aparecía en ellos. —Era consciente del motivo por el que Perrin había utilizado aquella denominación; era más sencillo que revelar que el Oscuro había habitado sus sueños, el interior de su mente—. Dijo…, dijo toda clase de cosas, pero en una ocasión afirmó que el Ojo del Mundo no me serviría nunca. —Por un minuto sintió la boca tan seca como el polvo.
—A mí también —confesó Perrin.
Mat suspiró pesadamente y luego realizó un gesto afirmativo. Rand volvió a recobrar la salivación.
—¿No estáis enfadada con nosotros? —inquirió Perrin, con tono sorprendido.
Rand advirtió entonces que Moraine no parecía enojada. Estaba escrutándolos, pero sus ojos permanecían claros y tranquilos, a pesar de su atención.
—Más conmigo misma que con vosotros. Aunque os pregunté si habíais experimentado sueños extraños, al principio. —Pese a que su tono continuó apacible, un destello de furia cruzó sus ojos, para desaparecer tras un instante—. Si hubiera estado al corriente después de la primera vez que lo padecisteis, habría podido… No ha habido un receptor de tales sueños en Tar Valon desde hace casi mil años, pero habría podido intentarlo. Ahora es demasiado tarde. Cada vez que el Oscuro establece contacto con vosotros, facilita los próximos encuentros. Tal vez mi presencia os proteja en cierta medida, pero aun así… ¿Recordáis las historias en que los Renegados establecían vínculos con los hombres? Hombres fuertes, hombres que habían combatido al Oscuro desde el principio. Dichas historias son ciertas, y ninguno de los Renegados poseía ni la décima parte del poder de su amo, ni Aginor de Lanfear, ni Balthamel, ni Demandred; ni siquiera Ishamael, el propio Traidor de la Esperanza.
Rand advirtió que Nynaeve y Egwene lo miraban, como también a Mat y a Perrin. Los rostros de las mujeres eran una pálida mezcolanza de temor y horror. «¿Temen por nosotros o tienen miedo de nosotros?»
—¿Qué podemos hacer? —preguntó—. Debe de haber algún modo de contrarrestarlo.
—Permanecer cerca de mí —repuso Moraine—contribuirá, en cierta medida, a mantener a raya al Oscuro. Recordad que la protección del contacto con la Fuente Verdadera se hace extensible, en dosis menores, a quienes me rodean. Podéis defenderos vosotros mismos, si disponéis de la fortaleza necesaria, pero tenéis que hallar la fuerza y la voluntad en vuestro interior. No está en mis manos transmitíroslas.
—Creo que yo ya he encontrado mi salvaguarda —anunció Perrin, con voz más resignada que dichosa.
—Sí —admitió Moraine—, supongo que sí. —Lo observó hasta que él bajó la mirada, e incluso entonces continuó reflexionando, sin moverse. Por último se volvió hacia los demás—. Existe una limitación, en el poder que el Oscuro puede ganar en vuestro espíritu. Si os rendís aunque sólo sea durante un instante, os prenderá una atadura al corazón, una atadura que jamás os será dado cortar. Si cedéis, os convertiréis en una de sus pertenencias. Renegad de él, y su voluntad de dominio resultará fallida. No es sencillo cuando él se persona en los sueños, pero es factible. Tiene la capacidad de enviar a Semihombres, trollocs, Draghkar y otros entes en pos de vosotros, pero no de apoderarse de vosotros a menos que se lo permitáis.