Un recuerdo de luz
- Автор: Джордан Роберт, Сандерсон Брендон
- Серия: La Rueda del Tiempo #14
- Год: 2013
- Язык: испанский
- Переводчик: Mila Lopez Diaz-Guerra
- Жанр: Эпическое фэнтези
Электронная книга - «Un recuerdo de luz». Краткое содержание книги:
—¿Qué has dicho? —preguntó Egwene.
—Que están aquí.
—Los exploradores han dicho...
—Se equivocan —la interrumpió Mat.
Alzó la vista al cielo y divisó un par de raken que regresaban a toda velocidad al campamento. Lo habían visto. Los trollocs debían de haber marchado sin pausa durante toda la noche.
«Los sharaníes habrán llegado a través de accesos y avanzarán primero, para dar a los trollocs un respiro», pensó Mat.
—Enviad corredores —ordenó, señalando a los Guardias de la Muerte—, que hombres y mujeres ocupen sus puestos. Y tú, Egwene, advierte a Elayne que voy a cambiar el plan de batalla.
—¿Qué? —exclamó Egwene.
—¡Están aquí! —repitió Mat, volviéndose hacia los Guardias de la Muerte—. ¡¿Por qué puñetas no os habéis marchado ya?! ¡Moveos, moveos!
En lo alto, los raken chillaron. Cabe decir en su beneficio que Gelen saludó y echó a correr con sus compañeros, haciendo tintinear aquella enorme armadura.
—Ha llegado el momento, Egwene —dijo Mat—. Respira hondo, toma un último trago de brandy o prende tu última pizca de tabaco. Echa un buen vistazo al terreno que tienes ante ti, porque pronto se habrá cubierto de sangre. Dentro de una hora estaremos en lo más intenso del combate. Que la Luz vele por todos nosotros.
Perrin vagaba a la deriva en la oscuridad. Estaba tan cansado...
«Verdugo sigue vivo —pensó una parte de su cerebro—. Graendal está corrompiendo a los grandes capitanes. El fin se aproxima. ¡No puedes dejarte ir ahora! Aguanta.»
¿Aguantar? ¿Asido a qué? Intentó abrir los ojos, pero se sentía demasiado exhausto. Tendría que... Tendría que haber salido del Sueño del Lobo antes. Notaba todo el cuerpo entumecido, excepto...
Excepto el costado. Moviendo los dedos, que le parecían ladrillos, tocó algo caliente: su martillo. Estaba candente. Ese calor pareció fluir dedos arriba, y Perrin respiró hondo.
Debía despertar. Flotaba al borde de la inconsciencia, como cuando uno está a punto de dormirse, aunque todavía sigue un poco despierto. En ese estado, sintió como si tuviera ante sí un camino bifurcado. Uno de ellos conducía a una oscuridad más profunda. Y el otro... No lo veía, pero sabía que eso significaba... Significaba despertarse.
El calor del martillo irradió por el brazo hacia arriba. La mente adquirió agudeza, se tornó más perceptiva. Despertarse.
Eso era lo que Verdugo había hecho. Había... despertado... de algún modo.
A Perrin se le estaba escapando la vida, se le escurría entre los dedos. No quedaba mucho tiempo. Medio envuelto en el abrazo de la muerte, apretó los dientes, hizo una profunda inhalación y se obligó a... Despertar.
El silencio del Sueño del Lobo se hizo añicos.
Cayó en tierra blanda y entró en un sitio donde sonaban gritos. Gritos sobre algo de un frente de batalla, sobre preparar las líneas...
Cerca, alguien gritó. Y luego gritó alguien más. Y otros.
—¿Perrin? —Conocía esa voz—. ¡Perrin, muchacho!
¿Maese Luhhan? Cómo le pesaban los párpados. No podía abrirlos. Unos brazos lo agarraron.
—Aguanta. Ya te tengo, muchacho. Te tengo. Aguanta.
37
La última batalla
Aquella mañana rompió el alba en los Altos de Polov, pero el sol no brilló para los Defensores de la Luz. Del oeste y del norte llegaron los ejércitos de la Oscuridad para ganar esa última batalla y arrojar una Sombra sobre todo el mundo; para dar paso a una Era en la que los gemidos y los llantos de los dolientes no serían escuchados.